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oberto Laserna ha publicado hace poco el libro “Charcas: de Castilla a Bolivia”. En él abre un abanico de textos a propósito de la profundidad identitaria de Bolivia como nudo principal. Destina la primera parte a la fundación y notas de la Audiencia de Charcas, tribunal sobre cuyo territorio se erigió la República en 1825; la segunda se refiere a “la transición de Charcas a Bolivia”. Finaliza con una serie de tópicos que revisitan diferentes momentos de la historia boliviana hasta 2019 en la tercera.

La obra combina datos históricos con aportes teóricos y opiniones propias del autor, directas y sustentadas. Es una colección interesante de ofertas temáticas con aspectos destacables; entre ellos y de comienzo, el cuestionamiento a mitos construidos e impuestos.

Su enfoque corresponde a la corriente crítica de la llamada “leyenda negra” de la conquista que encuentra en el incario un paraíso truncado por la irrupción de España, escoria del mundo, después del descubrimiento de la nueva tierra por Colón. Al respecto apunta Laserna fallos importantes del incario y virtudes del régimen virreinal edificado por los españoles en el nuevo mundo, sin caer en una defensa intransigente de España.

Escarba los antecedentes de la fundación de la Audiencia de Charcas, singular precedente judicial de la formación de “una entidad independiente”: la República que, por fidelidad con su origen, debió llamarse Charcas señala él.

Hace una remembranza de Francisco de Toledo, el virrey de Lima entre 1569 y 1581, de cuya capacidad como estadista destaca como demostración el reordenamiento territorial y poblacional que impulsó, así como las leyes que promulgó en distintos ámbitos, incluyendo aquellas para la protección y defensa de los nativos, así como para la educación y catequización en su propia lengua.

Presenta sobre este personaje, condenado por su papel en la organización de la explotación minera y el castigo a los rebeldes, un rasgo sorprendente: la aplicación intensiva y sistemática de investigaciones con rigor metodológico, inesperados en aquel tiempo, como base para la legislación y, algo extraordinario, para la constatación de su efectividad ―logro de sus objetivos―, no dudando en modificar aquellas leyes que no la demostraban. Sobre la base de esta consideración, Laserna llama a Francisco de Toledo “pionero de las ciencias sociales”. De la sociología jurídica entre ellos.

Atiende a las notas de la “guerra de la independencia” sucedida entre 1809 y 1825 y afirma que fue una guerra civil con participación de grupos armados, cuyo desarrollo tuvo impactos poco estudiados por falta de fuentes documentales. Reflexiona acerca de cómo, en medio de tal escenario de violencia y confusión, surgió la idea de la separación de España y la formación de un estado nuevo, con más razón de fuerza que de política.

Analiza a Pedro Antonio y Casimiro Olañeta, tío y sobrino, figuras relevantes por su participación en los sucesos que desembocaron en la fundación de la República en 1825. Militar el primero, recordado como el último y solitario defensor de la Corona Española. Murió en Tumusla antes de enfrentar al ejército comandado por Bolívar y Sucre. Afirma el autor que poco antes rompió con el Virrey José de la Serna y replegó sus fuerzas a la Audiencia de Charcas, lo cual pudo inspiró la idea de fundar un país en las provincias de la jurisdicción de ese tribunal.

El segundo, Casimiro, fue un abogado y político de cepa a quien se debe en gran medida la fundación de Bolivia. Con gran capacidad de adecuación a las circunstancias ―“cintura política” podría decirse― se acomodó como consejero y funcionario muy requerido por sus dotes. Vivió en medio del aprecio y gratitud de la gente, y sólo después de morir fue juzgado con severidad.

Una parte esencial del libro está en el prólogo, donde formula preguntas clave: qué se celebra el 6 de agosto y si valió la pena la separación de España; por qué la demora entre el llamado primer “grito libertario” de 1809 y la firma del Acta de Independencia quince años después; qué pasó en verdad en ese tiempo; cuál fue el apoyo de la gente a los guerrilleros; por qué se necesitó intervención extranjera para terminar la guerra y cuál fue el papel de los nativos en el momento decisivo. Duda de la prolongación del régimen virreinal por tres siglos si fue tan oprobioso y explotador como dice la historia oficial, sin haber contado con un ejército represor. Pregunta si eso significa que los nativos eran dóciles y mansos y por qué ellos defendieron ese sistema al final.

Sostiene desde allí las tesis de que el proceso fundacional de Bolivia fue improvisado, sin debate profundo ni participación amplia de la sociedad, lo cual originó el caudillismo como eje de la política boliviana, hasta ahora. Atreverse a hacer preguntas incómodas es una contribución valiosa que además requiere valor para hacerlas. “Charcas: de Castilla a Bolivia” lo patentiza en ambos sentidos.

Que el aporte de Roberto provoque la búsqueda de las respuestas.

Gisela Derpic Salazar es abogada y asambleísta departamental en Tarija.

_El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo. _