
lcanzar un título profesional no es una tarea fácil requiere de mucho sacrificio y esfuerzo, estudiantes que se queman las pestañas para poder pasar los exámenes y cumplir con las tareas que se les asigna; padres de familia que realizan todo tipo de sacrificio para generar los recursos necesarios para que sus hijos puedan estudiar; hijos que ven en sus padres un ejemplo a seguir, porque pese a cualquier obstáculo persisten en sus estudios.
Pero, resulta que ahora viene una persona a decir que los profesionales del país no son honestos, que utilizan su inteligencia para robar, cuando la realidad es que no necesitas títulos para eso y no son los títulos los que definen el tipo de persona que uno es sino los valores con los que uno ha crecido.
De pronto la realidad te muestra una sociedad que en vez de valorar a los profesionales los desacredita y les dice que todo el sacrificio ha sido en vano. Es tiempo de tomar consciencia sobre la importancia de la educación superior en el país, sobre el rol social que cumplen los profesionales y su incidencia en la mejora de la calidad de vida no solo del entorno familiar sino también del conjunto de la sociedad.
En un texto titulado ¡Crear o Morir! (2014) el reconocido periodista Andrés Oppenheimer dice: “Los países más exitosos no son los que tienen más petróleo, o más reservas de agua, o más cobre o soja, sino los que desarrollan mejores mentes y exportan productos con mayor valor agregado”.
El autor plantea que una buena educación en cualquier sociedad, sin un entorno que fomente la innovación está condenada al fracaso, no es suficiente tener recursos naturales sino que es importante generar valor agregado, traer tecnología y hacer ciencia.
El desafío del próximo gobierno es cambiar las políticas educativas, fomentar un Estado que promueva la innovación y el emprendimiento para generar fuentes de trabajo y traer desarrollo económico. Oppenheimer considera que los países que más invierten en investigación y desarrollo sacan más productos hacia el mercado, moviendo la economía. Precisamente el rol de la empresa privada es fundamental porque son quienes más inversión pueden traer para proyectos en investigación y desarrollo.
Estamos viviendo la sociedad del conocimiento, los avances tecnológicos son tan vertiginosas que parece que el tiempo está pasando demasiado rápido y los días fueran más cortos. No hay nada que decir, el acceso y el manejo de las últimas tecnologías ayuda a mejorar la calidad de vida de las personas, por eso la educación debe asumir estos desafíos, el sistema educativo en Bolivia debe fomentar una educación científica, pero sobre todo que responda a los desafíos del siglo XXI.
Como dice Oppenheimer “Hoy en día, los jóvenes tienen acceso a un mundo de posibilidades que no tenían sus padres. Pero para que puedan aprovechar estas oportunidades, no sólo deberemos ofrecerles una educación de calidad, sino también ofrecerles un marco propicio para el emprendimiento y un nuevo tipo de educación: la educación creativa”.
El boom de las tecnologías de la información, las nuevas doctrinas sobre la enseñanza y aprendizaje, el contexto político, económico y social, se reflejan en los procesos educativos que se implementan, no sólo en el mundo, sino también, en nuestro país, como afirma Oppenheimer “…, porque estamos viviendo en la economía global del conocimiento, en que las naciones que más crecen -y que más reducen la pobreza- son las que producen innovaciones tecnológicas. Hoy en día la prosperidad de los países depende cada vez menos de sus recursos naturales y cada vez más de sus sistemas educativos, sus científicos y sus innovadores”.
Uno de los desafíos más importantes a los que debe responder la educación superior en Bolivia es la generación de profesionales capaces de dar respuestas a las múltiples necesidades que tiene la sociedad, a través de capacidad innovadora y transformadora para permitir el desarrollo del país, profesionales que se desempeñen con eficacia y eficiencia en el mercado laboral.
No cabe duda que el rol social de la educación superior para la mejora de la calidad de vida de los bolivianos es fundamental, esto está reconocido en el Modelo Educativo del Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (2023–2028), en su marco económico, explica con claridad la importancia económica de la educación superior, pero no sólo para su funcionamiento, sino en relación a la producción de recursos humanos que permitan el desarrollo del país: “La educación constituye el factor de desarrollo de los países, pues es uno de los principales impulsores de la evolución de la sociedad, dado que contribuye al incremento de la productividad del trabajo y, por lo tanto, al crecimiento y desarrollo económico. Invertir en educación es vital para garantizar un sistema socioeconómico próspero, que contribuya al mejoramiento de la calidad de vida de la población”. Por tanto, invertir en la educación es fundamental para el desarrollo del país.
Finalmente, como reflexión, no se puede dejar de lado lo expresado por Ignacio Gonzales Orozco, en un texto que publica sobre la vida y obra de Hobbes, que dice: “…el conocimiento incrementa nuestra capacidad de análisis sobre las cosas y las circunstancias y, con ello, mejora el servicio que la razón presta a las pasiones”.
El conocimiento permite el desarrollo y creación de nuevas tecnologías que mejoran la calidad de vida de la gente, por eso es imprescindible contar con un sistema educativo de calidad, que promueva la innovación, pero, además el gobierno debe fomentar una sociedad que valore a sus profesionales y brinde las condiciones para que los emprendedores inviertan en empresas productivas que generen trabajo de calidad y muevan la economía. El beneficio de unos puede traer el bienestar de todos.
Yuri Omar Valencia Linares es comunicador social y abogado.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
