
as investigaciones realizadas por los galardonados con los premios Nobel de Economía 2024 y 2025 ayudan a comprender cómo la economía boliviana, en lugar de crecer al igual que varios países vecinos, fue reproduciendo su estancamiento y atraso con avances y retrocesos.
Primeramente, los premios Nobel de 2024 (Acemoglu, Johnson y Robinson) plantean que son las “instituciones” las que generan el desarrollo o el subdesarrollo de las sociedades. Los laureados se preguntaban ¿por qué fracasan los países y por qué algunos países crecen más que otros? Las instituciones serían “el conjunto de reglas que rigen las interacciones humanas, como la seguridad jurídica, la protección de la propiedad privada, el respeto a los contratos, el sistema educativo y otros. Las instituciones tienen la capacidad de ampliar o disminuir las posibilidades de prosperidad de las personas. Para estos académicos, la tecnología, la geografía y los recursos naturales juegan un papel menor para el crecimiento. Los laureados no trataron, sin embargo, el papel de las ideologías en la dinámica de las instituciones.
Para los galardonados con el Nobel de 2025, diferentemente, los progresos de la tecnología juegan un papel trascendental en el crecimiento. Para uno de estos (Mokyr) la revolución industrial de los siglos XVII y XVIII en Inglaterra y en Europa fue decisiva para impulsar su crecimiento. Los otros laureados (Aghion y Howitt) se interesaron sobre todo por los procesos industriales y tecnológicos del mundo moderno considerando que el crecimiento de los países se genera mediante lo que llaman la “destrucción creativa”. Este proceso consiste en que los productos nuevos y mejores entran al mercado y desplazan a los anteriores. Este proceso tecnológico y sus derrames comerciales causan el crecimiento de los mercados y de los países.
Las conclusiones de los laureados son interesantes para estudiar la historia económica e institucional de Bolivia de los últimos cien años, en particular sus episodios de avances y retrocesos económicos y tecnológicos. Esta historia no fue, lamentablemente, lineal y progresiva, sino salpicada de nuevas instituciones progresistas y nuevas tecnologías, seguidas de instituciones parcializadas y rezagos tecnológicos. Vemos, en este sentido, que las propuestas de los laureados de 2024 y 2025 -instituciones y tecnologías- no se excluyen mutuamente en el caso de Bolivia, si no que algunas veces se combinan y acoplan impulsando el desarrollo económico y social, pero otras se distorsionan causando retrocesos tecnológicos, económicos y sociales. Estos temas, como el caso de Bolivia, no fueron estudiados por los laureados mencionados de los años 2024 y 2025.
El tránsito histórico de Bolivia a principios de siglo XX de la “era de la plata” a la “era del estaño” fue impulsado tanto por los factores institucionales mencionados como por cambios tecnológicos que no se excluían mutuamente. Nuevos factores tecnológicos internacionales jugaron un papel importante, en conjunto con factores institucionales internos. Los países desarrollados de las primeras décadas del siglo pasado comenzaron a requerir grandes cantidades de estaño —no de plata— para producir una serie de bienes para el avance de sus ramas industriales. Esta demanda internacional repercutió en el desarrollo de la minería boliviana.
Simultáneamente, intervinieron los factores tecnológicos como el ferrocarril que conectaba la producción y transporte del estaño con los puertos del Pacífico y con los mercados internacionales. La producción de estaño en las minas experimentó un avance técnico gracias a nuevas herramientas e insumos modernos provenientes de Europa.
Gracias al desarrollo mencionado aumentó el número de trabajadores mineros y obreros en las zonas mineras. La población de las ciudades de La Paz, Oruro y Potosí aumentó considerablemente, así como el número de empleados y oficinistas en los negocios privados y en el comercio de bienes de importación y de exportación. Consecutivamente, aumentó el número de empleados públicos en las entidades y ministerios del Estado, así como en los centros educativos y universidades. Las clases medias se expandieron en sus diferentes capas y estratos.
La ideología que impulsó el crecimiento fue el liberalismo y el grupo social que encabezó el proceso fue llamado “la oligarquía”. Los dueños de las minas que dirigieron su expansión fueron llamados los “barones del estaño”, con fuertes ramificaciones económicas internacionales y con capacidad de controlar la política interna y las autoridades del Estado. Las instituciones que permitieron este largo proceso fueron la seguridad jurídica, para todos, el respeto a los contratos y a los derechos de propiedad y otros.
El desarrollo económico y tecnológico no se limitó a las áreas mineras y a las ciudades mencionadas, sino que trascendió, mediante las cadenas productivas, a otras regiones del interior impulsando su crecimiento. Los trabajadores de los centros mineros y la población de las ciudades requerían de alimentos con precios accesibles. La importación de alimentos desde los puertos del Pacífico, no resultaba rentable. Fue necesario impulsar la producción de alimentos e insumos desde otras regiones del interior por lo que se extendió el ferrocarril hasta Cochabamba y sus valles fértiles. Este departamento se integró entonces a la economía de los departamentos y regiones mineras.
En Cochabamba se fortaleció la clase social de los productores agropecuarios de los valles altos y bajos y el departamento fue denominado “el granero de Bolivia” que producía y exportaba alimentos diariamente a las regiones mineras y a otros departamentos. La tecnología moderna de transporte, el ferrocarril, y otros insumos agropecuarios constituyeron factores decisivos para el desarrollo de Cochabamba y sus zonas productoras.
En este contexto histórico surgieron fuerzas contrarias al proceso que se desarrollaba en Bolivia. La consigna “tierras al indio y minas al Estado” resumía la ideología y la política que rechazaba el intenso proceso de desarrollo existente. Esta consigna no respetaba las instituciones que permitieron el desarrollo de la minería y de la agricultura. La proclama formulada por fuerzas políticas de izquierda fue adoptada por fuerzas nacionalistas de alcance nacional. El partido político Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), siguiendo la consigna, tomó el poder el año 1952 y cambió violentamente a las autoridades del gobierno. Posteriormente las minas de estaño fueron expropiadas y estatizadas y al año siguiente se realizó la “reforma agraria” afectando a los propietarios de tierras de Cochabamba, llamados “terratenientes”. Surgió entonces el minifundio campesino de poca productividad que no logró producir los volúmenes de alimentos necesarios para alimentar a la población de las zonas mineras y de los otros departamentos. Se desechó asimismo el proyecto tecnológico de extensión de la vía férrea a Santa Cruz.
Con el siglo XXI surgió el partido MAS con una nueva ideología y nuevas instituciones dirigidas a no respetar la seguridad jurídica y los derechos de propiedad, así como la separación de los grupos sociales y étnicos para enfrentarlos entre sí. En lo económico pretendía el desarrollo económico mediante empresas estatales dirigidas por funcionarios públicos. Estos funcionarios tendrían la capacidad de impulsar el desarrollo tecnológico del país, así como el empleo y la prosperidad de la población.
Al cabo de 20 años, la mayoría de las empresas estatales quebraron, no mejoraron su tecnología ni contribuyeron a mejorar las condiciones de vida de la población. Según las estadísticas de la OCDE, la informalidad llega actualmente al 85% de los trabajadores, la segunda más alta de América Latina, con un crecimiento de 34% entre 2005 y 2024.
Bernardo Corro Barrientos es economista y antropólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
