Imagen del autor
L

a crisis ha llegado a todos los niveles, está más allá de lo puramente económico, por lo que es previsible que lleguemos a momentos de ingobernabilidad o de confrontación con las fuerzas del orden o entre sectores de la sociedad civil, si es que el Gobierno no retoma la iniciativa política, es insostenible permanecer así indefinidamente.

Pretender resolver la crisis económica sin formular una estrategia política, no solo es insuficiente sino peligroso porque las propuestas parciales pueden desencadenar reacciones incontrolables que agudicen aún más la crisis global. La crisis política y social está en la cresta de la ola, los sectores más radicales del conflicto no tienen en su libreto llegar a consenso alguno, su estrategia es la misma de siempre, buscan derivarlos al ámbito político, vale decir, objetar a los gobernantes en el ejercicio del poder.

En paralelo el país ha ingresado a un proceso electoral y quienes suponían que las elecciones subnacionales y locales iban a contribuir a opacar la crisis y a consolidar la democracia con la sola presencia ciudadana en las urnas, se equivocaron.

La visión formalista y reduccionista de la democracia de los nuevos actores políticos, que suponen que con solo votar basta para consolidarla y derrotar a los autoritarios que en sus últimos estertores, convulsionan al país y degradan las prácticas democráticas con el objetivo de recapturar el poder, es no comprender que les tocó abrir y conducir un nuevo periodo histórico en reemplazo del Estado Plurinacional que instale otro modelo de Estado, de sociedad y de poder político.

Este es el tema de fondo, el resto es pretexto. Conjeturar que la COB, corresponsable de la crisis, iba a llegar algún acuerdo con el Gobierno y viabilizar la aplicación del DS 5503 con algunas modificaciones es pedir que los beneficiarios de la dictadura se autoflagelen, pensar que llevándolos a una mesa de negociaciones se iban a debilitar los bloqueos de caminos organizados por las cúpulas masistas que aún operan extorsionando impunemente a sus bases con multas y amenazas, es pueril.

El objetivo del Gobierno es diferente al de la COB, el uno quiere reconstruir democracia y salir de la crisis, la otra busca recuperar algo de sus derruidas fuerzas constituyéndose en la punta de lanza conspirativa. Pobre COB, de ser el gran instrumento de los trabajadores que luchó en contra de las dictaduras para recuperar la democracia, ahora opera exactamente al revés, busca destrozarla para que retomen el poder las fuerzas reaccionarias.

El Gobierno, agobiado por propios y extraños, no ha tenido la posibilidad de iniciar el rearmado de un sistema político democrático que hubiera contribuido a darle un sostén institucional en la resolución de la crisis integral, de este modo, el proceso electoral hubiera contribuido en la resolución pacífica de la crisis, arrinconando y derrotando a los grupos antidemocráticos en las urnas, como sucedió en octubre y noviembre del pasado año.

En lo operativo la gestión de Paz Pereira devela la falta de control sobre la burocracia estatal, en la que siguen operando funcionarios que van en contra ruta de las directrices gubernamentales.

Los formalistas, ubicados en la luna de Babia, concentran sus fuerzas en el campo electoral, la crisis no les llega, aparecen innumerables candidatos salvadores sin vinculación con ningún sector social ni causa alguna que pueda alimentar sus aspiraciones, son individualidades en un espectáculo en el que actúan rodeados de flashes, micrófonos, luces y fans, están fascinados con su popularidad.

Por si fuera poco, unos datos refrendan la realidad, que en una democracia mínimamente consolidada hubiera sido de escándalo, el Tribunal Supremo Electoral ha inhabilitado a 26.000 candidatos y solo 8.100 han sido habilitados de cerca de 34.000 inscritos. Las observaciones se condensan en la no presentación de los documentos requeridos, no por descuido sino porque los grupos políticos inscribieron a candidatos fantasmas en la idea de reemplazarlos cuando consigan unos verdaderos, como no son partidos políticos ni tienen militancia asumieron la responsabilidad unos ineptos en la política.

La parcelación es extrema, los actores electorales sobreviven en sus reductos, el Parlamento intenta encontrar un rumbo, el Ejecutivo no cuenta con una base social importante ni una estructura organizada que sostenga en la calle las medidas que ha tomado, dando la impresión que quiere afirmar su relación con una tecnocracia sin sentido de lo nacional, en tanto, los conspiradores cobran fuerza en su tarea desestabilizadora y se cohesionan en la conjura.

Entonces las candidaturas, incluidas las del oficialismo, han caído en la promiscuidad electoral, con alianzas que utilizan siglas vacías y siglas que lo hacen con candidatos de ideas aldeanizadas, con honrosas excepciones. Las elecciones subnacionales y locales no son parte de la reconstrucción del sistema democrático, son parte del conflicto que nos deja la dictadura.

La lucha es por el poder, o se consolida la democracia o retorna el oprobio dictatorial. Las movilizaciones de la COB cumplen con la tarea de desgastar al Gobierno y justificar el pedido de su renuncia, maniobran políticamente con el fin de mantener el conflicto en el tiempo, lograr mayores apoyos y hacer creer que tuvo la voluntad de negociar, pero se fracasó por culpa del Gobierno, es una estrategia harto conocida.

Si las cosas han tomado este rumbo, la respuesta gubernamental debería partir de esta dura realidad.

Germán Gutiérrez Gantier es abogado y político.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.