
ra una vez un calzón rojo dispuesto a proporcionar a su usuaria todos los placeres que le pidiese. Fue estrenado el 1 de enero de 2025. Ella quería pasión desenfrenada. El otro era amarillo, ese que atrae dinero. Fue comprado por la que quería pagar puntualmente sus cuentas. El de más allá era blanquito. Le prometió a la usuaria que “usándolo preservaría la pureza de su alma”.
La que tuvo prosperidad, pasión y pureza fue la “case” cuentapropista, informal y contrabandista. Ganó bastante dinerito gracias a las creencias de que “hay que pasar la noche vieja a la de Año Nuevo usando calzones de cierto color, para que se conceda tu deseo”.
Bueno, pues, siguiendo esa tradición, usaré calzón multicolor y multisigno. Tal cual serán las papeletas de elecciones municipales y para gobernador Chacota en día de inocentes. Se presentaron 34.618 candidatos inscritos, la cifra más alta registrada en la historia electoral del país, para las elecciones subnacionales del 22 de marzo de 2026. Parece que trabajar en el estado es nomás lucrativo.
Sobre todo, los masistas (disfrazados de demócratas) que creen que pueden borrar el asqueroso pasado y se muestran como inocentes palomitas, porque “quieren hacer algo por su ciudad”. Ni hablar de empresarios con oscuros pasados, o los eternos candidatos perdedores que siguen buscando el favor del votante, aunque en la anterior elección “ni su mamá votó por ellos” y una larga lista de inescrupulosos, que quieren trepar al árbol de poder municipal o departamental.
Supongo que usarán un calzón con su sigla. Y un eslogan que diga “vota por mí”. Tan ridículo como las famosas k’oas para la “prosperidad”, porque las “cases dicen que, a falta de buen calzón, lo mejor es sahumarse con mesas de k’oa.
Ruego porque eso jamás suceda. Es lo peor para el medio ambiente y para los pulmones.
No sólo por el humo, sino por el uso de “sullus” de llama y de cerdo. ¿Sabías que les dan patadas a llamitas y cerditas para provocarles un aborto y así tú puedas tener tu “sullito” en tu mesa de k’oa?
Además los Bs 50, 80, 100, 200 y hasta 300, que cuestan esas mesas bien podrían servir para otras cosas como: Ahorro, útiles escolares para tu “bendi”, o apoyo al comedor popular de indigentes.
Al final, quizá la verdadera revolución empiece por algo simple y nada místico: pensar antes de creer, elegir antes de desear, y lavarnos las manos de tanta superstición política heredada. No para volvernos cínicos, sino para volvernos adultos. Porque el país no cambia por arte de magia, ni por color, ni por sullus ahumados, sino por decisiones conscientes, repetidas y sostenidas.
Así que entra al 2026 con un calzón limpio, sin culpa, ni colores, y sin promesas esotéricas. El color da igual. Lo que importa es la cabeza fría, el corazón atento y la memoria activa. Que esta vez no nos vendan humo ni nos metan gato por liebre. Tal vez no sea un deseo de Año Nuevo, pero sí puede ser un buen propósito nacional.
Mónica Briançon Messinger es periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
