
l fantasma del retorno de Evo Morales al poder ronda por los pasillos de los ambientes políticos en Bolivia. ¿Tiene fundamento esa aprensión?
El acceso al gobierno de una corriente política y de las personalidades que la encarnan obedece a los códigos de la sociedad en la que se desenvuelven, a sus modelos culturales y a las condiciones específicas del momento histórico. La consideración de estos elementos inclina a pensar que Evo Morales es ya un personaje del pasado y que su retorno a la actualidad política responde más al deseo de quienes usufructuaron de ese gobierno que a una posibilidad asentada en la lógica de la historia de Bolivia.
Para argumentar el posible retorno de Evo Morales se realzan su origen y el carácter indígena que habría tenido su gobierno. La actual administración sería una reacción de la casta criolla ante la ruptura que habrían protagonizado Evo Morales y el MAS, así como un intento de recuperar derechos señoriales que la anterior administración del MAS habría atacado y desarticulado. Los desaciertos de las medidas económicas del actual gobierno y su repercusión negativa en los sectores pobres y populares del país no se analizan sino en comparación con la bonanza que se habría vivido durante los años de gobierno del MAS.
Corresponde, primero, desmitificar la identidad política indígena que se arrogan Evo Morales y el MAS. La historia de Bolivia es la sucesión de episodios de contradicción entre dos de sus componentes básicos: el indígena y el criollo. La mayoría de estos episodios —si no la totalidad— han estado marcados por el antagonismo y la intransigencia. El criollo ha monopolizado el poder político a costa de la subordinación indígena. Cuando el indígena ha buscado alcanzar o compartir el poder en interacción con los otros integrantes de la sociedad boliviana, la reacción ha sido el engaño y la frustración. Los casos del Willka Zárate y Laureano Machaca son ilustrativos al respecto.
De ahí que, frecuentemente, como mecanismo de perdurabilidad y prevalencia, el indígena busque refugiarse en la exacerbación de su propia identidad y en la utilización de sus solas fuerzas sociales. Eso es lo que sucedió a fines del siglo XX y comienzos del XXI. Se repitió un esquema que abunda en nuestra historia, esta vez bajo el liderazgo del Mallku Felipe Quispe Huanca. La intensidad de esa rebelión provocó pánico en los sectores criollos más retrógrados, quienes favorecieron, furtiva y directamente, la emergencia y el liderazgo de Evo Morales.
En ese contexto, la dirección ideológica y física del MAS fue siempre criolla. Quien mandó en esa organización y en su gobierno fue Álvaro García Linera: Evo era la cereza indígena que coronaba el pastel inmaculadamente blanco. Para ese efecto, García Linera diseñó una vicepresidencia a su medida y conveniencia, un instrumento funcional para él, pero inconveniente y conflictivo para el actual gobierno, que tuvo que heredar fatalmente ese diseño convirtiéndose en una de las razones de la ruptura entre Rodrigo Paz y el actual vicepresidente, Edmand Lara.
Igualmente, la ideología que durante el gobierno del MAS se presentó como indígena era, en realidad, el posmodernismo culturalista ya iniciado por anteriores gobiernos neoliberales. Jaime Paz Zamora inició la estrategia de la «diplomacia de la coca» entre 1991 y 1992, que alcanzó una de sus expresiones más relevantes en la Exposición Universal de Sevilla, en abril de 1992. La wiphala fue izada por primera vez en la Prefectura del departamento de La Paz durante la gestión de Mateo Laura Canqui (2003-2005), nombrado por Carlos Mesa.
Las medidas «indígenas» del gobierno del MAS ya habían sido instaladas durante el gobierno de Sánchez de Lozada, como ocurrió con los Territorios Comunitarios de Origen, que fueron prefigurados en la Ley de Participación Popular (Ley N.º 1551), del 20 de abril de 1994, mediante el reconocimiento civil de las Organizaciones Territoriales de Base (OTB).
Ahora bien, respecto de la herencia cultural y la vivencia institucional, ¿puede exigirse la inamovilidad en el poder político cuando uno de los rasgos culturales indígenas es precisamente la alternancia y el cambio de autoridades comunales, dentro de la lógica del "Sistema de Cargos" o Thaki (camino), y de la rotación o Muyu (círculo)?
No existe, pues, ninguna base para argumentar una exigencia popular en favor del «retorno» de Evo Morales. Existe, eso sí, un vacío conceptual en el actual gobierno y un desconcierto funcional que solo pueden favorecer al MAS y al retorno de Evo… salvo que medie la insurgencia de nuevos actores y la vigencia de nuevas interpretaciones.
Un repaso de la historia de Bolivia nos permite conjeturar que surgirán nuevas organizaciones y nuevos líderes indígenas. Esta vez, con inéditas aproximaciones de pensamiento e innovadoras formas de organización. Si se logra articular conexiones y vínculos con los otros actores de la sociedad boliviana, en un proceder que siempre estuvo presente en la historia de Bolivia, pero que hasta ahora concluyó en resultados frustrados, lo del MAS y Evo Morales podrá dejar de ser un fantasma que infunde miedo para convertirse simplemente en un acontecimiento aleccionador y hasta anecdótico.
Pedro Portugal Mollinedo es historiador y analista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
