
in fecha importante ni razón aparente recibo un obsequio para ser usado y así lo hice durante meses que duró en mi muñeca derecha. De un momento al otro, desaparece la pulsera (regalo de mi hijo mayor). Como cualquiera lo hubiera hecho, la busqué donde podía encontrarla y por donde no, también. Como el título del escrito insinúa, la encontré después de mucho tiempo pero ya sin buscarla, lo hice en un lugar indescriptible, de una manera increíble y sin la intención de hacerlo, de más está aclarar que había perdido la esperanza.
¡Qué sensación más linda! una mezcla de alegría y sorpresa que me llevó a compartirla con otros….había encontrado algo que se había perdido. Pasé momentos de tristeza pues el objeto costaba tangiblemente y valía intangiblemente mucho más, como la mayoría de las cosas que perdemos y que nos damos cuenta cuando ya no están.
Una casa cuesta pero lo que vale es el hogar que formamos dentro de ella. Hogar que lo damos por supuesto tenerlo por el solo hecho de tener casa; sin darnos cuenta que es como una planta a la cual se la riega y abona, además de cortar lo seco, dañado y perjudicial para la misma. El conjunto de ambas acciones le otorga salud y vitalidad. En algún momento parecería que nos portamos crueles al extraerle más hojas de lo debido; sin embargo, los expertos nos repiten que es necesario hacerlo para que crezca mejor.
Con lo que estamos viviendo todos (Covid-19) y asumiendo que el planeta es nuestra casa grande, ¿no sienten que es como una poda que nos permite encontrar lo que se había perdido?
-
La conciencia de la vulnerabilidad que no mira color de piel, estado bancario ni tampoco civil. Conciencia de igualdad.
-
La conciencia de llamarnos la atención unos a otros porque la salud propia depende de la de los demás. Conciencia de responsabilidad.
-
La conciencia de que necesitamos contactos físicos para sentirnos bien (besos, abrazos, caricias). Conciencia emocional.
-
La conciencia de reconocer que necesitamos mirar el cielo y confiar que Dios puede guardarnos de todo mal, peste o plaga. Sopesar los miedos con la fe. Conciencia espiritual.
-
La conciencia de priorizar los valores (la vida ante todo). Conciencia ética.
-
La conciencia de lo importante que son mis vecinos, amigos, colegas y compañeros. Conciencia social.
-
La conciencia de los buenos hábitos alimenticios y de higiene. Conciencia física.
-
La conciencia de decir la verdad. Conciencia moral.
-
La conciencia del poder que tiene el conocimiento para manejar la información que satura y abruma los cerebros. Conciencia intelectual.
Todas las situaciones que nos desequilibran conllevan el esfuerzo y en el fondo la intención de que nos esforcemos por buscar nuevamente el equilibrio y en esa búsqueda nos damos cuenta que las cosas no son blancas o negras, sino existen una gama inmensa de grises entre los extremos que nos permiten dar el siguiente paso, tal cual la conciencia que tienen los trapecistas que caminan sobre una cuerda en el circo - pierden el equilibrio por segundos para poder avanzar -…así es la vida misma.
Napoleón Hills decía que “todas las desilusiones y todas las adversidades llevan consigo las semillas de un beneficio equivalente o mayor”. Así como encontré mi pulsera después de mucho tiempo, en un lugar indescriptible, de una manera increíble y sin la intención de hacerlo siento que muchos de nosotros encontramos algo que habíamos perdido: la conciencia de tomar conciencia.
Jean Carla Saba es conferencista, escritora, coach ejecutiva y de vida.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
