
La Verde ganó". Esa es la frase que retumba con crueldad tras el repechaje en Monterrey. El color que representa nuestras selvas, nuestra esperanza y la garra de nuestra gente se impuso en el marcador. Las oraciones, los ayunos y las súplicas de más de 10 millones de bolivianos fueron escuchadas: el verde festejó el pase al Mundial. Pero hay un nudo de rabia en la garganta de todo un país, porque sí, ganó la verde… pero la nuestra perdió.
Nuestra selección cayó ante Irak por 2-1, pero la derrota no empezó con el pitazo inicial, sino en una oficina días antes. Bolivia salió a jugarse la vida vestida de un blanco ajeno, un color de rendición, mientras el rival se adueñaba de nuestra piel. Hay que decirlo con claridad: esto no es un castigo, ni la incapacidad de nuestros jugadores, o la falta de esfuerzo o aliento de nuestros hinchas. En la cancha se dejó el alma y en las tribunas se dejó la garganta. La derrota fue la falla de la cuarta rueda del carro: los directivos, quienes por inoperancia y comodidad entregaron nuestra identidad. Y lo hicieron con la complicidad de la tercera rueda: un cuerpo técnico que agachó la cabeza, elevando en el pecho su ego de que "todo estaba resuelto" y que nada más importaba.
Seguramente, la dirigencia de la FBF se escudará en el reglamento de la FIFA. Dirán que "no se pudo hacer nada" por ser visitantes administrativos. Esa es la excusa del que no siente la camiseta. Lo que faltó fue peso y gestión. En un partido de esta magnitud, los colores son mística, identidad. Mientras Irak impuso su verde con autoridad, nuestras autoridades aceptaron el blanco sin chistar, regalando nuestra esencia visual para no "incomodar" a los comisarios del torneo.
La no batalla
¿Era imposible que Bolivia jugara de verde? Absolutamente no. Existían rutas diplomáticas y técnicas que otros países han usado para defender su piel:
1. Contraste de Tonos: La FIFA permite que dos equipos usen el mismo color si las tonalidades son drásticamente distintas (un verde bosque vs. una verde Petróleo Obscuro) y si los pantalones y medias ofrecen un contraste claro. ¿Se intentó proponer esto? No.
2. La Presión Política: En un partido donde se juega el cupo 48 al Mundial, una federación con peso exige respeto a su bandera. Aceptar el blanco sin chistar fue la salida más cómoda para quienes prefieren no incomodar a los comisarios de la FIFA.
El gol de Moisés Paniagua, ese grito sordo de un país, nos devolvió la fe por un instante, pero ver a nuestros guerreros con un uniforme que parecía un disfraz fue una herida que no cerraba. El hincha boliviano no implora, no grita, no llora por el "equipo de blanco"; lo hace por la Verde. Irak entendió que ese color era su escudo; nosotros lo entregamos en una reunión técnica porque nuestros líderes estaban más ocupados en su propia suficiencia que en los detalles que ganan mundiales.
Hoy Irak celebra con nuestra piel. La Verde está en el Mundial, pero Bolivia se quedó fuera por la soberbia de unos y la flojera de otros. Nos ganaron en el escritorio antes de ganarnos en la cancha. Fin de la historia.
Wilfredo Áñez Saavedra es administrador de empresas.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
