Imagen del autor
L

a reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos marca un punto de inflexión en la política moderna, pero también en el modo en que la sociedad responde a los mensajes de los medios de comunicación tradicionales. Si bien en el pasado la maquinaria mediática y la influencia de celebridades parecían tener el poder de moldear la opinión pública, esta elección ha demostrado que dicho poder está en declive o simplemente ha llegado a su fin. Este episodio nos deja ver, además, el surgimiento de una derecha fortalecida en América, con figuras como Trump, Bukele en El Salvador y Milei en Argentina, impulsando un cambio en el mapa ideológico del continente.

Una elección sin precedentes, con muchos temas para resaltar, por ejemplo, el papel de Peanut, la ardilla que “decidió” la elección. Uno de los eventos más inusuales y comentados en los últimos días fue la influencia de una ardilla que supuestamente provocó una reacción en cadena que cambió bruscamente la dirección del voto. Peanut, una ardilla mascota que, junto a Fred, un mapache, vivían con Mark Longo desde hace 7 años y con una cuenta en Instagram con 700 mil seguidores, fueron víctimas del gobierno el 30 de octubre, que, tras quejas anónimas, decidieron confiscarlos y posteriormente sacrificarlos sin ninguna explicación. Por ello, particularmente Peanut, se ha convertido en un ícono de resistencia, simbolizando el descontento de los ciudadanos con la clase política tradicional y el hartazgo hacia las manipulaciones mediáticas. El resultado fue un apoyo masivo para Trump, desafiando cualquier intento de influencia externa.

Varios medios y analistas han resaltado cómo las celebridades, influencers y medios, que en otra época tenían una influencia significativa, se encontraron con un electorado impermeable a sus mensajes que apoyaban públicamente a Harris, celebridades como Taylor Swift, Beyoncé, Jennifer López, Julia Roberts, Tom Hanks, Oprah, curiosamente casi toda la lista pública de P. Diddy, no tuvieron el impacto esperado. Las voces de artistas, periodistas y hasta grandes empresarios no lograron alterar el resultado, dejando en claro que el público actual desconfía de aquellos que consideran parte de una élite completamente “desconectada” de la realidad. Trump, por su lado, respaldado por figuras poderosas como Elon Musk, construyó una narrativa propia en las redes, donde el mensaje era directo y resonaba con aquellos que, en el fondo, se sentían no representados.

Elon Musk ha sido una figura crucial en esta nueva dinámica de poder y comunicación, usando su influencia en redes y su estatus como magnate tecnológico para respaldar a Trump y sus ideales de independencia frente a los medios tradicionales. En un contexto paralelo, Javier Milei, presidente de Argentina, ha mencionado que Musk incluso ha mostrado interés en colaborar con su equipo económico, asesorando a Federico Sturzenegger para implementar medidas drásticas de recorte económico, conocidas como la “motosierra”.

La sinergia entre Trump y Milei, facilitada por Musk, representa una alianza que fortalece la imagen de una derecha anti-establishment y, a su vez, incrementa el poder de figuras tecnológicas que desafían las estructuras tradicionales de control mediático. Musk no solo respalda ideológicamente estas figuras, sino que también ha proporcionado un canal de comunicación que desafía abiertamente el poder de los medios convencionales y conecta directamente con los votantes.

Dueño de X (ex Twitter) porque se cansó del monopolio de las redes sociales controladas principalmente por demócratas, ahora estaría negociando la compra del medio CNN, el rumor, que habría sido confirmado por el propio Milei, asegura que el trato se daría por 3.000 millones de dólares, tan sólo una parte de la fortuna que ganó tras la victoria de Trump, pues las acciones de Tesla subieron y le otorgaron 15.000 millones de dólares de manera instantánea.

Charlie Kirk, fundador de la organización Turning Point USA, jugó un papel esencial en atraer a la juventud conservadora hacia Trump. Turning Point USA actuó como una plataforma clave que sirvió para construir una red nacional de jóvenes activistas comprometidos con los valores conservadores. Kirk desarrolló una campaña de concientización y movilización a través de charlas, eventos y programas de capacitación que educaron a los jóvenes sobre el impacto de sus votos y el papel crucial de Trump en la defensa de los principios de libre mercado y los valores estadounidenses tradicionales. También aprovechó el poder de las redes sociales, utilizando sus plataformas para conectar con una audiencia joven, muchas veces desatendida por las campañas políticas convencionales. Su labor fue fundamental para consolidar una base juvenil que se sintiera representada por la visión de Trump.

Por otro lado, Scott Presler se concentró en una tarea muy diferente, pero igualmente crucial: movilizar el voto de la comunidad Amish en Pensilvania. La comunidad Amish, caracterizada por su vida sencilla y su apego a valores religiosos y tradicionales, rara vez participa en la política. Sin embargo, Presler supo identificar una oportunidad en estos votantes, quienes compartían muchas de las preocupaciones que Trump expresa sobre la preservación de valores tradicionales y la desconfianza en el gobierno federal. Esta dedicación fue clave para que los Amish, que tradicionalmente se mantienen apartados de la política, se acercaran y votaran por Trump, inclinando así la balanza en un estado crucial como Pensilvania. Apenas fueron 140.000 votos los que decantaron la balanza a favor de los republicanos en Pensilvania, algo histórico.

El regreso de Trump no es un fenómeno aislado. En América Latina, el ascenso de líderes de derecha como Bukele y Milei sugiere un cambio radical en el enfoque político de la región. Este giro tiene implicaciones profundas en términos de seguridad, economía y relaciones exteriores. Trump, conocido por su postura firme en temas como la inmigración y su resistencia a la intervención extranjera, refuerza esta tendencia. En su administración previa, Estados Unidos se destacó por no involucrarse en conflictos armados externos, en contraste con los intereses bélicos de sus predecesores.

El contexto internacional actual, con una guerra en Ucrania, podría verse afectado por esta reelección, ya que Trump ha mencionado la posibilidad de retirar a Estados Unidos de la OTAN, lo cual pondría en jaque la estructura de defensa europea y dejaría a Ucrania en una posición aún más vulnerable ante Rusia. Por otro lado, tanto Hamas como Hezbollah han dejado claro que el apoyo histórico de Estados Unidos a Israel sigue siendo uno de los principales obstáculos para la paz en Oriente Medio, habrá que esperar a ver la postura de Trump frente a este tema también, porque cualquier cambio en la relación entre Washington y Tel Aviv será clave en los desarrollos futuros del conflicto.

Otro de los puntos de fricción en la agenda de Trump es su postura sobre la inmigración, que sigue siendo un tema de gran relevancia para la política norteamericana y latinoamericana, puesto que ha sido claro en que cualquier migrante es bienvenido siempre y cuando sea legal. La propuesta de reforzar las políticas migratorias ha sido ampliamente criticada por demócratas. Con su regreso, los controles fronterizos y el rechazo a los acuerdos de asilo podrían intensificar la crisis migratoria en América Latina, acentuando las tensiones en los países de origen y tránsito.

La victoria de Trump marca una nueva era en la que los medios ya no tienen el monopolio sobre la verdad o la influencia. Los ciudadanos parecen estar buscando respuestas más allá de las narrativas de siempre, y esta elección es una muestra de ese cambio, parecería que hicimos un salto y llegamos a la línea de tiempo correcta, donde la imagen de Peanut, la ardilla, se convierte en un símbolo de la insurrección ciudadana, un recordatorio de que, al final del día, el voto es de quien decide pensar por sí mismo. Un giro de 180° en la percepción pública de las figuras de poder, mostrando una forma de hacer política que se basa en el respeto y la conexión personal, además la “muerte simbólica” de los medios y de la influencia de las celebridades deja un vacío que ahora ocupa un electorado que demanda ser escuchado.

Este triunfo también envía un mensaje claro al mundo sobre los cambios que se avecinan en Estados Unidos y el continente. La reconfiguración de un bloque conservador plantea retos para la estabilidad en temas de migración, conflictos internacionales y cooperación multilateral. La nueva política exterior de Trump tendrá que equilibrarse entre su posición nacionalista y las demandas de un mundo en crisis, que está atento a las acciones que tome el presidente número 47 de los Estados Unidos para hacer de su país grandioso otra vez.

Claudia Prado Aguirre es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.