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amen Saavedra, con 2,8 millones de seguidores en TikTok, es un serio candidato a ocupar la alcaldía cruceña; a su turno, Alfredo Solares que impuso una campaña solidaria ayudando a ciudadanos en estado de calle es candidato por la Alianza Patria. Estos tiktokeros encontraron la veta de la popularidad tocando temas sensibles del día a día de la población.

Por el occidente se navega en idénticas aguas. Gabriel “El Mamani” se postula a la alcaldía de El Alto por el PDC y ha recibido el apoyo del vicepresidente Lara, a quien le dio resultado el TikTok del estrangulamiento. “Es momento de nuevos líderes y no esperen un cambio con los mismos de siempre”, repitió en su discurso. Por esa misma línea avanzan Bárbara Lucía Calderón, una joven abogada y el TikToker Sr DayGon, quien empezó como crítico político y terminó como abanderado del movimiento “Sullu”.

En este nuevo panorama político abogados, periodistas y tiktokers comparten la palestra de la preferencia; la basura, el transporte y la seguridad son los temas que se imponen en el discurso que intenta convencer a ese grueso de la población, olvidando a las personas mayores de 30 años.

Los llamados analistas, que se multiplican como hongos en el periodo pre eleccionario, protestan porque en estos tiempos tiene más mérito ser tiktoker que profesional. Estos personajes emergentes han nacido en el escenario digital y buscan el voto joven, adaptando canciones populares que escuchan los jóvenes, apelando al lenguaje coloquial sin importarles el buen manejo del idioma.

Llegar al corazón antes que la razón, parece ser el objetivo inicial; de esta manera, personas sin trayectoria partidaria ni experiencia en gestión pública golpean las puertas del escenario electoral.

En un rápido sondeo de opinión realizado entre veinte personas, me encontré con la sorpresa que la mitad de ellos reciben la información a través de los otros (me han dicho); otras siete a través de las redes sociales y solo tres a través de la radio o un medio escrito.

Ocurre que miramos las pantallas de nuestros teléfonos móviles un promedio de 150 veces por día. Esa es la ventana que nos une al mundo. Su extravío u olvido puede conducirnos a una fuerte sensación de frustración. Vivimos enganchados a la red, en una práctica que parece ser bastante adictiva, especialmente cuando se hacen algunos usos de ella como el juego o enterarnos del chisme de la jornada.

En este panorama, TikTok dejó de ser una simple plataforma de entretenimiento, para convertirse en un espacio central de circulación de discursos políticos y construcción ideológica, especialmente a través de los guerreros digitales. Este cambio no es un simple capricho tecnológico, sino a una transformación profunda en la forma como las nuevas generaciones se informan, interactúan y entienden el poder.

TikTok tiene todos los ingredientes que necesita un joven para volverse adicto a él, vídeos de corta duración, música, creatividad, filtros divertidos y ahora personas que buscan ganar la atención con actitudes valientes, poses solidarias y lenguaje básico que se utiliza en el día a día.

En TikTok navegan nuestros jóvenes sin ningún control ni restricción alguna, recibiendo comentarios sin filtro y sugerencias de personas con escasa formación que buscan una mayor cantidad de seguidores y ahora quieren ganar un lugar en el escenario político, aunque no conozcan un ápice del manejo de la cuestión pública.

Como en la gran mayoría de redes sociales, en la aplicación TikTok se expone visualmente el día a día de los usuarios y acciones vinculadas con su vida privada, atrás va quedando Facebook y empieza a fortalecerse Instagram, que merece otra inspección.

Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.