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Vertebrados de sangre fría que experimentan metamorfosis, viviendo tanto en agua como en tierra. Se diferencian principalmente en que los sapos son robustos y sin cola, mientras que las salamandras tienen cuerpos largos con cola y patas cortas, destacando por su habilidad de regenerar sus miembros”.

Son seres de sangre fría. En cualquier momento, sin la menor explicación, se cambian de “creencia” política. Algunos tienen cola y cuerpos “robustos”; otros son de lenguas largas que salen y vuelven a la boca con gran rapidez. Poseen cuerpos largos y delgados para desplazarse de un lugar a otro sin ser detectados. Tienen patas y manos cortas, pero que eso no lo confunda: igual meten la mano y también la pata a la lata para “sacar algo”.

Esta fauna no actúa sola. Se nutre de un ecosistema diseñado durante las últimas dos décadas, donde la corrupción dejó de ser un delito para convertirse en una maquinaria de precisión. No es solo el robo de recursos; es una ingeniería social que bajó hasta los kínderes para adoctrinar a los niños, enseñándoles a normalizar el clientelismo y la figura del "líder" como fuente de todo beneficio. Se construyó un andamiaje paralelo con estrategias y presupuestos destinados a un solo fin: asegurar que el sistema sobreviva a cualquier cambio de gobierno. 

Hoy vemos cómo las viejas salamandras han tenido la habilidad de regenerar sus miembros para mimetizarse en la actual gestión. A su lado, aparecen los nuevos "chupamedias": figuras que, buscando el calor del poder, validan la ingenuidad de quienes dicen que las promesas —como el 50/50— son solo "sueños" que deben esperar a que la corrupción muera de vejez. Es la paradoja perfecta: los mismos operadores que aceitaron la máquina durante 20 años son quienes hoy nos dicen que no se puede avanzar porque el motor está sucio. 

¿Qué puede esperar el pueblo y qué debe hacer el nuevo gobierno?

El beneficio de la duda tiene fecha de vencimiento. Al nuevo gobierno le toca demostrar que no es solo el nuevo envase de una vieja esencia. Para servir de guía real, la recomendación es abandonar la narrativa de la "espera" y actuar como el depredador del sistema:

1. No basta con cambiar cabezas; hay que purgar el aparato administrativo de los operadores que solo saben vivir del "aparataje paralelo".

2. El verdadero cambio empieza por desmantelar el adoctrinamiento que convirtió la política en un culto a la lealtad personal en lugar del servicio público.

3. Si la corrupción es la excusa para no cumplir, la solución es abrir las cuentas al escrutinio ciudadano absoluto, no a través de "chupamedias" de turno, sino mediante auditorías independientes. 

Mientras los engranajes de estos últimos 20 años sigan intactos y los adoctrinadores sigan en sus puestos, cualquier promesa será solo un espejismo en el horizonte. La tarea no es esperar a que los anfibios se vuelvan honestos; es secar el pantano para que ya no tengan donde esconderse. Hay que romper el molde por completo.

Wilfredo Áñez Saavedra es administrador de empresas.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.