
n las elecciones de octubre de 2025 ganó la dupla Rodrigo Paz Pereira–Edmand Lara Montaño, cuando todas las previsiones la daban como perdedora. ¿Fue un yerro de las empresas de encuestas o jugaron, a último minuto, otros factores que explican ese resultado?
La encuesta de Ipsos Ciesmori en la primera vuelta de esas elecciones daba los siguientes resultados: Jorge Tuto Quiroga, 24,45%; Samuel Doria Medina, 23,64% y Rodrigo Paz Pereira, 9,10%. Las encuestas para la segunda vuelta daban todas como ganador a Jorge Tuto Quiroga: la encuesta de la DW con el 47% y la de Captura Consulting con el 42,9%. Sin embargo, en las elecciones del 19 de octubre de 2025 salió primero Rodrigo Paz con el 54,96%, por encima de Tuto Quiroga, que obtuvo el 45,04%.
Si damos por sentado que tal pifia de las empresas de encuestas sobrepasa las peores previsiones de error hasta ahora conocidas, ¿qué sucedió entre el lunes 11 de agosto de 2025, cuando entró en vigor la prohibición de publicar cualquier tipo de sondeo preelectoral, y la fecha de estos comicios?
Para aventurar algunas razones que expliquen este caso, incursionamos, plenamente conscientes, en el deleznable terreno de la especulación. Este recurso ha sido siempre muy recurrente en el país, más aún en los momentos en que vivimos el thriller Cerimedo-Beller-Paz Pereira, los cuales propician que muchos identifiquen a nuestro país con los tópicos al estilo de la película Casablanca de 1942.
Es posible que –como impertinentemente me sugirió algún comedido–, al constatar las bajas estimaciones de triunfo del candidato Rodrigo Paz, algún allegado a este, de manera oficiosa, habría contactado al equipo del MAS y hasta al mismo Evo Morales para prospectar un posible apoyo de ese grupo a la candidatura del PDC.
Evo, justificando su remoquete de animal político, habría decidido que Paz Pereira era un peligro menor que Tuto Quiroga en cuanto a la posibilidad de alterar su impunidad judicial. Por otro lado, era más probable que, siguiendo los antecedentes de su progenie política, Rodrigo dilapidase la oportunidad de consolidarse en el poder o de instalar mecanismos institucionales que pudieran alterar los rumbos políticos del país.
El recurso para convertir a Rodrigo Paz en candidato presidencial ganador era su candidato a vicepresidente. Edmand Lara serviría de bisagra para articular el apoyo con los sectores populares. Estos sectores no habrían accedido a votar por Rodrigo, pero sí eran susceptibles de caer en el encanto populachero de Edmand. Y, ciertamente, Lara encandiló a los sectores suburbanos e indígenas, quienes tomaron en serio que él era la garantía para que Paz no se desligase de esos sectores y cumpliese las promesas que, en su nombre, Lara profería de manera incauta y atolondrada. Rodrigo Paz nunca, durante su campaña, desmintió o corrigió los ofrecimientos de su candidato a vice. De ahí que la consigna de voto, a la que son lastimosamente susceptibles los sectores populares, se efectivizó el día de las elecciones. Hasta ahora lo repiten las personas así identificadas: "Nosotros votamos por Lara, no por Paz Pereira".
Una vez elegido presidente, Rodrigo consideró que no tenía por qué seguir esa comedia. Despidió a su vice como quien pone en la calle a la amante impertinente ante la llegada de la legítima esposa que, hasta entonces, toleraba esos deslices. Y lo hizo de la manera más pública y humillante. El día de la entronización —perdón, de la posesión—, a la familia del vice no se le permitió acceder al lugar de la ceremonia. Tuvo que escuchar por altavoz los discursos y festejos junto al populacho y bajo la lluvia, mientras los allegados y la familia del presidente gozaban —como si fuesen miembros de la realeza al estilo criollo— de venias, mimos y obsecuencias.
Ese fue el momento en que el pollito mató a su gallina de los huevos de oro.
Pedro Portugal Mollinedo es historiador y analista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
