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E

l crecimiento de la población de perros y gatos en las ciudades es indiscutible. En Bolivia no contamos con datos recientes, como en muchos otros temas. En México, el 71% de los hogares tiene al menos una mascota según su Censo, y se estima que 7 de cada 10 perros viven en la calle. En Estados Unidos, para enero de 2024, había 65,1 millones de hogares con perros y 46,5 millones con gatos, según Forbes Advisor.

Animales SOS calcula que en Bolivia hay 5 perros por cada 10 personas, aunque lo ideal sería 1 por cada 10. En 2013, el Ministerio de Salud informó que la población canina crece un 20% anual, con el 40% de los perros viviendo en las calles. En Cochabamba, según el Sedes (2023), el 30% de los 277.300 animales está en situación de calle. Usando proyecciones regionales, Bolivia tendría entre 1 y 2 millones de gatos, sumando un total de 7,5 millones de perros y gatos, de los cuales entre 30% y 40% estarían en las calles.

Estas cifras subrayan la urgencia de abordar la tenencia responsable de mascotas en Bolivia. El punto de partida son algunas premisas, que nos orienten el análisis:

Las mascotas constituyen hoy un tema de interés y de preocupación pública. Los “perrijos”, además de convertirse en protagonistas de las preocupaciones más serias de una generación que los prefiere sobre los niños, se han convertido en un tema de creciente interés y preocupación pública. La responsabilidad por ellas recae sobre sus dueños, quienes deben asumir plenamente su cuidado. Lo de "mascotas comunitarias" es un eufemismo que permite evitar o diluir la responsabilidad, ya que al final todos y nadie están a cargo. Es una forma de laisser faire, laisser passer, en su expresión simple.

La Constitución, en su artículo 302, numeral 5, otorga a los municipios la competencia exclusiva para preservar y proteger la fauna silvestre y los animales domésticos. Pero para abordar este problema de manera efectiva, es fundamental contar con censos o registros de mascotas, lo que permitiría visibilizar el tema, ponerle números a los que hoy son “buenas” intenciones y esfuerzos aislados.

Para garantizar los derechos de los animales, se requiere que tanto los propietarios como el Estado asuman obligaciones. El propietario haciéndose cargo a cabalidad de ser responsable de su mascota y el Estado, especialmente a nivel local, desarrollando políticas públicas diferenciadas, brindando servicios que beneficien a las mascotas. Para poder demandar, el ciudadano también debe contribuir al bienestar de sus propias mascotas. Esta exigencia podría lograrse mediante la implementación de medidas que, lejos de ser innovadoras en el mundo, no requieren grandes esfuerzos.

Personalmente, creo que es fundamental avanzar hacia mecanismos de responsabilidad que incluyan impuestos anuales por tenencia, tasas diferenciadas según el tipo o raza, y sanciones por incumplimientos, reitero entre otras. Varias ciudades capitales del país ya han emitido leyes sobre el registro, vacunación, protección contra el maltrato y manejo de perros peligrosos.

Los impuestos a las mascotas en Europa varían entre países y regiones. Se imponen principalmente para financiar servicios como refugios y control de poblaciones animales, disuadir a quienes no pueden costearlas y reducir el número de razas peligrosas. Los tipos comunes de impuestos incluyen un impuesto anual por tenencia, una tasa de registro, un impuesto por raza y tasas para servicios como la esterilización.

En EEUU no hay un impuesto federal, pero muchos estados y ciudades han implementado tasas locales para financiar servicios relacionados con los animales. En América Latina, ciudades como São Paulo, Buenos Aires y Ciudad de México tienen impuestos municipales para perros. Hacernos responsables de nuestras mascotas además del cariño que debemos brindarles requiere de condiciones y entornos favorables. Por ejemplo, opciones de alquileres que admiten mascotas, acceso a atención veterinaria de calidad y espacios exteriores adecuados puede transformar la experiencia de tener un animal en el hogar. Hay zonas en la ciudad de La Paz, como Los Pinos, que fácilmente podrán ser barrios pett friendly. Hay que avanzar ahora.

Me contaban que, hace muchos años, en una fábrica manufacturera de tela en Villa Victoria, La Paz, había dos hermosos perros en la planilla de trabajadores. Era una forma de reconocer y remunerar el valioso servicio que estos canes brindaban al vigilar eficientemente los bienes de la fábrica. Con su sueldo, se les compraba comida y se les brindaba atención veterinaria, simbolizando así un vínculo de cuidado y respeto entre humanos y animales.

Dino Palacios es ciudadano.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.