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xiste un dicho muy popular que afirma que no se puede comprender verdaderamente a una persona hasta haber estado en sus zapatos. Más allá de ser una expresión cotidiana, encierra una profunda verdad: la experiencia suele ser la mejor maestra de la empatía.

Con frecuencia se opina sobre situaciones que solo se conocen desde la teoría. Emitiendo criterios, consejos o incluso juicios sin haber recorrido el camino del otro. Sin embargo, cuando se está frente a una circunstancia similar, la perspectiva cambia. Lo que antes era ajeno, lejano, ahora adquiere matices que solo la experiencia revela. Conocer no siempre es comprender.

La teoría aporta conocimiento; la experiencia aporta sabiduría. La primera informa; la segunda sensibiliza. Por eso, las personas que han atravesado determinadas pruebas suelen ofrecer los consejos más valiosos. No porque sepan más, sino porque conocen el peso real de aquello que otros apenas imaginan.

Un hecho trascendental en la historia es la que presenta el cristianismo, la encarnación de Jesucristo.. El Hijo de Dios no fue un espectador de la historia, sino alguien que caminó por ella. No permaneció distante del sufrimiento humano, sino que decidió compartir la condición de quienes habitan este mundo, justamente para que no haya reclamos de que no entiende al ser humanos, no escucha, o no sabe lo que está pasando.

Quizá el famoso dicho tenga razón: nada reemplaza la experiencia cuando se trata de comprender. Y si alguien estuvo verdaderamente "en nuestros zapatos", ese fue Jesucristo. La diferencia es que, después de recorrer nuestro camino, abrió también el camino hacia la esperanza para todos.

La verdadera empatía no nace de las suposiciones, sino de la capacidad de acercarnos a la realidad del otro con humildad. Antes de juzgar, conviene escuchar. Antes de condenar, comprender. Y antes de afirmar que conocemos una situación, preguntarnos si realmente hemos caminado ese mismo sendero.

Tal vez, al ponerse en los zapatos de los demás, habría menos prejuicios, menos indiferencia y muchas más oportunidades para construir una sociedad donde la comprensión pese más que el juicio.

Marioly Chávez Arteaga es relacionista internacional, docente universitaria y profesora de piano.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.