
os capítulos escenifican con claridad la política exterior del gobierno de Rodrigo Paz Pereira. En 2026 cerrará la Embajada de Suecia y abrirá la Embajada de Israel. Adiós Olaf Palme y todo lo que tu país significó para las luchas democráticas bolivianas. (No) bienvenido Itamar Ben-Gvir y todo lo que tu régimen aporta al racismo en el mundo.
La decisión de Estocolmo de salir de Bolivia en el marco de una política interna y en un plazo previsto no mereció especial atención de la Cancillería local. Como tampoco hubo intentos de frenar el cierre de otras delegaciones en los últimos años: Países Bajos, Dinamarca, Suiza. Países que colaboraron con el desarrollo sostenible y con el fortalecimiento de las instituciones, sin entrometerse en la política interna.
La despedida a Suecia es particularmente dolorosa para la prensa boliviana que contó siempre con su respaldo en las batallas por la libertad de expresión. Suecia acogió a decenas de exiliados bolivianos sin preguntarles por qué eran acusados de “subversivos”: Domitila Chungara y sus hijos, Víctor López, María Marta Gonzáles, Carlos Decker, Víctor Montoya, entre muchos.
Olaf Palme representó al líder europeo amante de la libertad y del humanismo. Ejerció una política exterior a favor de la paz, la defensa de los derechos humanos. Logró distanciarse tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética. Paradójicamente, murió asesinado en 1986 a los 59 años. Hasta ahora no se tiene claro por qué. A pesar de los obstáculos, Suecia continuó con gran parte de su legado.
Muy diferente al Estado Plurinacional de Bolivia que durante años bajó la cerviz ante Putin (Ucrania, por ejemplo) y ahora ante Trump.
Fernando Aramayo voló a Washington para firmar en la sede de la embajada de Israel el restablecimiento de las relaciones con ese país, cuyo gobierno está acusado de genocidio y de racismo. ¿Habrá puesto al menos una coma en el documento? Presumo que no. Ahora entiendo por qué Paz prefirió un funcionario funcional y no un diplomático de carrera. Antes Aramayo conocía de cerca la posición de la ONU sobre Gaza.
Las relaciones de Bolivia e Israel en general fueron tranquilas. Israel ayudó en temas de seguridad, sin que se conozcan intervenciones como contra los mayas quichés en Guatemala o en el entramado contra las guerrillas campesinas en Colombia.
Personalmente visité, hasta el 2000, la oficina de Israel en el centro paceño para recoger regularmente un ejemplar del semanario “Aurora”, que me guardaba la Sra. Ibernegaray. Coleccionaba la revista “Ariel”. Participé en eventos contra la xenofobia y sus derivados que organizaba el Goethe Institut; en las exposiciones sobre heroínas judías. Intentaba entender el pensamiento de Kafka y de Zwieg.
Aramayo instruyó inmediatamente a la delegación boliviana en Naciones Unidas votar al lado de Estados Unidos y Argentina contra una resolución de censura a Israel por no permitir el ingreso de ayuda humanitaria, aprobada por 130 países.
Las propias ONGs de Israel denuncian que este fue el peor año para los palestinos con daños permanentes, con matanzas generalizadas de civiles. Más de 20 mil niños han sido asesinados entre los 67 mil cadáveres contabilizados y otros 10 mil que estarían bajo los escombros. Trece mil niños han sido diagnosticados con desnutrición, algunos tan severa que recuerdan las peores imágenes de Biafra.
El actual régimen de Tel Aviv alienta la desaparición del pueblo árabe. Itamar Ben-Gvir es el ministro de seguridad acelera la ocupación de territorios palestinos y el avance de las colonias ilegales. Las mismas ONGs israelíes contabilizaron que 44 comunidades pastores de Cisjordania han sido obligadas a desalojar sus tierras y otras 10 a abandonar sus casas.
Nos quieren hacer creer que es por el turismo. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos! Sois semejantes a sepulcros blanqueados por fuera; por dentro llenos de huesos de muertos”.
Es tal el apuro de Aramayo que todo indica que quien representó al Estado Plurinacional en la votación es Carla Lorena Sandy, masista que ocupó varios puestos; denunciada por ser parte del esquema de trata de Evo Morales. Ella habría comprado los pasajes para la menor Noemí para que esté cerca de su amado. ¿Si no fue ella, quién votó en la ONU?
El gobierno de Jaime Paz tuvo luces y sombras. La mayor sombra fue su sometimiento a Estados Unidos, incluso cuando Washington invadió Panamá, el país que lo había acogido.
Todo indica que, por la platita, se baja la cabecita. La patria, la patria, la patria se atora en la verja de la Casa Rosada; se arrodilla en la verja de la Casa Blanca.
Robert Gelbart is coming.
Lupe Cajías de la Vega es periodista e historiadora.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
