
n proverbio chino dice: “cuando soplan vientos de cambio, algunos construyen muros y otros construyen molinos de viento”. En la vida del ser humano se presentan dificultades pero también oportunidades que uno pierde, no por mala suerte sino porque no se estaban preparados para asumir el desafío que puede significar el cambio, en resumidas cuentas la suerte es oportunidad, no solo suerte, y si no estamos listos se desvanece tan rápido como llegan. Lo mismo pasa con la vida política de un país, en Bolivia el nuevo gobierno trajo consigo vientos de cambio y con ello la esperanza de mejores días, después de una larga oscuridad de casi veinte años.
Esta es la segunda oportunidad para el país en busca de mejorar sus condiciones de vida y salir de un populismo empobrecedor infectado por la corrupción, el narcotráfico y el corporativismo sindical. Ya el 2020 la expresidenta Jeanine Añez tuvo la oportunidad de dar un giro de timón en la política boliviana, pero sus malas decisiones y haber entregado el poder a su Ministro de Gobierno, Arturo Murillo, quien cumplió una funesta gestión desde su cartera de Estado, permitió la unificación de ese corporativismo prebendal identificado con la izquierda populista y obtuvo una contundente victoria en las elecciones del 2020 que le dieron el poder absoluto al expresidente Luis Arce Catacora, cuya presidencia fue calificada como una de las peores, de por los menos, los últimos 50 años.
Hoy, una ola de protestas se apoderó del país, a casi 6 meses del primer año de gobierno del Presidente Paz, protestas que han escalado desde el pedido de incremento salarial, soluciones al problema de la calidad de la gasolina y otras reinvidicaciones, hasta el pedido de renuncia del presidente. Claro ante la ausencia de un gobierno con autoridad que tome decisiones firmes los manifestantes se han envalentonado y de forma descarada quieren tumbar al gobierno y llamar a nuevas elecciones, incluso hay grupos que se han ufanado, apareciendo con armas en las redes sociales y en medios de comunicación, con amenazas directas contra el Gobierno, sin respeto a los derechos y garantías constitucionales y peor todavía no hay temor a la Ley y las consecuencias de sus actos, parecen estar seguros de que van a lograr su objetivo y de su impunidad.
Estos sectores violentos no permiten el paso de ambulancias, medicamentos, oxígeno, alimentos, carburantes y vehículos, han cometidos actos vandálicos contra la propiedad pública y también contra pequeños negocios de gente que solo busca ganar algo de dinero para llevar a sus casas. Los principales productos de la canasta familiar escasean y si se encuentra los precios son exorbitantes; la situación es cada vez más insoportable, los negocios están quebrando y los hospitales en La Paz ya están por colapsar ante la falta de medicamentos y otros insumos, mientras las esperanzas se pierden en eternos e incansables llamados al diálogo.
Parece ser que quienes construyen muros para resistirse al cambio, buscan proteger sus privilegios y mantener las cosas como hace veinte años atrás; estos sectores son más fuertes que una mayoría de la población que busca el cambio, pero no tienen la misma capacidad de movilización como esos pequeños grupos bien financiados.
El gobierno de Rodrigo Paz representa la transición hacia el cambio y transformación hacia un mejor sistema político, económico y social, con todas las limitaciones y cuestionamientos que pueda tener; debería ser la oportunidad para recibir estos vientos de cambio, para transformarlos en oportunidades de crecimiento; aprovechar para generar un cambio en la educación boliviana para lograr una nueva generación de jóvenes profesionales emprendedores, creativos y capaces de generar riqueza; es el tiempo de cambiar la matriz productiva para dejar de ser Estado dependientes y comenzar a generar valor agregado, promoviendo una nueva generación de emprendedores que puedan crear fuentes de trabajo estables y dignos, y atraer capitales privados frescos con inversionistas que promuevan la capacidad productiva.
Debemos cambiar esa mentalidad de odio entre los sectores sociales y caminar juntos en busca de mejores días, con mejores mentes que sean capaces de construir molinos en búsqueda del progreso y no muros que limiten el desarrollo, el progreso tecnológico y la riqueza, en beneficio de todos los habitantes y estantes de nuestra amada Bolivia.
