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aría Corina Machado ha vuelto. A Venezuela y al centro de la atención mundial también. El New York Times el 27 de octubre resume el caso al decir que “después de casi 10 meses en el exilio, Machado, la premio nobel y líder de la oposición de Venezuela, regresó para desafiar a los líderes que la han marginado y presionar por nuevas elecciones”.

Por la fragilidad de la memoria y la manipulación de los hechos en pro de intereses en juego, conviene repasar los antecedentes inmediatos de esta nueva acción de María Corina para comprender cabalmente esa aseveración de prensa. El acontecimiento más importante en tal recuento es la victoria de Edmundo González Urrutia en las elecciones presidenciales de Venezuela el 28 de julio de 2024, con casi el 70% de los votos; demostrada con el 80% de las actas de la votación obtenidas por los más de seiscientos mil voluntarios desplazados aquel día para hacerse de las pruebas de la elección.

Semejante logro sobrevino a la inhabilitación de la candidatura de Machado y la negativa de inscripción a Corina Yoris, su primera sustituta, por el régimen tiránico de Nicolás Maduro. Todo dentro de unas elecciones caracterizadas por la restricción de la libertad y los derechos civiles y políticos de los ciudadanos por medio del control de pensamiento, opinión y acción; la desigualdad manifiesta entre el dictador decidido a mantenerse en el poder con todos los medios a su ilegítima disposición frente a la heroica campaña de la oposición, “alternativa de liberación política del ciudadano”, “reacción ciudadana existencial a la necesidad de tener un marco referencial ético” en declaración de “Vente Venezuela”; la parcialización del árbitro de la contienda y la inseguridad de los resultados por la opacidad de un sistema diseñado para torcer la voluntad ciudadana.

Después de la hazaña electoral, María Corina Machado afirmó que se debía llevar adelante “una negociación para la transición ordenada, estable y pacífica” hacia la democracia, porque “Venezuela ya decidió y es hasta el final”. No fue así. Sin embozo alguno, frente al mundo entero, la tiranía siguió en el poder y arreció la represión. Machado pasó a la clandestinidad y se mantuvo con firmeza en la convocatoria al cambio democrático, sorteando riesgos para su vida y su libertad.

A principios de diciembre de 2025 salió de su país en una operación cuyos detalles apenas son conocidos. Fue el comienzo de ese exilio referido en el titular del periódico neoyorquino transcripto. Fue el tiempo del impacto de las mutaciones radicales de un mundo donde lo único cierto es la incertidumbre porque nada es ya lo que parece, sobre la causa democrática de Venezuela y sus principales protagonistas, Machado y Gonzáles Urrutia.

Conviniendo con Cayetana Álvarez de Toledo en que la pugna entre los bloques internacionales está jugándose en Venezuela. Con el sabor amargo que dejó el desplante indisimulado del presidente de la potencia norteamericana a María Corina. Con el que quedó después de los vanos esfuerzos de ella para revertir tal situación regalando al errático jerarca la medalla del premio Nobel. El 3 de enero de 2026, en el contexto de presiones crecientes del gobierno presidido por Donald Trump sobre la tiranía chavista, Nicolás Maduro y su mujer fueron extraídos de Venezuela en la denominada Operación Determinación Absoluta o Resolución Absoluta, y llevados a una cárcel del país del norte mientras se ventilan procesos en su contra por cargos graves de narcoterrorismo y violación de Derechos Humanos.

Parecía el inicio del fin del régimen caribeño, pero no. Si bien la intensidad de la represión descendió, fue la constatación de que todo puede suceder para no suceder nada. Que los business son los business y, en afirmación cínica de Trump, que “al vencedor le corresponde el botín”. Por eso Delcy es “estupenda” para él, pues nadie como ella para ser su cómplice. Por eso es ideal para seguir como “encargada”.

Por eso mismo María Corina Machado no encontró apoyo a su decisión inquebrantable de volver a su país. Ella es un peligro para los planes de negocios de Trump, pues lo suyo son los intereses de los venezolanos que claman por libertad y respeto a sus derechos, lo cual no es posible sin la recuperación de la democracia y la soberanía perdidas hace casi tres décadas.

Hoy la líder venezolana vuelve a plantar bandera con sus convicciones democráticas y liberales: contra toda forma de tiranía e imposición, lucha ética y pacífica inquebrantable. En medio del desaliento que provoca la capacidad instalada del autoritarismo para usurpar las palabras y legitimar el desastre, María Corina sigue abriendo la brecha para el avance de la libertad, en Venezuela y más allá. En Bolivia también.

El valor de ella no sólo se manifiesta en su tenaz enfrentamiento a los riesgos personales que corre por su lucha hace tanto. Radica además en su integridad ética y en su decisión de enfrentar a todos los enemigos de la democracia, hablen la lengua que hablen. María Corina Machado es un tesoro. Y lo tenemos.

Gisela Derpic Salazar es abogada y asambleísta departamental en Tarija.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.