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i cerebro anda en la Luna. Literal. Entre el 1 y siguientes días la “humanidad” estará cerquita a la Luna. La NASA lleva adelante la misión Artemis II. Es la primera misión tripulada que viajará a las inmediaciones del satélite en más de 50 años. Mi corazón también anda en la Luna. Porque no se ha pintado de rojo, amarillo y verde, para alentar a la Selección Boliviana de fútbol que entre este 31 de marzo y el 1 de abril, en la madrugada, verá si el resultado que obtiene, la lleva al Mundial de Fútbol 2026.

Anda así porque mientras miles de fanáticos vitorean a la Selección, y se arman tremendos escenarios callejeros, con un montón de sorteos, concursos y promociones, hay madres que no pueden llevar un pan a la boca de sus hijitos. Ellas se las ingenian, pero la crisis económica es más fuerte que su voluntad. Esa misma crisis está impidiendo que los empleos decentes crezcan y la informalidad aumente.

Leí que se acabó el Estado Tranca, con el Decreto Supremo 5595 que contiene una estrategia orientada a modernizar el aparato estatal y eliminar la burocracia ineficiente, que representa una carga equivalente al 6% del Producto Interno Bruto (PIB).

Ahí mismo dice que todas las entidades públicas (señaladas en el Parágrafo I del Artículo 4 del DS) únicamente podrán solicitar la presentación de la Cédula de Identidad. En ningún caso solicitarán la fotocopia de la misma.

Brinco de felicidad. Se acabaron las fotocopias.

Pero no salto de felicidad al saber que hay bolivianas que ya nunca más verán sonreír a sus seres queridos, porque ya no están en el plano terrenal. En lo que va del año ya van 24 casos de feminicidios. Ninguna de ellas podrá ver salir el sol o alentar al seleccionado nacional.

Por eso, y por los 13 nenes que fallecieron este año, víctimas de agresores cercanos, es que mi cabezota anda en la Luna, que atiende a mis suspiros, pero mira indiferente a los vaivenes políticos y económicos de Bolivia.

A ella le vale un comino si los humanitos la visitarán el 2027, luego de que en 2026 observen su lado oscuro.

Le vale que Bolivia esté loteada sin piedad. O perforada hasta el último rincón de su abultada burocracia por los corruptos habituales y por los nuevos que llegarán, cargados de sus mañas, a los puestos de alcaldías y gobernaciones.

Se supone que el nuevo presidente y su equipo van a solucionar las cosas, pero hay un descuido en muchas áreas que da para pensar si efectivamente quieren extirpar al cáncer del masismo, o sólo tratarlo con una aspirina.

Cuando estemos libres de loteadores, narcos, corruptos y necios aupados en el árbol del poder, es posible que tengamos un futuro. Hasta mientras el futuro es fuera de Bolivia. Allá donde se respetan las reglas, y donde la institucionalidad es firme. Quizás en la Luna, porque no ha sido loteada.

A no ser que algún vivillo decida violar el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967, que prohíbe la apropiación nacional o privada de la Luna, estableciendo que es patrimonio común de la humanidad para fines pacíficos. O el de 1979 que complementa al de 1967, estipulando que los recursos lunares deben gestionarse bajo un régimen internacional y prohíbe la soberanía sobre cualquier parte del satélite.

Quizás la Luna sea el único lugar donde todavía cabe la esperanza. Aunque tampoco hay que ilusionarse demasiado: si un boliviano corrupto logra aterrizar primero, en una semana ya habrá loteamiento, avasallamiento, tráfico de influencias y un cartel que diga: “Se vende terreno lunar, con papeles al día y vista privilegiada al desastre nacional”.

Mónica Briançon Messinger es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.