
olivia atraviesa por un proceso altamente conflictivo producto de la conspiración de sectores neopopulistas autoritarios fascistoides que buscan retornar al poder a cualquier costo.
Al ser, en esencia, movimientos antidemocráticos, no es casual que existan grupos armados en los bloqueos de caminos que demandan de renuncia del presidente y la convocatoria a elecciones en 90 días, los bloqueadores impiden el paso de alimentos y medicinas que son considerados actos de exterminio o crímenes de guerra constitutivos de la comisión de delitos de lesa humanidad que deberían activar la intervención punitiva inmediata del estado; en sus marchas operan en patota intimidando y golpeando a ciudadanos indefensos sin que nadie ponga las cosas en su lugar; varios periodistas han sido agredidos y todo queda ahí, la ciudad de La Paz esta secuestrada por beligerantes que circulan impunemente por sus calles, la democracia es agredida sin piedad.
El gobierno, con el agua hasta el cuello, pide diálogo y los que se realizan concluyen en acuerdos extorsivos e insostenibles para el estado, los lideres políticos favorecidos por el voto ciudadano prefieren mantener un bajo perfil dejando en soledad al presidente y el camino libre a los violentos. La gente ha pasado de un moderado optimismo a un pesimismo radical, porque no se vislumbra una salida, las invocatorias de encontrar una solución pacífica no encuentran respuestas en proporción al conflicto.
La desesperanza perfila un futuro desalentador, a diario se constata que muchos eluden sus responsabilidades y el gobierno nacional busca reconciliarse con lo más oscuro de los movilizados.
La estrategia de ganar tiempo sin responder a las exigencias ciudadanas, sea por miedo a hurgar el avispero étnico o porque el presidente tiene el peso heredado de que en su gobierno no deben haber muertos, paradógicamente, incrementa la violencia y el costo social es mayor.
El presidente ha dejado deslizar en sus declaraciones algún optimismo ingenuo, suponiendo que todo se arreglará en el tiempo lanzando alguna que otra arenga complaciente que contrariamente motiva la belicosidad de los conspiradores. Paz Pereira, al no activar sus facultades constitucionales ´pierde el control sobre los hechos y las soluciones no se darán prolongando el conflicto, por el contrario se agudizarán.
El temor gubernamental de no provocar la reacción de los pluris y con ello evitar se convulsione al país, ya no tiene sentido ni justificación, las cartas han sido lanzadas, en estas condiciones no es posible llegar a ningún consenso o acuerdo, o triunfa la democracia o se imponen los autoritarios.
Ahora más que nunca se requiere de reacciones firmes, decididas y contundentes, apuntar a quién se cansa primero sin calcular el costo que esto implica y no articular acciones complementarias que interrumpan las fuentes de financiamiento y afecten a los niveles de conducción de los golpistas, es una apuesta que intranquiliza y exacerba el animo ciudadano que cansado del abuso ha empezado a movilizarse en varias ciudades, que previsiblemente, tendrán un incremento importante, en consecuencia, la lucha se librará y definirá en las calles y en los caminos, como sucedió en el pasado.
Estos días serán definitorios, podría estar cerca el desenlace más allá de la voluntad gubernamental o de la de los bloqueadores antidemocráticos, la cancha empieza a ser ocupada por una ciudadanía rebelde y cabreada de tanta agresión. Ser optimista o pesimista ya no es el problema, es el momento de asumir responsabilidades con realismo.
Germán Gutiérrez Gantier es abogado y político.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
