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poco de comenzar a leer “Tan faltos de aire”, segundo libro coescrito por Rafael Archondo y Gonzalo Mendieta, cae un verdadero baldazo de agua fría. A mansalva, en las tres acepciones de la expresión. El objeto abordado es la diplomacia Bolivia–Estados Unidos entre 1848–2008 (160 años), con el objetivo de “aquilatar el poder real de la embajada de Estados Unidos en Bolivia”. Objetivo mayor, interesante e importante.

El primer baldazo cae del prólogo “desde los Estados Unidos” de Amy Chua, profesora titular de la Facultad de Derecho de Yale, especialista “en el estudio de las transacciones comerciales internacionales, el derecho y el desarrollo, los conflictos étnicos, la globalización y la ley” según refieren las fuentes disponibles en la Internet. Ella afirma que a partir de 1952, “durante medio siglo, Bolivia fue el mayor receptor de ayuda per cápita, económica y militar, estadounidense en América Latina”, y que “nunca fue una colonia” puntualizando que los autores del libro “la describen como un estado cliente”.

Lo dicho se encuentra con la tesis de Archondo y Mendieta en su introito: “Bolivia no fue casi nada para Estados Unidos, pero Estados Unidos fue casi todo para Bolivia. Pero en Bolivia hay quienes están tan faltos de aire y tan lejos de Estados Unidos”. Nuevo baldazo frío. De enorme significado para los que estén dispuestos a mirar y pensar.

Con este libro, “la obra más completa de la bibliografía boliviana sobre nuestras relaciones con los Estados Unidos. Ambiciosa y lograda (…) entretenida y atractiva”, según Carlos D. Mesa Gisbert en el prólogo “desde Bolivia”, la tesis de los autores resume su contenido gracias a la exhaustiva revisión de datos recopilados con perseverancia por verdaderos investigadores; esos que comprenden que la verdad/realidad–realidad/verdad no yace dentro de sus cabezas y reconocen por tanto el valor de los documentos y testimonios, con todos sus detalles, y los presentan, sistematizados e interpretados, en rigurosa aplicación de la lógica de la ciencia, poniendo en su sitio hechos científicos y opiniones, y con éstas, sus puntos sobre las íes. Así, el trabajo a cuatro manos alcanzó el objetivo propuesto y la tesis fue confirmada a lo largo de tópicos conexos expuestos.

Se encuentra una reseña de los actores diplomáticos enviados por ambos Estados que revela los de sus interrelaciones. Desde 1848, al llegar el primer representante de Estados Unidos a La Paz, hasta 2009 cuando Bolivia suspendió las relaciones diplomáticas con ese país, treparon a los 3.650 metros de altitud promedio sobre el nivel del mar de la sede de gobierno boliviana 59 embajadores estadounidenses, y Bolivia envió 45.

Se establece que Bolivia eligió a los 45 de entre los mejores perfiles, y Estados Unidos casi siempre a personajes marginales de su cuerpo diplomático. “Bolivia no fue una colonia de los Estados Unidos, fue un confín de la tierra (…) a Bolivia los estadounidenses no venían a mandar sino sobre todo a perder el aire” (pág. 183). Contundente baldazo en el ego antimperialista, convencido de que “la Embajada” decidía todo. No fue así, ni siquiera respecto de la guerrilla guevarista. En la transversal económica que cruza el desarrollo de esta historia, la información revela las constantes dificultades de Bolivia y su permanente necesidad de ayuda de la potencia norteamericana, no muy interesada en asociarse comercialmente con ella, en contra de la pretensión de importancia crucial de Bolivia.

En cuanto a la política interna se constata la recurrencia de conflictividad social, fragilidad institucional asociada al caudillismo y corrupción, con desemboques en golpes de estado, fraudes electorales y confrontaciones violentas como sellos de la realidad del país. Obviando fechas, lugares y nombres, hay muchas partes del libro que parecen reflejar la situación actual.

Sobre la influencia de los factores políticos externos se nota una ausencia en el enfoque de Archondo y Mendieta: la injerencia de agentes opuestos al “imperialismo” durante la Guerra Fría, y el despliegue del Eje Rusia, Irán, China y Corea del Norte, con Cuba en medio, después de la desaparición del bloque soviético.

Un apartado que gira en torno a la cuestión de la coca como eje fundamental del curso de las relaciones diplomáticas de la potencia del norte y el corazón de Sud América es de mucho interés. Tiene la virtud de esclarecer sucesos que definieron incluso prisión para un dirigente político como medio de venganza contra la política de “coca no es cocaína” definida por su partido a fines de los años ‘80. En suma, baldazo a baldazo, el libro da un baño de realidad a los lectores que se prolonga, en cámara lenta y sin pausa, a lo largo de una singular historia de Bolivia.

Amy Chua, al cerrar su prólogo recomienda a Bolivia y a los Estados Unidos leer “Tan faltos de aire” antes de normalizar sus relaciones. Que lo hagan todos los que se preocupan por el país, amen o detesten a la potencia del Norte, a condición de hacerlo con los ojos y la mente abiertos.

Gisela Derpic Salazar es abogada y asambleísta departamental en Tarija.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.