
Vengo de San Buenaventura y tenemos que cerrar el ingenio azucarero. Nunca ha producido un gramo de azúcar y nos han hecho creer que era una empresa productiva del Estado”, me contó un amigo, allá por la década de los 90 del siglo pasado. Agregó que el equipo legal, al que pertenecía había detectado a muchas otras empresas deficitarias que causaban daño económico a Bolivia.
Tres décadas más tarde, vivo un déjà vu. Se ha promulgado el Decreto Supremo 5727 que declara como prioridad del Órgano Ejecutivo “la reorganización, disolución y/o liquidación de las empresas públicas del nivel central del Estado que enfrenten situaciones económicas críticas”.
Antes de la promulgación, la Oficina Técnica para el Fortalecimiento de la Empresa Pública (OFEP) evaluó a 67 empresas públicas y detectó al menos 20 en situación crítica.
Las diez n situación delicada con pérdidas y deudas excesivas son: YPFB CHACO S.A. (Bs -558,76 millones); GTB S.A. (Bs -330,79 millones); EPCORO (Bs -237,49 millones); YLB (Bs -231,78 millones); Mi Teleférico (Bs -163,23 millones); BoA (Bs -138,16 millones); EBA (Bs -104,26 millones); Empresa Metalúrgica Vinto (Bs -88,71 millones); ECEBOL (Bs - 56,37 millones); y ETASA S.A. (Bs -30,20 millones).
Vale la pena diferenciar entre pérdida operativa y pérdida neta. Por ejemplo, BoA presenta una utilidad operativa positiva de Bs 290,9 millones, pero una pérdida neta de Bs 138,1 millones. Esto significa que sus resultados negativos se producen en partidas posteriores al resultado operativo, por lo que sería necesario examinar sus gastos financieros, otros gastos e ingresos para identificar las causas.
El titular de la OFEP, Pablo Camacho, dijo que el futuro de las empresas críticas, dependerá de la Ley de Empresas Públicas y se establecerá diferentes alternativas para ver si se realiza fusión, disolución u otras medidas.
Bolivia, vive un déjà vu y vuelve a enfrentarse al debate sobre qué hacer con sus empresas estatales.
Ende, Entel, LAB, Enfe y YPFB fueron protagonistas de los años 90. En ese momento se planteó que el Estado debía dejar de ser empresario; décadas después, el Estado tiene que responder por los malos resultados de sus empresas, creadas por el masismo delirante y derrochador.
Para no vivir otro déjà vu, se pueden implementar candados constitucionales. Uno de ellos es el Principio de Subsidiariedad del Estado. En algunas Constituciones (como la de Chile o Perú), se establece que el Estado sólo puede operar empresas públicas o intervenir en la economía de forma subsidiaria. El gobierno tiene prohibido crear una empresa estatal si el sector privado ya está cubriendo esa necesidad de manera eficiente.
El otro se trata de las Garantías de Libre Competencia y No Discriminación. Son normas que impiden al Estado dar ventajas comerciales, tributarias o regulatorias a sus propias corporaciones sobre los competidores privados y al obligar a las empresas públicas a competir bajo el derecho privado (sin recibir rescates financieros continuos del tesoro público), se desincentiva la creación de corporaciones estatales inviables o deficitarias.
Pero el candado más importante es el que debe ir en las billeteras de quienes suben al poder. Queda claro que durante años, las empresas públicas fueron una manera de pagar favores políticos a los sectores que apoyaron la campaña. Hoy pareciera que la nueva gestión de Gobierno, amparada en el mantra de “luchar contra el estado tranca”, se está convirtiendo en el cementerio de profesionales destacados, porque… adivinen qué, el Estado es una inmensa empresa quebrada donde convocan a brillantes expertos en sus áreas, para que terminen haciendo informitos, y reunioncitas, mientras la famosa inamovilidad laboral y el elefante burocrático termina por agotar toda idea de eficiencia y rendimiento.
Descubrimos, una vez más —con el agua al cuello y los bolsillos vacíos— que el "Estado empresario" es un pésimo administrador, pero un excelente mago para desaparecer el dinero público.
Si no queremos que el año 2050 nos agarre liquidando una nueva camada de empresas estatales "estratégicas" con pérdidas multimillonarias por tercera o cuarta vez, es hora de poner candados. Aunque, conociendo el ingenio de nuestros gobernantes para gastar lo que no tienen, lo más probable es que terminen creando la Empresa Nacional de Candados Bolivia y que, por supuesto, también dé pérdida operativa. Bienvenida seas CandadosBOL.
Mónica Briançon Messinger es periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
