Imagen del autor
N

acido en Camargo Chuquisaca Ramiro Velasco, es uno de los intelectuales más importantes de finales del siglo XX. Fue un dirigente revolucionario y democrático lúcido alejado de los dogmas inmovilizadores.

Su producción intelectual es fruto de la reflexión vívida de la realidad nacional de la que él fue actor importante, con sus escritos alimentó las trincheras revolucionarias y las luchas democráticas, por lo que sufrió persecuciones, exilios, clandestinidades, inseguridades, riesgos personales y familiares. Reconquistada la democracia, cumplió funciones de dirigente del PS-1, fue diputado, embajador, candidato a la presidencia y columnista.

Falleció en La Habana en la plenitud de su capacidad intelectual a pocos días de haber presentado credenciales al gobierno cubano como embajador boliviano.

Su obra es profunda, solo con citar La Democracia Subversiva, El Drama de Nuestros Tiempos o La Creación de la Idea Nacional uno se percata de la renovación del pensamiento político boliviano, que sin perder su rigor científico lo hace con pasión por el cambio, tenía los pies bien puestos sobre la tierra, lo que le valió no pocas críticas de la ortodoxia.

Su visión crítica no se queda anclada en la reiteración de consignas o dogmas de manuales obsoletos y primarios, en muchos de sus escritos ya nos advertía de lo que sucedería en Bolivia, no como clarividente sino siguiendo las líneas que operaban en el mundo y lo que podría reproducirse en nuestro país.

En La Democracia Subversiva se confronta a la idea mecánica de que la democracia es un sistema acabado, considera, por el contrario, que es un proceso vital y transformador que cuestiona el orden establecido, afirma que no basta la existencia formal de eventos electorales, partidos o leyes, sino que es necesaria la participación activa de la ciudadanía para que se produzcan cambios sociales, políticos y culturales. Ya percibía la existencia de una democracia electoralizada, envilecedora del sufragio como sustento de experimentos autoritarios.

En su obra El Drama de Nuestros Tiempos, que es una recopilación de ensayos, advertía "las filosofías privatistas llevan a la pérdida del sentido nacional" y, en el otro extremo, la emergencia de "la nueva intelectualidad insurgente, indigenista y racista enfrentada al sistema…” activaba “…un indigenismo asalariado afirmado en los complejos de culpa de los ecologistas europeos", con "antropólogos a sueldo que fomentan un indigenismo retrógrado -que- puede dar el golpe de gracia a la ilusión de una Bolivia y desembocar en su balcanización bajo el pretexto de crear un nuevo Estado multinacional” que ha dado lugar a hostilidades adjetivas y a una fragmentación política extrema que, hoy la observamos en las elecciones subnacionales y locales.

En La Creación de la Idea Nacional, orienta cómo se construye la nación, es, decía “…un resultado histórico que emerge de procesos políticos, culturales y sociales…” afirma que la nación es una construcción incompleta debido a su diversidad que impide la consolidación de una identidad común y que uno de los problemas centrales es el marginamiento de sectores, en particular, del indígena. Concluía, acertadamente, que la nación no sólo es territorio sino una conciencia colectiva compartida.

Su profundidad en innegable, se extraña su presencia y su pluma superadora de tergiversaciones como la aventura de lo plurinacional.

Su último libro La Sangre de todos: Relato Literario sobre la Guerra Federal en Bolivia, es una edición agotada y me parece de poca circulación, que debería ser reimpreso por ser un aporte importante para comprender un evento complejo y doloroso en la construcción de la república.

Tengo en mis manos un escrito no publicado Descentralización y Privatización que me fue entregado por su hija Irma, en el sostiene que la centralización como la descentralización “…no obedecen a criterios de rigor científico y técnico que son indispensables…” prosigue “…el clima de agiornamiento liberal con su peso sofocante sobre casi todos los paises ha hecho surgir con fuerza inusitada el Partido del Mercado que alinea y realinea tanto a viejas como a nuevas corrientes…” que hoy obnubilan el debate creativo.

Una de sus conclusiones sugiere que “Junto a la descentralización político-administrativa tendría que estudiarse una forma de regionalización científica con fines de desarrollo, de tal modo que las unidades departamentales queden sobrepuestas por regiones socioeconómicas en unidades de mayor tamaño territorial.” Sus afirmaciones son provocaciones que confronta a la pura retórica con la búsqueda de soluciones estructurales.

La obra de Ramiro Velasco Romero debería releerse y sí mejor estudiársela en los círculos políticos y académicos con mayor rigor, pues, bien podría orientar en la construcción de la nueva era democrática.

Ramiro Velasco Romero a quién reconozco como uno de mis mentores, en un año más hubiera cumplido 90 años y el 2028 se conmemorarían 25 años de su fallecimiento, motivos más que suficientes para recordarlo con admiración y afecto.

Hace años un grupo de intelectuales bolivianos del más alto nivel, amigos y compañeros de lucha decidimos escribir su biografía política, desafío que no ha sido cumplido pero que merece ser reimpulsado.

Ramiro Velasco Romero no es para el anaquel es para la trinchera.

Germán Gutiérrez Gantier es abogado y político.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.