
urante el mes de septiembre del año 1781, en el territorio de lo que actualmente es Bolivia, se vivieron acontecimientos relevantes, consecuencias de la guerra desencadenada por Julián Apaza, Túpac Katari. Curiosamente, muchos de los principales rasgos de esos sucesos se repiten en la actualidad, a casi 250 años de distancia.
Hasta entonces, la guerra de Túpac Katari había involucrado solamente a la población aimara y, en menor grado, a la mestiza. En septiembre se consolidó una alianza estratégica quechua-aimara cuando en el mes de agosto llegaron, procedentes del actual Perú, tropas de Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui Noguera).
Esos refuerzos implicaron el restablecimiento del cerco a La Paz. El primer cerco a esta ciudad había sido iniciado el 13 de marzo de 1781 y duró hasta inicios del mes de julio del mismo año. Durante ese sitio, La Paz padeció uno de los peores desabastecimientos de su historia.
El segundo cerco a La Paz, iniciado en agosto de 1781 gracias al refuerzo de las tropas quechuas de Túpac Amaru II, duró aproximadamente seis meses. Ese segundo asedio significó, durante el mes de septiembre de 1781, el recrudecimiento de la hambruna entre los sitiados. La inanición hizo mella en sus habitantes, quienes llegaron al extremo de consumir perros, gatos y ratas, y masticar el cuero de sus animales de tiro, como lo detallan los escritos, crónicas y diarios oficiales de la época; en especial el diario militar del brigadier Sebastián de Segurola, comandante realista encargado de la defensa de la ciudad.
Tal fue el hambre en la urbe cercada que se llegó al extremo de registrarse casos de canibalismo entre los sitiados. María Eugenia del Valle de Siles, en su libro Historia de la rebelión de Túpac Catari, 1781-1782, cita textualmente relatos coloniales que certifican cómo las numerosas muertes por hambre culminaron en incidentes de antropofagia.
Empero, quizás uno de los aportes de esa coordinación bélica entre quechuas y aimaras fue la innovación en recursos tácticos por parte de los sitiadores. Los combatientes indígenas, para quebrar la resistencia del pueblo de Sorata, construyeron una represa para contener las aguas de los ríos procedentes del nevado Illampu. El 5 de agosto el dique fue liberado. Las aguas arrasaron las defensas militares y las construcciones civiles de Sorata.
La misma táctica se intentó replicar para quebrar la resistencia en la ciudad de La Paz. En septiembre se empezó la construcción de una imponente represa en la región de Achachicala. Empero, en octubre la presa reventó antes de su conclusión. Los daños causados en La Paz fueron mucho menores de lo esperado.
El primer y el segundo cerco de la ciudad de La Paz concluyeron gracias a la intervención de fuerzas militares. Durante el primer cerco, el coronel criollo Ignacio Flores de Vergara comandó un ejército con tropas procedentes de La Plata y milicias de Cochabamba, reforzado con soldados de Buenos Aires. El segundo fue quebrado gracias a la incursión militar del teniente coronel José de Reseguín, quien, al mando de una fuerza expedicionaria procedente de Buenos Aires —con refuerzos de las guarniciones de Chuquisaca y Potosí—, encabezó un contingente mucho más grande e imponente.
Existen curiosas similitudes entre lo sucedido en 1781 y acontecimientos posteriores que marcaron la historia de Bolivia, en particular el último bloqueo de caminos de los 53 días. No son similitudes accidentales y aisladas. Tampoco repeticiones mecánicas. Sería ingenuo suponer que los hechos históricos se repiten tal cual.
Esa interpretación —la de la repetición calca de los hechos— corresponde a una visión cíclica del tiempo y al determinismo histórico fatalista. Estos dos últimos aspectos, curiosamente, son defendidos por el posmodernismo occidental, aunque atribuidos a una supuesta mentalidad de los pueblos indígenas.
En realidad, ciertas formas no cambian porque los elementos estructurales que las generan suelen no modificarse. Es lo que sucede en Bolivia. Vivimos una descolonización frustrada, una ficción de Nación y sufrimos la ausencia de un Estado funcional. Es, pues, normal que esta anomalía estructural manifieste repetidas y periódicas sintomatologías. Así, mientras el indígena no ocupe el lugar que merece en la construcción y dirección de un orden social y político común, las “aberraciones” de los cercos (conocidas actualmente como bloqueos de caminos) seguirán incesantemente.
El primer cerco a La Paz en 1781 fue seguido por un segundo. En Bolivia, durante el reciente bloqueo de caminos de los 53 días, se hablaba de que este era «el febrero del octubre que después vendría» (en referencia a los acontecimientos de febrero y octubre de 2003 que culminaron con la caída del gobierno de Sánchez de Lozada).
El segundo cerco innovó en cuanto a alianzas. En la actualidad existe no solo el mundo indígena que se moviliza, sino otros actores que intentan articularse: el cholaje encarnado en el actual vicepresidente Edmand Lara (a quien, sintomáticamente, las diatribas que le dirige la Bolivia blanca, decente e ilustrada son idénticas a las que siempre dirigió contra los indios) y las regiones con su nuevo liderazgo, por ejemplo, en Santa Cruz.
La represión pura y simple funcionó en otras épocas. Ahora, sobre todo cuando es extemporánea, puede ser catastrófica. En el siglo XVIII el indio era excluido del conocimiento de las artes militares; ahora es el único que presta servicio militar en Bolivia. Instructores foráneos están asesorando e instruyendo a la Policía Boliviana. Que no sea este el primer escalón en una escalada que en otras áreas terminó de manera catastrófica y paradójica.
Si bien el destino se hace y no se repite, quien debe prestar mayor atención a ello en lo social y político es quien ocupa el poder. El presidente es el primer mandatario; ello no significa que sea el primero que manda, el que está por encima de todos, sino el principal a quien el pueblo le da un mandato.
Pedro Portugal Mollinedo es historiador y analista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
