
n estos tiempos, para escribir sobre un tema no hace falta ser periodista, pero en cambio para escribir en un medio de comunicación, sí. Sin embargo, los medios de comunicación serios, que se han visto obligados a pasar del medio físico al digital han decrecido en número y fortaleza, para dar paso a los influencers o conocedores de un tema específico que, por su capacidad de influir en las decisiones de los otros han ganado terreno imponiendo su audiencia en las redes sociales.
El gobierno de Rodrigo Paz decidió eliminar el Viceministerio de Información, convencido de que este organismo fue creado por su antecesores para generar propaganda, desinformación y culto a la personalidad. Por esta razón, posesionó en el cargo de nueva directora general de Comunicación Estratégica del Estado a la comunicadora Ximena Galarza Lora el pasado 28 de noviembre, ésta ha mantenido un perfil bajo y casi no aparece en los medios, probablemente porque se definió su cargo como nexo sumamente informativo y no de propaganda, además de reducir el personal.
El Presidente decidió tomar al toro por las astas, en el espinoso tema de la gasolina basura, convencido de que la comunicación con la sociedad boliviana debe ser sin intermediarios, porque las explicaciones se fueron cayendo como naipes: herencia de Luis Arce, boicot y sabotaje, porque hay una mano negra, el contenido fue mezclado con goma, la actuación de las mafias transnacionales y la gasolina adulterada con agua.
Cuando un receptor recibe información diversa en pocos días termina desconfiando de lo que se dice y este es el problema del momento con los transportistas, que exigen menos promesas y gasolina de calidad, mientras el grueso de la población espera que alguien le pague la factura de la reparación de su coche, en tiempos donde los mecánicos tienen abundante trabajo y los talleres no tienen espacio para recibir a más vehículos con desperfectos.
No se puede negar que el presidente Paz transmite convencimiento de lo que dice, intenta seducir a la audiencia con mensajes alentadores y medidas que buscan agilizar el aparato productivo; al mismo tiempo empieza a sentir el desgaste, porque se da cuenta que no siempre está bien acompañado o no eligió bien a sus colaboradores. En esta partida de ajedrez perdió un peón y un alfil. Margot Ayala renunció al cargo de directora de la Agencia Nacional de Hidrocarburos y Claudia Cronenbold asumió como nueva presidenta ejecutiva de YPFB en reemplazo de Yussef Akly Flores.
Todos estos movimientos producen un desgaste y pérdida de credibilidad de las autoridades, quienes debían replantearse la necesidad de contar con una dirección de comunicación que no solo informe, sino se comunique con los sectores afectados para saber con exactitud el entorno donde se mueve el gobierno para dar soluciones globales.
Habrá que recordar que un gobierno se desgasta cuando no puede resolver los problemas estructurales, cuando acumula errores administrativos, cuando se le acusa de algún género de corrupción o por una interpretación errónea de los problemas; todos estos aspectos erosionan su credibilidad.
Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
