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a dictadura electoralizada que gobernó nuestro país fue derrotada en las urnas en agosto y octubre del pasado año, empero permanecen latentes algunos residuos que deben ser desbaratados.

La tarea de construir una cultura contrahegemónica que persuada a los ciudadanos de que los comportamientos instalados en estas dos décadas alimentan pautas culturales repudiables, esta pendiente. Se ha frenado la posibilidad de abrir una nueva era democrática y puesto en riesgo la urgencia de recuperar los valores y principios democráticos.

La entelequia de lo plurinacional promotora de la división de la sociedad en posiciones irreconciliables, sustentadora del neopopulismo autoritario y fascistoide ha penetrado hasta los más recónditos rincones de la estructura social generando una realidad perversa.

En medio y por inercia, se configuraron fuerzas políticas electorales con el único fin de competir en las urnas sin asumir el rol de ser los articuladores y conductores del nuevo periodo. El principio y el final de su existencia es puramente electoral, suponen que el sufragio es mágico, porque resuelve todos los problemas políticos, económicos, sociales y morales de la sociedad.

El rearmado de la democracia se enfrenta a conspiraciones que no reciben una enérgica respuesta a la altura del daño que causan, sus promotores se mueven con comodidad y están cobijados por complicidades extrañas.

En estas circunstancias el gobierno nacional va a cumplir medio año de gestión con la reinstalación de una conflictividad que recurre a prácticas heredadas no siempre reivindicadoras de justas demandas, reaparecen grupos violentos y amenazantes al grado de que el propio presidente reconoce la existencia de un “bloque de agresión política” que es respondido con un discurso que deja las cosas como están ¿por prudencia, por miedo o por extrema debilidad del poder político?

Sin embargo, los problemas no solo están fuera del gobierno sino en su interior, el hecho que recurra a la dictación de decretos supremos en lugar de recurrir al parlamento para que dicte leyes en temas de significación es una mala señal, la falta de una bancada propia que impulse sus iniciativas le empieza a pasar factura y su incapacidad de llegar a acuerdos con otras fuerzas lo aísla.

La política y los políticos disfrutan de lo menudo, la ausencia de causas los caracteriza, viven el día, muy pocos piensan en el futuro, la esperanza de que las fracciones sobrevivientes de la dictadura sean puestas en su lugar se disipa, el desorden, cimiento de la ingobernabilidad, crece.

Vuelve el pasado, todo funciona mal o no funciona, el esfuerzo personal del presidente y de unos cuántos ministros por enfrentar los problemas no basta. Los órganos del estado no son creíbles, más se esfuerzan por reproducir prácticas populistas que efectuar cambios importantes en las entidades estatales, la iniciativa política esta en el TikTok.

La agenda pública no prioriza la necesidad del rearmado del sistema político que organice instituciones, dicte normas y afirme una estructura jurídica, transmita creencias e impulse procesos, genere una cultura política democrática y renueve un sistema de partidos políticos desde la ciudadanía.

Una realidad no deseada se ha impuesto, en un contubernio espontáneo, conviven sectores democráticos junto a grupos autoritarios, que impiden la creación o el funcionamiento adecuado de las instituciones, peligrosamente se mezclan rasgos dicotómicos configurando una hibridez que confunde. El gobierno como las fuerzas políticas democráticas, no perciben que el enemigo principal son los residuos del pasado derrotado y que la pugna central no es entre quienes pertenecen al bloque democrático.

Una mala lectura de la coyuntura los puede llevar a derrotas estratégicas y reabrir procesos de confrontación e ingobernabilidad, subestimar las victorias del evismo en la gobernación de Cochabamba y la alcaldía de La Paz sin asumir que la dispersión en el mapa electoral y la presencia de infiltrados por el pensamiento masista en concejalías y asambleas departamentales es para generar el desorden y la ingobernabilidad, es un grave error.

La democracia nuevamente está en vilo, los políticos son insensibles o están desorientados, no dan pie en bola, los miembros del bloque democrático se enfrentan entre ellos e ignoran a los de antes que se recomponen sin resistencia alguna.

Basta, esto tiene que concluir. Rodrigo Paz, Jorge Quiroga, Samuel Doria Medina y Manfred Reyes Villa se deben a la sociedad, están obligados por la fuerza de las circunstancias más que por decisión propia, a terminar con el neopopulismo autoritario y abrir el periodo democrático, cumplida esta misión podrán disputar entre ellos lo que quieran, mientras tanto no eludan su histórica responsabilidad, deben llegar a acuerdos democráticos mínimos proponiendo un nuevo modelo de estado, de sociedad y de poder político.

El MAS ha fracasado por errores propios y por querer imponer un modelo insostenible, pese a ello el bloque democrático no ofrece alternativa alguna, que podría permitir la reproducción del masismo que no será necesariamente articulando una sigla o a los movimientos sociales sino ratificando pautas culturales antidemocráticas en la ciudadanía que no han sido expulsadas de su cotidianidad.

Germán Gutiérrez Gantier es abogado y político.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.