
ctubre llegó vestido de negro, morado y rosado. En Bolivia le metemos al multicolor, dos veces al año, en carnavales y en octubre. Este mes tiene memoria, fe y prevención, todo junto en una licuadora.
Está el negro del nefasto Octubre Negro, que no es un color sino una herida. Está el morado de las señoras que honran al Señor de los Milagros y que, durante un mes han pactado con el calendario para que nadie olvide su devoción. Y está el rosado, ese color que algunas mujeres reconocen inmediatamente (y que muchos hombres todavía miran con la misma cara con la que miran una factura de la luz: sin entender demasiado bien de qué se trata).
Para que lo sepan el rosado, habla del cáncer de mama, de prevención, de detección temprana y de mujeres que aprendieron a hablar de una enfermedad que durante mucho tiempo se escondió a puertas cerradas. El asunto es que, mientras ellas llevan la conversación en el pecho, algunos caballeros todavía creen que el lazo rosado es un accesorio de temporada.
El Negro sirve para recordar, el morado para creer, y el rosado para prevenir. Y quizá, entre tanto color, convendría que los hombres aprendieran al menos uno. No vaya a ser que lleguen a noviembre creyendo que el rosado era solamente una moda.
Los pesimistas de siempre, esperan que la historia de Bolivia se repita y octubre sea negrísimo, a modo de superstición, y lanzarse como buitres esperando la carroña al estilo de octubre de 2003, cuando las movilizaciones que se habían iniciado semanas antes alcanzaron su punto más dramático en El Alto y La Paz y la violencia dejó decenas de muertos y centenares de heridos.
También está octubre de 2019, cuando las elecciones generales del 20 de octubre estuvieron marcadas por el fraude, desencadenaron una gran controversia que tuvo semanas de movilizaciones que decantaron en la renuncia del Príncipe de Orinoca.
Pero ese manto de superchería no implica que octubre se tiña de negro. Prefiero que la mitad de la población boliviana, la masculina, tome conciencia sobre la prevención del cáncer de mama.
Que maridos, novios, amigos, hermanos, primos, tíos, cuñados y ahijados impulsen a que la otra mitad para que se haga los estudios correspondientes. Pero con palabras de aliento no es suficiente. Falta el dinero para una mamografía, o el tiempo suficiente para ir al estudio.
¿Qué tal si por un tiempo los hijos quedan al cuidado de los papis para que la mami acuda al médico? ¿O se genera un fondo monetario para pagar esos estudios? Esa es la conversación que queremos tener.
Esta campaña comenzó en 1985 en Estados Unidos, como una forma de crear conciencia y prevención sobre una enfermedad muy compleja. En Bolivia, es el segundo tipo de cáncer (después del de cuello uterino) que tiene mayor incidencia y mortalidad. Lastimosamente, el 75% de diagnósticos se da en etapa avanzada de la enfermedad, de ahí la importancia de la prevención.
Por eso, va el pedido para que parejas, hijos, esposos y familiares masculinos apoyen esta causa de rosado. No les va a quitar la hombría, pero quizá sí alguna excusa. Después de todo, un país que se acostumbró a vivir de negro y a rezar de morado, en octubre, también podría tocarse las tetas de rosado. Lo verdaderamente revolucionario será que, por una vez, octubre deje de ser negro y se pinte de rosado por hombres que ayudaron a que sus mujeres llegaran a tiempo a una mamografía.
Mónica Briançon Messinger es periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
