
Por qué Estados Unidos capturó y secuestró a Nicolas Maduro? La respuesta está en una larga y compleja historia del llamado “chavismo” y su influencia en América Latina, en el Caribe y en el mundo.
Desde inicios de este siglo algunos países de América Latina implantaron regímenes políticos conocidos como “Socialismo del Siglo XXI” (Venezuela, Nicaragua, Bolivia y otros con variantes). El inspirador de estos regímenes no fue Carlos Marx ni Vladimir Lenín, como en el siglo pasado, sino el coronel venezolano Hugo Chávez. Los gobernantes de estos socialismos accedieron al poder no como antes vía insurrecciones armadas y fusilamiento de sus autoridades, ni mediante guerrillas como en Cuba, sino mediante elecciones y el voto popular.
Estos socialismos no tenían nada que ver con la expropiación violenta de los capitalistas como en la Unión Soviética de 2017 ni con China de 1949 ni con Cuba de Fidel Castro ni con Corea del Norte. Se admitía la existencia de empresas capitalistas, aunque con fuertes restricciones, y se nacionalizaban otras sobre todo del sector extractivo como los hidrocarburos y la minería. El objetivo de las nacionalizaciones era en algunos casos el manejo discrecional de sus ingresos por los nuevos gobernantes.
Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales en 1999 mediante un discurso dirigido no abiertamente para expropiar a los capitalistas ni para nacionalizar los recursos naturales, sino contra la corrupción y la pobreza imperantes generados por las autoridades “neoliberales”. Ganadas las elecciones y la mayoría parlamentaria una de sus primeras medidas fue imponer una nueva Constitución Política con artículos convenientes para el grupo gobernante. Se disponía en particular el derecho del presidente a ser elegido cuantas veces quiera.
Una vez en el poder Chávez dictó varios decretos que mejoraron al poco tiempo las condiciones de vida de los sectores sociales pobres. Entre estos estaban la fuerte rebaja del precio de los combustibles, de la electricidad domiciliaria, de los alimentos de la canasta básica y de otros. Paralelamente dispuso el congelamiento de los precios sobre de los bienes de consumo popular como los electrodomésticos, las motocicletas, las viviendas y otros.
Estas medidas dañaron la economía de los productores chicos, medianos y grandes del campo y de las ciudades, provocando el cierre de las empresas y negocios. Los empresarios disminuyeron sus actividades y comenzaron a abandonar el país, la inflación se volvió galopante e incontrolable, disminuyó el empleo y se percibió un flujo creciente de venezolanos emigrantes a los países vecinos.
Con las medidas populistas se inició un régimen de “gobierno híbrido” caracterizado por un conjunto de arbitrariedades económicas y políticas para amedrentar y reprimir a las fuerzas de oposición. En los barrios populares se organizaron grupos armados —llamados “colectivos”— para defender la “revolución bolivariana” y luchar contra el imperialismo estadounidense. Cientos de opositores fueron acusados de ser proimperialistas y las cárceles comenzaron a llenarse de presos políticos. Desde entonces el régimen fue conocido como “chavismo” por aplicar medidas simultáneamente dictatoriales y violentas contra la oposición democrática, al lado de medidas supuestamente populares en favor de los pobres.
Pero el chavismo no terminaba dentro de las fronteras venezolanas. A los pocos años Chávez mostró que tenía pretensiones internacionales no solo limitadas a los países vecinos y latinoamericanos, sino también más allá del continente, aliándose con Irán en particular, y apoyando sus políticas y prolongaciones por el mundo. En este contexto Chávez organizó un Eje estratégico con Cuba e Irán dirigido a luchar contra los Estados Unidos. Los instrumentos de esta lucha ya no eran los tradicionales sino otros como el tráfico de drogas a gran escala, el lavado internacional de dinero, el terrorismo y la desestabilización política de los países.
Con estos objetivos el chavismo cooptó y se alió con varios partidos y dirigentes políticos de países de América Latina, así como con los antiguos grupos guerrilleros existentes y con los poderosos cárteles de narcotraficantes de distintos países. Una de sus principales iniciativas fue convertir la cúpula militar venezolana en cártel del narcotráfico.
Luego del fallecimiento de Chávez el año 2013, le sucedió en la presidencia Nicolás Maduro, gobernando posteriormente durante 12 años. Maduro continuó, amplió y fortaleció la dictadura chavista tanto interna como externamente. Donald Trump evaluó la importancia y el impacto del Eje político y económico formado por Venezuela, Cuba e Irán y sus acciones en los Estados Unidos, en el Caribe, en América Latina y en el mundo. El Eje tenía varios objetivos políticos, financieros y estratégicos.
Primeramente, con las drogas, el Eje se infiltró y controló los grupos narcotraficantes que operaban en países como México, Guatemala, Colombia —incluyendo a las guerrillas— Ecuador, Bolivia, Brasil, Perú y otros. En segundo lugar, el Eje buscaba debilitar a algunos grupos sociales vulnerables de Estados Unidos especialmente a la juventud, a grupos de la clase media y a los barrios populares. En tercer lugar, pretendía obtener importantes beneficios financieros con el narcotráfico lo que le permitía penetrar a los sectores financieros de América Latina, de Europa y por supuesto de los Estados Unidos. En cuarto lugar, las ganancias le permitirían financiar a la economía más débil del Eje como Cuba. La cúpula cubana resultaba en realidad la principal beneficiada económica y políticamente con las acciones del Eje. A cambio de algunos servicios internacionales a los miembros del Eje, la cúpula cubana controlaba el conjunto de sus acciones.
Las gestiones presidenciales demócratas anteriores a la gestión de Donald Trump no tuvieron en cuenta durante muchos años la existencia de la estructura y de los objetivos políticos y estratégicos del Eje. Durante esos años los brazos operativos —narcotráfico, terrorismo, guerrillas, lavado de dinero, etc.— siguieron operando y fortaleciéndose con tranquilidad. Las políticas demócratas se caracterizaron sobre todo por tratar de establecer vínculos de amistad y de cooperación con de los países del Eje separadamente. Parecía que se encontraban lejos de comprender la la verdadera estructura, el carácter y el modus operandi de los países del Eje.
La reciente gestión de Donald Trump iniciada en 2025 adoptó una política estratégica con la intensión de enfrentar globalmente a los distintos países y brazos operativos de la estructura internacional del Eje central. Para contrarrestar en el corto, medio y largo plazo las acciones del Eje se requería esta vez la participación de múltiples y poderosos mecanismos capaces de golpear y destruir simultáneamente tanto al corazón, al cerebro como a los brazos operativos del Eje. El gobierno de Estados Unidos utilizó con este objetivo recursos militares y políticos de escala internacional en una estrategia combinada de juego de ajedrez y de dominó.
Bernardo Corro Barrientos es economista y antropólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
