
egún los antropólogos, para conocer una sociedad existen lugares reveladores, los mercados y los cementerios. Espacios donde se expresa los valores que predominan en la sociedad, fuera de los camposantos, como aspectos de la vida social, dando un testimonio fehaciente de la cosmovisión de la muerte, la familia, la identidad y del propio individuo enterrado. Una necrópolis encierra el misterio de la muerte y se encuentra llena de recuerdos, estos espacios nos enseñan la estructura social, nótese la diferenciación de tumbas en tamaños, espacios y condiciones… ciudades socialmente divididas incluso más allá de la vida.
La psicología nos explica que los duelos (del latín “dolus” dolor) duelen, hay que procesarlos pues se presentan por etapas empezando por la negación hasta llegar a la aceptación. Por otro lado, la pedagogía moderna trata de enseñar que la muerte es un proceso continuo; es decir,un hecho biológico donde al vivir morimos un poco cada día, mientras la conciencia de la muerte se hace más compleja aprendiendo a reconocer la vida.
Viendo distintos abordajes que nos amplían la comprensión de este complejo tema, llegamos a lo que dice la Biblia, y ella hace mención más de 50 veces de la muerte como un sueño: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto”.
Ahora, descendamos a la vida cotidiana y a lo que pensamos cada uno. Jamás antes de cortarle el saludo a un amigo o pariente nos ponemos un lente antropológico, psicológico, pedagógico o bíblico, sencillamente lo hacemos y muchos lo viven como que se los matara en vida. Nunca cuestionamos críticamente si lo que dicen los medios es verídico; por tanto, social o civilmente muchos yacen fallecidos. De ningún modo pensamos que el día que nos acostamos podría ser el último vivido o que mañana enterraríamos al vecino.
Un sin número de personas al llegar a casa siente que lo hace a un panteón; otros desean ver literalmente muertos a los jefes del trabajo o a los gobernantes de su estado; algunos perdieron la motivación por la vida y la van perdiendo a cuotas, cada día un poquito y con intereses altos; hay niños que disfrutan aprendiendo a matar en un juego y cuando crecen no diferencian lo que está dentro de su pantalla o fuera de ella; como negar que nos encontramos con miles de jóvenes desilusionados por la vida sin esperar nada de ella y con menos intención de ofrecerle algo a ella.
Un cementerio de vivos es un lugar lleno de presos (cárceles); es una casa donde los padres usan a los hijos para hacer llegar los mensajes entre ellos; es un hospital donde los galenos no tienen recursos para ejercer y salvar vidas; es una escuela donde se recompensa la nota másquela creatividad; es una religión donde no se predica al Dios Vivo y sólo se lo usa; es una sociedad donde prima el interés y la satisfacción personal ante la necesidad de la comunidad; es un país donde se gobierna sin respeto, sin valores, sin principios, sin verdad, sin amor, sin perdón, sin cordura, sin conciencia, sin carácter, sin integridad, sin palabra, sin honor, sin ejemplo y sin obediencia a las leyes, al pueblo o a Dios.
“La civilización siempre corre peligro cuando a los que nunca han aprendido a obedecer les es dado el derecho de mandar” (F. Sheen)
Jean Carla Saba es conferencista, escritora, coach ejecutiva y de vida.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
