
i El Principito llegara a Bolivia, se daría cuenta que lo esencial es invisible a los corazones de los bolivianos, y se daría cuenta que no miran ni con el corazón ni con los ojos lo evidente, porque él, siendo un símbolo universal de los niños ha leído que ya van 13 niños víctimas de infanticidio.
El Fiscal General del Estado, Roger Mariaca Montenegro, informó que en lo que va de 2026 se registraron 19 casos de feminicidio y 11 de infanticidio en Bolivia. La autoridad destacó que el 90% de los casos cuenta con autores identificados y procesados, muchos de ellos con detención preventiva y algunos ya con sentencia condenatoria.
A El Principito le sorprende el dato porque sabe que cada 12 de abril se celebra el Día del Niño en Bolivia, y la cifra le congela el corazón.
Se pregunta si hizo bien en venir a un país donde casi el 50% vive en situación de pobreza y el 16.9% en pobreza extrema, según datos del Censo 2024 y UNICEF. Las principales amenazas incluyen la violencia intrafamiliar, desnutrición, trabajo infantil peligroso (1 de cada 10 niños) y el riesgo de perder el cuidado familiar.
Cerca de un millón de niños están en riesgo de perder el cuidado de sus familias. El Principito me ha contado que el actor Ashton Kutcher logró rescatar a 6.000 niños víctimas de tráfico humano. Usó su propia empresa de tecnología (Thorn) e Inteligencia Artificial para rastrear y detener a los criminales, y quiere saber qué se está haciendo en Bolivia, no precisamente sobre este tema, sino sobre los infanticidios y la pobreza infantil.
Le conté que el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicó un informe sobre el Estado boliviano.
Allí dicen reconocer que en los últimos años se han realizado interesantes esfuerzos orientados a cambiar la situación de la niñez, por ejemplo: la modificación del Código Penal del 2010 en virtud de la cual se agravaron las sanciones en delitos contra niñas y niños y la aprobación del Código Niña, Niño y Adolescente, quizá una de las normas de mayor avance en materia de derechos de la niñez, con excepción de la regulación en materia de trabajo infantil que, afortunadamente fue subsanado por el Tribunal Constitucional.
Pero, como siempre, en Plurilandia, le digo, el factor que sigue siendo un notable obstáculo en la efectivización de los derechos del sector tiene que ver con la concreción de la normativa en la realidad. En sencillito: una de las razones para esta deficiente aplicación de la norma deriva de la insuficiente asignación de recursos, lo cual hace inviable el cumplimiento de metas y planes en el área.
O para que sea más clarito: En Bolivia, sensiblemente se pierde de vista, que las problemáticas de orden social no pueden ser resueltas “únicamente” a partir de la aprobación de leyes que desarrollan normas de altas aspiraciones de orden social.
Las peores normas son aquellas que no se cumplen y las peores medidas que asumen los Estados, son aquellas que se quedan rezagadas en la norma sin materializarse en la realidad.
Los dolorosos casos de infanticidio registrados hasta la fecha en Bolivia nos interpelan como sociedad y nos llaman a reforzar la protección integral de la niñez. Cada vida perdida exige mayor compromiso institucional, prevención y acciones firmes para garantizar que niñas y niños crezcan en entornos seguros y libres de violencia.
Así que, para rematar, le pedí a El Principito, que a pesar de celebrarse el día del niño en Bolivia, y la edición 83 de su aparición en la Tierra, de manos del escritor Antoine de Saint-Exupéry, se guarde las ganas de venir por aquí hasta que aprendamos a ver con los ojos de la cabeza y los ojos del corazón lo visible e invisible de la niñez boliviana.
Mónica Briançon Messinger es periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
