
Cunas de eminencia” (Boston: Little, Brown, 1978) es un libro que refleja la investigación realizada por Víctor y Mildred Goertezel donde realizaron el estudio del trasfondo de trescientas personas altamente exitosas, personas que llegaron a la cima anhelada por muchos de nosotros, personas envidiadas por otros tantos porque eran hombres y mujeres reconocidos en sus distintas áreas como personas brillantes. En esa intensa investigación de la vida de su primer hogar arribaron a algunas conclusiones que denotan coincidencias entre los personajes. Comparto textualmente algunas con ustedes hoy:
-
Cuando niños, tres cuartos de ellos habían sido atribulados por la pobreza, un hogar quebrado o por padres difíciles que los rechazaban y que eran sumamente posesivos o dominantes.
-
Setenta y cuatro, de ochenta y cinco escritores de ficción o drama, y dieciséis de los veinte poetas provenían de un hogar en el que de niños habían visto un tenso drama psicológico representado por sus padres.
-
Más de un cuarto de la muestra sufría de desventajas físicas como ceguera, sordera o miembros lisiados.
Entre las vidas analizadas estaban: F. D. Roosevelt (Presidente N° 32 de EEUU para quienes no lo sabían padeció poliomelitis a los 39 y siguió su carrera), W. Churchill (excelente orador y estadista inglés), Gandhi (abogado, político y pensador indioque llevó a su país a lograr la independencia mediante una resistencia pacífica.), A. Einstein (desarrolló la Teoría de la Relatividad) y S. Freud (Padre del Psicoanálisis).
En la vida de ellos como en las nuestras, la adversidad trató de derribarlas y en algunos casos destruirlas. Podríamos pensar que no somos comparables con ellos y al mismo tiempo, podríamos recapacitar en el ¿por qué no lo seríamos?Supongo que las respuestas irían desde que sería mucho atrevimiento medirnos con esas personalidades hasta encontraríamos otros argumentos que dirían que nuestras vidas no son nada relevantes.
Para los que están dentro de los tímidos y no se atreven a medirse con ellos, valdría la pena recordar que han sido tan mortales como nosotros y contaron con los mismos recursos (mente, alma y espíritu) o sea que estaríamos de igual a igual. Y para los que creen que nuestras vidas no son tan o nada relevantes, que les parece si preguntamos qué opinan nuestros padres, hijos, compañeros, colegas, amigos o tal vez encontramos la voz de algún desconocido pero que en algún momento nuestra sonrisa, saludo o mirada les cambió la vida. Estoy segura que haciendo este ejercicio la percepción cambiaría.
No es mi intención transportar a mis lectores a un escenario irreal, si no somos físicos matemáticos ahora posiblemente no lo seamos jamás pero, considero que “no debemos permitir nunca que lo que no podemos hacer nos detenga de hacer aquello que podemos hacer” (Maxwell). Y entonces, ¿qué podemos hacer para que nuestras vidas sean relevantes? ¿poesía, ciencia, investigaciones o cine?, pienso que no, nada de eso y simplemente abocarnos diariamente a marcar la diferencia en las vidas que nos rodean, agregarles valor a quienes están a nuestro lado, buscar los lugares donde aportar con lo que tengo y con lo que soy y no quedarnos anclados en los dolores, vacíos o carencias que hemos tenido en el pasado.
No se trata de salir a buscar espacios donde sobresalir, se trata de tener la intención de hacer mejor la vida de alguien y si pensamos así, créanme que una sola persona es el inicio para seguir escribiendo nuestra historia en la historia de otros.
Jean Carla Saba es conferencista, escritora, coach ejecutiva y de vida.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
