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e un tiempo a esta parte oí algunos comentarios, opiniones y sentimientos que generan los artículos leídos en la columna dominical “Casi Todo es Otra Cosa”; y repito: “oí”. Luego de reflexionar al respecto y de haber escrito “Mirar sin ver…”, decidí empezar a “escuchar” lo que dicen por ahí. Es así que redacto estas letras, especialmente porque alguien dijo —mejor dicho, me mandó en mensaje— que lo que escribía era un “regalo para todos los que leían la columna con interés” - (agradezco esto y admito que ha sido muy generosa conmigo).

En este sentido, primero trataremos de entender las diferencias entre “oir” y “escuchar”, así como lo hicimos entre “ver y mirar”.

Si dijimos que “mirar” era algo que se hacía con el cuerpo, propiamente con los ojos a diferencia de “ver” que se lo hacía con la mente y con el corazón; oir, es algo parecido, responde a un tema netamente fisiológico —percibimos un sonido o lo que alguien dice—, este acto no necesariamente implica que estamos entendiendo lo que estamos oyendo. Por tanto, al tener activado nuestro sistema auditivo estamos realizando actos involuntarios, en otras palabras lo hacemos porque tenemos oídos y eso nos hace notar que es un hecho pasivo.

En ese orden, existe una diferencia considerable con “escuchar”; ya que, este demanda atención y activar otros sentidos para entender lo que estamos oyendo…implica concentrarse, atender y razonar; por consiguiente, es un acto intencionado, es un hecho activo intimamente ligado a la interpretación que paralelamente demanda voluntad y esfuerzo…(por ello hay mucha mas gente que habla que la que escucha, es más fácil hablar que prestar atención); escuchar es dar sentido y significado a lo que se oye. Veamos algunos ejemplos:

Los papás constantemente decimos: “¿Cuántas veces lo tengo que repetir?”…!es que no me entiendes!. Esto generalmente lo expresamos en temas de estudio, orden en sus dormitorios, no usar el celular mientras manejan o cualquier otro relacionado a las buenas costumbres. Sería bueno que tanto ellos como nosotros recordemos que “el que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que “escucha” la corrección tiene entendimiento” (Prov.15:32).

Las esposas: “Si me hubieras prestado atención, las cosas serían diferentes”. Aquí talvez remontarnos a casas que han sido rematadas, divorcios impensables, gastos desmedidos u otros ejemplos de índole más serio como no haber participado en la formación de los hijos ó que tal pasar el resto de la vida con un corazón herido (después de no ser escuchadas durante años, no existe corazón inmune al dolor).

Hijos a sus progenitores: “Por favor… escúchame alguna vez”. Y es que pensamos que para tener razón un requisito indispensable es la edad y pues no es así. Nuestros hijos necesitan ser atendidos y escuchados (creánme que muchas veces aprendemos de ellos).

Abuelas a los nietos: “no peleen nunca… son hermanos, se deben amar y respetar siempre”. Ironías de la vida; la abuela muere y a los nietos les da amnesia. Muchos de ellos de adultos ni se miran (menos se ven).

Digo yo; si nos cuesta tanto “escuchar” a quienes vemos, con razón nos cuesta más hacerlo a Quien no vemos (Dios)... el que tenga oídos para oír... oiga y esfuércese por escuchar.

Jean Carla Saba es conferencista, escritora, coach ejecutiva y de vida.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.