
ara algunos, las intenciones y acciones actuales de Vladimir Putin son un enigma, mientras que, para otros son ya conocidas. En efecto, se sabe cuáles son sus objetivos y qué es lo que busca tanto en Ucrania, en Europa occidental como en el mundo. Sus intenciones son conocidas desde principios de los años 2000, cuando comenzó a cambiar autoritariamente las leyes del Estado y electorales a su favor.
Putin acaba de ganar las altamente cuestionadas elecciones presidenciales en Rusia supuestamente con el 87% de los votos, frente a otros pocos candidatos desconocidos. Su adversario más serio, conocido y muy popular, Alexei Navalni, fue eliminado físicamente unos días antes de las últimas elecciones cuando se encontraba preso de Putin en una prisión muy alejada de Siberia. Putin pasará a la historia como el político que más opositores liquidó físicamente en su afán por avanzar y aumentar su poder.
Aparecen con frecuencia en la prensa, desde hace varios años, noticias poco claras sobre la detención arbitraria de sus opositores conocidos o incluso sobre sus muertes por accidentes o por suicidios al lanzarse desde sus oficinas y domicilios situados en lo alto de los edificios. En tiempos de Stalin los altos dirigentes purgados del partido comunista adversarios del Presidente de la URSS simplemente desaparecían o eran sometidos a juicios públicos donde después de confesar sus supuestas traiciones eran fusilados.
La economía rusa no es de las más ejemplares en el mundo. Es dependiente sobre todo de las exportaciones de gas, de petróleo y de otras materias primas sin transformar, al igual que en las actuales economías subdesarrolladas del llamado Tercer Mundo, que dependen de los recursos naturales. La industria manufacturera rusa es pequeña y tecnológicamente atrasada respecto a la industria de Europa occidental y de Asia del Este. Las industrias automotriz, de electromecánica y de electrodomésticos, entre otras, se caracterizan por su escasa innovación técnica y de diseño, incapaces de competir interna y externamente con las industrias y exportaciones de Europa occidental y de otros países. La producción rusa de teléfonos móviles, de computadoras y de chips electrónicos es desconocida y despreciada en el mundo entero. Además, los consumidores de la misma Rusia los rechazan en beneficio de la producción extranjera.
La industria de armamento y de aviación, sin embargo, se han desarrollado y expandido desde los años de la Unión Soviética. El armamento ruso se vende principalmente en algunos países de desarrollo medio y bajo de África, de Medio Oriente y de América Latina, caracterizados sobre todo por sus estrechos vínculos políticos con el gobierno ruso.
Por otra parte, un grupo de los antiguos camaradas del KGB de Putin -el servicio secreto de los tiempos de la antigua Unión Soviética-, se encuentran a la cabeza de las grandes industrias e instituciones como gerentes y directores. Lo que caracteriza al funcionamiento del conjunto del sector industrial ruso es su escasa modernización y competitividad interna y externa. Es un sector gigantesco prácticamente estatal, casi como en los tiempos de la Unión Soviética, que opera en base a los principios de la planificación central y según planes anuales dirigidos por el gobierno central.
El personal de gerentes, directores, especialistas, profesionales y técnicos no está formado para la producción de calidad y la innovación tecnológica, para la competencia interna e internacional y para las exportaciones a diferentes países y regiones del mundo. Estos gerentes y técnicos están acostumbrados a operar de manera dependiente y subordinada al gobierno como en los años ochenta y noventa del siglo pasado, y no conocen de procesos individuales y autónomos de producción e innovación. El capital humano y técnico de Rusia es deficiente y antiguo.
Además, un gran sector de los empresarios rusos es emergente de la disolución de la URSS, cuando aún no existía la empresa privada. Con la desintegración miles de empresas estatales grandes y chicas quedaron en manos de los empleados y técnicos superiores, los que de la noche a la mañana se convirtieron en propietarios privados y empresarios, con escasas cualidades técnicas y empresariales. Estos nuevos empresarios surgidos en los años noventa, más los antiguos amigos del KGB de Putin, constituyen ahora el empresariado ruso, llamados oligarcas, actualmente millonarios influyentes, seguidores a ciegas de las directivas del jefe Putin.
La mentalidad y la cultura prevalecientes en la sociedad rusa, en la clase media alta y baja, en las ciudades, en el campo, en el sector educativo, en las universidades y en la política, están fuertemente influenciadas por el pasado autoritario soviético y disciplinados por las leyes cada vez más represivas del gobierno de Putin.
En estas condiciones de atraso económico, de represión política, de carencias sociales y del consumo interno de baja calidad, Putin lanzó desde hace 15 años su nueva política de “defensa del Estado soberano” y de “expansión territorial” al exterior. Las primeras víctimas de esta política fueron las pequeñas naciones vecinas tales como Georgia y Ucrania. Otros vecinos de Europa y de Asia viven temerosos de las amenazas rusas. En 2014 Putin atacó las provincias ucranianas del este y la península de Crimea en el mar Negro. Hace tres años lanzó nuevamente sus tropas contra Ucrania para tratar de anexarse definitivamente sus provincias del Este. Desde entonces murieron decenas de miles de soldados tanto de Rusia como de Ucrania.
Putin cree que la economía rusa necesita de Europa occidental para modernizarse y desarrollarse. La anexión y sumisión de países como Alemania, Francia, Inglaterra y otros permitiría la modernización tecnológica de la industria rusa y de sus técnicos y profesionales. Detrás de la invasión de Ucrania se encuentra, por consiguiente, el ataque y el sometimiento de Europa occidental.
Putin tiene igualmente aspiraciones de dominar y someter a otros países y territorios del mundo, como a América Latina. En estos países se encuentran importantes yacimientos de recursos naturales cuyo control podrían constituir posteriormente importantes fuentes de materias primas para la nueva industria rusa.
Putin cuenta con varias amistades en América Latina, así como con varios países amigos que se consideran del Socialismo del Siglo XXI, como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y otros. Estos países, sufriendo grandes déficits y necesidades económicas, claman permanentemente la ayuda de Putin tales como créditos, mercado para sus productos de exportación, inversiones directas, donaciones de armas becas en Rusia para sus estudiantes y profesionales, apoyos ý asesoramiento de técnicos y profesionales rusos para diferentes sectores e instituciones, etcétera.
Los gobernantes o las dictaduras de estos países desean establecer en realidad, cuanto antes, verdaderos “pactos coloniales” y “relaciones de dependencia” con la potencia rusa, al igual o más que con potencias coloniales del pasado. Para manifestar su amplia subordinación a Putin, los gobernantes de estos países no dudan en expresar su apoyo y solidaridad a la potencia rusa en los foros internacionales en relación con los diferentes conflictos y situaciones que se presentan.
Putin se muestra, sin embargo, avaro y reservado ante estas demandas. El considera que en estos países no es necesario ampliar las ayudas económicas y financieras, que es suficiente mantener apoyos políticos a distancia fin de que las dictaduras y oligarquías de Estado en el poder puedan mantenerse y fortalecerse con medios limitados tales como la represión a los opositores y a los partidos democráticos.
Bernardo Corro Barrientos es economista y antropólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
