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onversando con un grupo de amigos acerca de las distintas culturas, países, costumbres, tradiciones y todo aquello que engloba cualquier comunidad que con el transcurrir del tiempo se convierte en sociedad es que llegué a enterarme cual era el saludo habitual en China cuando cualquier persona llega a visitar un hogar: “Ni chi la ma” (quien me lo dijo lo tradujo de esta manera para que sea pronunciado, en todo caso, lo que importa ahora es lo que significa) quiere decir ¿has comido?

El significado de ese saludo coloquial, me recordó en fracción de segundos la historia de ese país alrededor de los 60, tiempo conocido como “La Gran Hambruna China” (otros lo llamaron “Los Tres Años de Desastres Naturales”). Datos gubernamentales revelaron 5 millones de muertos, datos extraoficiales manejaron la cifra de 8 millones y otras investigaciones afirmaron que llegaron a los 32,5 millones de personas que murieron de hambre.

Conociendo este contexto se puede entender porque el saludo diario es una pregunta relacionada a la alimentación y a su necesidad. Qué dato importante para comprender ese saludo, sin olvidar que han debido existir otras razones milenarias para haberlo hecho.

Concibo por la palabra “necesidad” toda demanda insatisfecha, en esa situación uno no estaría en condiciones de elegir con qué satisfacer la insuficiencia básica de alimentarse; por tanto, todo lo que se mueva podría ser apetecido sin caer en ningún tipo de exigencia o exquisitez.

En este sentido es que me cuestiona cómo con tanta facilidad —me incluyo— podemos emitir juicios de valor menospreciando, criticando y condenando otras culturas. Dícese por ahí que algunos virus actuales son producto de la ingesta de murciélagos. Y es que cuando se tiene hambre se come y punto sin diferenciar si puede hacer daño o no, solo se pretende alcanzar la sensación de “llenura” que puede generar en algunos casos satisfacción momentánea, temporal y parcial en el cuerpo físico.

Bien sabemos que los seres humanos estamos conformados por mente, alma, espíritu y el soma que es el cuerpo, este último es el que reclama comida física. No obstante, existen otras demandas internas y que cuando expresan hambre hablan más fuerte, buscan con más intensidad el alimento que las satisfaga con esa sensación de llenura, sin diferenciar si a la larga podría enfermarlos y llegar a matarlos, consiguiendo fenecer igualmente millones y millones de personas no físicamente pero sí espiritualmente.

Las filosofías huecas, las ideologías humanas, las religiones confusas y muchas otras prácticas que son buscadas a raíz de los vacíos existenciales que hoy priman en las sociedades contemporáneas son los alimentos diarios que están a la mano de los hambrientos de otro tipo de comida, así como en ese entonces en China se comía todo lo que se movía.

Se me viene a la mente otra historia de muchos más años atrás, cuando Jesús ayunó cuarenta días y cuarenta noches, estando consciente que no solo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que salga de la boca de Dios. Existen distintos tipos de insatisfacción como también varias maneras de interpretar los hechos, lo cierto es que el hambre es hambre en cualquier parte del mundo y esta se la siente en el cuerpo o fuera de él.

Jean Carla Saba es conferencista, escritora, coach ejecutiva y de vida.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.