
os nombramientos en el área de la gestión cultural bajo el gobierno de Rodrigo Paz Pereira son los mejores augurios para este 2026. Al menos cuatro de los nuevos responsables son personas experimentadas en organizar políticas culturales y eventos que trascienden la esencia del pensamiento y de la creación de los bolivianos.
El mejor servidor público es aquel que no necesita del puesto para ser respetado por la comunidad, para gozar de prestigio entre sus pares y para ocupar un lugar en la sociedad sin necesidad de buscar escalas de falso ascenso de clase.
El nuevo viceministro de Culturas y Folklore, Andrés Zaratti Chavarría, debe ser de los pocos funcionarios que salió de su anterior puesto público con el aplauso general. Como responsable de la Oficialía/Secretaría de Culturas del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz cumplió las tareas básicas para una gestión exitosa: desarrollo de la normativa adecuada; continuidad con los aspectos positivos de sus antecesores; alianzas con sectores internos y externos; relaciones nacionales y relaciones internacionales; atención a lo propio sin dejar de lado las corrientes mundiales.
Zaratti tuvo el respaldo del exalcalde Luis Revilla y a la vez gozó de suficiente autonomía para avanzar superando las barreras de la burocracia. La Paz fue la ciudad que contó con la ansiada Ley de las culturas y de las artes; una ley destacada por los artistas bolivianos y ponderada a nivel internacional. Fue fruto de largas sesiones y talleres entre pintores, actores, titiriteros, bailarines, periodistas interesados en la cultura, críticos. Por esa participación, la norma fue defendida por los propios artistas ante la nueva administración edil en 2021.
La experiencia de generar políticas, planes estratégicos, planes sectoriales, recursos suficientes para atender lo prioritario y continuar con lo posible fue la marca de Zaratti. El otro logro fue mostrar que el folklore es arte y no farra. Combinó con los diferentes actores, desde el pasante al comerciante, para acompañar el trabajo de las asociaciones de las principales fiestas populares.
El desafío es ampliar esa visión a lo nacional. Entender que el viceministerio no debe gastar fuerzas y dinero en organizar eventos, sino en apoyar desde el Estado los enormes y exitosos esfuerzos de la sociedad civil. La cultura es uno de los mejores rostros de Bolivia. En lo inmediato, el fantástico Carnaval de Oruro y el Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Misiones de Chiquitos serán un examen. La ACFO y Percy Áñez Castedo de APAC deberán contar con su respaldo, para mejorar no para reemplazar su respectivo protagonismo.
Alejandra Echazú Conitzer, flamante presidenta de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia tiene la ventaja de haber bebido desde la niñez la poesía, el piano, el violín, los libros, los cuadros de los mejores pintores bolivianos, el pensamiento. No solamente le sobran títulos y experiencia académicos, sino que la estirpe de su familia directa y política es la mejor herencia de esos paceños y migrantes que vivieron con el decoro personal y la decencia como eje central de su existencia.
Sin exagerar, es posible asegurar que el tesón de Alejandra la ayudó a llegar a puerto seguro en todos sus emprendimientos. Como Zaratti, trabaja en equipo. Se luce porque se esfuerza por destacar las calidades de los demás.
Rossana Barragán Romano es considerada una de las mejores investigadoras sociales de Bolivia. Sus libros sobre la historia nacional son de lectura obligatoria para quien desee entender mejor a este país. Además, también tiene experiencia en la gestión de instituciones académicas y agrupaciones culturales. Formada en excelentes centros nacionales e internacionales, sus obras son reconocidas en los círculos mundiales de historiadores y americanistas.
Tampoco necesita un puesto público para salir en la foto.
Freddy Chipana es el ejemplo de quien desde un barrio de El Alto alcanzó el aplauso del público en varios lugares del mundo. Fruto de semillas sembradas por Stefan Gurtner y César Brie lleva tres décadas como actor, dramaturgo, director de teatro y aparece en varias películas. Por otra parte, dedicó su experiencia a la gestión cultural venciendo distintos obstáculos. Freddy conoció la violencia familiar y la vida en un hogar para niños.
Convirtió el silencio del miedo en el silencio de la observación y sus experiencias en escritura. Con su grupo Altoteatro llegó a públicos en las cárceles, entre niñas de la calle, mineros, campesinos. Conoce la Bolivia profunda.
El conjunto de los consejeros refleja una presencia interregional, intergeneracional, interdisciplinaria y une recorridos diversos con el sello de haber sido exitosas con públicos y audiencias diversas. El único peligro es que tantos jugadores con la camiseta 10 se obstaculicen en la cancha. Sin embargo, la finura y gentileza de Ale Echazú será capaz de devolver a la FCBCB su objetivo principal material en relación con los repositorios nacionales e inmaterial en la proyección de la cultura que enorgullece a los bolivianos.
La cultura, como bien entendió Zaratti para La Paz, se convierte en un gran cofre para generar ganancias monetarias, atraer turistas y fortalecer la autoestima de los habitantes de un territorio.
Lupe Cajías de la Vega es periodista e historiadora.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
