
n el ambiente del nuevo período democrático se realizan algunas reflexiones sobre el significado del concepto “Estado Plurinacional”, en confrontación con el concepto “Nación boliviana” que es diferente. El primero fue insertado prácticamente a la fuerza en la Constitución Política del Estado del 2009. He publicado anteriormente algunos artículos sobre el significado de los conceptos mencionados (periódicos Página Siete, Datápolis), desde el ángulo de la historia y de la antropología, cubriendo el período republicano, colonial y precolonial. Ahora presento una nueva reflexión sobre el tema.
Creo que los promotores de introducir el concepto de “plurinacional” a la Constitución (CPE2009) tenían intensiones no reveladas que pretendían ir más allá del concepto mismo. Entre estas intensiones se encontraba la de dividir la nación boliviana en “nación quechua”, “nación aymara” y “nación guaraní” principalmente, cada una con atribuciones maximalistas. Inesperadamente, los promotores del concepto cometieron graves torpezas analíticas cuando redactaron los artículos de la CPE sobre este tema. Veamos cuales fueron esas torpezas.
En la CPE del año 2009, el artículo 2 sintetiza las torpezas mencionadas al formular que “Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus autoridades territoriales, conforme a esta Constitución y a la Ley”. ¿Sobre qué base histórica los ideólogos mencionados pudieron realizar esas afirmaciones tan contundentes? ¿Qué les permitió afirmar que esas “naciones” tenían existencia “pre colonial”, es decir, que existían como verdaderas naciones antes de la llegada de los españoles al territorio hoy boliviano? Para responder a la pregunta debemos ir por partes.
Primeramente, en tiempos del esplendor de Tiwanacu (siglos VI al XXII d.C) la nobleza tiwanacota del altiplano hoy boliviano trasladó a grupos de “mitmakunas” o “mitimaes,” (utilizo el quechua porque no se conocen las palabras en el idioma pukina de Tiwanacu), es decir a campesinos esclavos de idioma pukina) a los valles fértiles del territorio hoy boliviano como Cochabamba y a otros. Luego, durante los siglos XIV y XV d.C., la nobleza del imperio incaico trasladó a grupos de campesinos aymaras desde el centro y sud del actual Perú al altiplano hoy boliviano. Estos campesinos aymaras fueron traídos al altiplano hoy boliviano en calidad también de mitmakunas o yanaconas esclavos. (ver mi libro Economía y sociedad del Imperio Inca, en Google 2018).
Por otra parte, la nobleza incaica trasladó posteriormente al territorio hoy boliviano a otros grupos de campesinos mitmakunas o yanaconas de habla quechua -esta vez- desde el norte del actual Perú y del sud del actual Ecuador, para producir también bienes agrícolas y granos en varias zonas y valles fértiles de la actual Bolivia.
Todos estos grupos de mitmakunas fueron traídos a la actual Bolivia en calidad de pequeños campesinos yanaconas esclavizados pero no en calidad de “naciones ancestrales”, como lo afirman torpemente los teóricos extranjeros y nacionales de la Constitución.
En segundo lugar, durante la colonia española y la caída del imperio inca, las poblaciones anteriormente pukinas, aymaras y quechuas fueron “liberadas” y repartidas a los encomenderos españoles en calidad de mano de obra campesina gratuita. Por otra parte, durante la colonia, cientos de miles de estos campesinos, sobre todo habitantes del altiplano y del sur del actual Perú fueron llevados cada año como “mitayos” o “esclavos” de la colonia, a las minas de propiedad privada de los españoles. Se calcula que 9 millones de estos mitayos entraron a los socavones mineros para nunca más salir.
Los mitmakunas eran inicialmente prisioneros de guerra por la nobleza tiwanacota y luego por la incaica, por lo que no es correcto atribuirles “una cultura e instituciones propias”, ni un “dominio ancestral sobre sus territorios”, como lo hacen torpemente los ideólogos españoles de la Constitución. Estos mitmakunas eran poblaciones heterogéneas transplantadas desde diferentes territorios y diversas culturas. En los nuevos territorios los mitmakunas yanaconas heterogéneos ya no conservaban más sus anteriores culturas y tradiciones ancestrales propias, como lo imaginaron los ideólogos de la CPE.
Los mitmakunas ingresaron a la colonia española en calidad de pequeños campesinos o mano de obra gratuita en favor de los nuevos encomenderos españoles. Este período tuvo una duración de cerca de cuatro siglos, desde décadas posteriores al año 1432, hasta décadas posteriores a 1825, año de la independencia de Bolivia. En el nuevo periodo colonial estos campesinos tampoco lograron conformar “naciones” quechuas o aymaras.
Después del largo período de la colonia española, grandes grupos campesinos aymaras y quechuas participaron activamente como combatientes en las guerras de independencia bajo las órdenes y la ideología de los patriotas latifundistas criollos, la nueva clase dominante del territorio que iba a llamarse Bolivia. En el nuevo período estos campesinos tampoco luchaban para conformar “nuevas naciones” independientes, quechuas y aymaras, pero si constituían la mano de obra campesina de los latifundistas criollos que luchaban para conformar la “nueva nación boliviana” iniciada en 1825.
En tercer lugar, los ideólogos de la CPE de 2009 afirmaban en el artículo 3 que “La nación boliviana está conformada por la totalidad de las bolivianas y bolivianos, las naciones y pueblos indígena originario campesinos y las comunidades interculturales y afrobolivianas que en conjunto constituyen el pueblo boliviano.” Este afán obsesivo por dividir y subdividir Bolivia en varias naciones y pueblos es resultado de la ideología culturalista o “pachamamista” que dominó las discusiones durante la realización de la Asamblea Constituyente de los años 2008 y 2009. Los asesores del gobierno del MAS, sobre todo españoles independentistas y separatistas (catalanes y vascos especialmente), pretendían imponer los criterios culturalistas españoles de dividir a los pueblos según los idiomas y dialectos hablados.
Pero no solo se quedaban ahí, además, como lo afirma el artículo mencionado, el objetivo era también dividir y subdividir al país en varios grupos poblacionales: (1) en indígenas originarios campesinos, (2) en “comunidades afrobolivianas”, y (3) ) en “Comunidades interculturales”. La pretensión de los españoles era dividir y subdividir a los bolivianos según sus actividades laborales (campesinos originarios indígenas), por sus idiomas (quechuas, aymaras, guaraníes, por el color de la piel (comunidades afrobolivianas). El año 2009 no se sabía todavía el significado de las llamadas “comunidades interculturales”, pero después se supo que estas “comunidades” estaban conformadas por cocaleros que iban a asaltar violentamente las propiedades privadas de los empresarios agroindustriales de Santa Cruz y de otras zonas. Estas comunidades, dirigidas por el Estado y no por sus “propios gobiernos”, causaron también cientos de grandes incendios forestales llamados “chaqueos” para habilitar las propiedades asaltadas.
La caracterización de “Estado Plurinacional” en lugar de “Nación boliviana”, hace referencia a una forma estatal de organización política y administrativa que se superpone a un conjunto de poblaciones y territorios diferentes. Esta forma de organización funciona bajo la autoridad de un dictador, de una cúpula política superior u oligarquía de Estado (tipo Cuba, Venezuela de Chávez o de los ayatolas de Irán). Diferentemente el concepto de Nación, hace referencia a una población unida por vínculos comunes como la historia, la cultura, el territorio, el idioma o los idiomas y, sobre todo la identidad nacional. La identidad y la unificación de la nación boliviana -con sus grupos y sectores sociales - se fueron construyendo y consolidando paulatinamente en un territorio durante más de 200 años mediante experiencias históricas dolorosas, pero también felices y enriquecedoras.
Finalmente, mientras en los países vecinos los gobernantes tratan de integrar a sus poblaciones en la perspectiva de la unidad nacional, en Bolivia, los asesores y teóricos de la CPE de 2009 tenían otros objetivos. Estos otros objetivos no fueron alcanzados.
Bernardo Corro Barrientos es economista y antropólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
