Imagen del autor
B

olivia decrerá un 3% según el Fondo Monetario Internacional (FMI) este 2026. Con este dato ¿cómo le explico a mi familia que el dinero no alcanzará y que dejaremos planes postergados hasta que la economía boliviana “crezca”? El FMI advierte inflación alta (más del 20%) y más desempleo. Por su parte, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no habla sólo de Bolivia, y dice que toda América Latina crecerá poco (alrededor de 2,1%), o sea, un entorno débil. Traducción para todos: Bolivia no sólo crecerá poco sino que se encoge, mientras el resto crece poquito.

Imagina que la economía es como una panadería. Cuando crece, produce más panes, vende más y contrata más gente. Cuando es negativa: produce menos panes, vende menos, y empieza a despedir. En Bolivia, la panadería está vendiendo menos y gastando más, así que todo se vuelve más caro, el dinero pierde “peso” y si antes comprabas diez cosas, ahora comprarás seis. Si las empresas venden menos: contratan menos o pagan menos, de ahí que el desempleo subirá.

Otro ingrediente que se suma (o se resta, en este caso) es la escasez de dólares. El informe menciona falta de divisas. Sin ellas hay dificultad para importar y los productos son más caros o escasos. Mis colegas entendidos en economía, dicen que el motor gasífero está cayendo fuertemente. Es como si el auto del país se quedara sin gasolina y no hubiera otro motor listo.

Por tanto, la ecuación está servida: menos producción + precios altos + menos empleo = vida más difícil para la mayoría.

Podemos apelar al lugar común de que “somos un país resiliente” y que “podemos salir adelante” cuando vemos este panorama gris por delante, porque ciertamente tenemos capacidad de emprender, pero ya está de buen tamaño, que el concepto de emprendimiento sea supervivencia y no una estrategia laboral alternativa. Irónicamente, el 20% que tiene un empleo formal en la población económicamente activa, termina por creer que el otro 80%, dentro de su informalidad obligada y empujada, se debe “ajustar” a esta nueva realidad. Hablo de las organizaciones que encumbran el concepto de emprender, pero no pueden contratar los productos o servicios, de los mismos emprendedores que dicen apoyar porque, probablemente porque no tienen NIT o registro de comercio.

Es la permanente ironía de Bolivia, de una riqueza extendida en varios rubros, desde el turismo hasta el desarrollo de productos alimenticios de exportación, pero siempre con la misma tranca que el Gobierno dice que mejorará, pero del “dice” al “hace”, el FMI nos muestra el espejo de la realidad. No está funcionando. Tampoco nuestra minúscula capacidad de sinapsis como sociedad, para superar el maniqueísmo político, de “ellos mal nosotros bien”, “tú enemigo yo salvador”.

El espejo que nos refleja no tiene filtros ni retoques instagrameables, es la verdad, dura, dolorosa de una realidad económica que ya no aguanta discursos, ni culpar a las “gestiones anteriores”, ni al masismo, al evismo, o al cinismo de los que saquean el país, desde su cuota de poder.

Poder que nosotros les damos a diario, con nuestra atención y comentarios en que cada conversación “¿y ahora qué pasará en Bolivia?”. Nada. Lo mismo de siempre.

Seguir apretándose el cinturón, llegar a fin de mes como puedas. Eso sí… deja de alimentar a la política, cambia de canal, sigue de largo en Facebook, borrar esos compartidos en Whatsapp. Estamos jodidos pero por lo menos, nos alegraremos compartiendo buenas noticias de las pocas que todavía existen en este país.

Mónica Briançon Messinger es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.