
a reciente crisis de calidad en los carburantes ha dejado de ser un debate de percepciones para convertirse en un expediente de responsabilidades compartidas. Tras nuestra primera advertencia técnica sobre los riesgos de la "limpieza por arrastre", los hechos han precipitado un escenario de renuncias en la ANH y admisiones de culpa en YPFB. Hoy, la pregunta no es si el combustible daña los motores, sino por qué se permitió que el patrimonio ciudadano fuera el filtro de una infraestructura contaminada.
1. Ciencia vs. narrativa
Frente a las voces que intentan catalogar el daño mecánico como un "mito" o una campaña de desprestigio —argumento central en una reciente columna de opinión—, surge la validación científica. El físico y experto energético Francesco Zaratti, cuya reputación técnica es referencia obligada en el sector, ha sido contundente: la "gasolina desestabilizada" es una realidad física derivada de la falta de mantenimiento mecánico en los tanques de almacenamiento de YPFB.
No existe "sabiduría" en una política de sustitución de importaciones que ignora las leyes de la química. Como bien señala Zaratti, el alcohol anhidro (etanol) es un solvente de alta eficiencia; introducirlo en sistemas con "producto residual" y sedimentos acumulados sin un saneamiento previo es, por definición, una negligencia logística, no un ahorro estratégico.
2. La confesión tácita del Estado
La prueba definitiva de que no estamos ante "rumores" es el comportamiento de la propia estatal petrolera. El hecho de que YPFB haya firmado actas de resarcimiento económico con el sector transporte en Santa Cruz constituye una confesión de parte. Si el producto cumpliera con los estándares de calidad, el Estado no estaría destinando fondos para reparar daños de vehículos por combustible.
La soberanía energética es un objetivo nacional que todos compartimos, pero esta no puede financiarse mediante la destrucción del capital de trabajo de los bolivianos. Trasladar el costo de la limpieza de los tanques troncales al sistema de inyección de los vehículos privados es una ineficiencia económica y una vulneración del derecho al consumidor.
3. Exigencias a la nueva gestión
Ante el cambio de mando en la ANH, la respuesta no puede ser el silencio administrativo. Si el Estado reconoce que sus nodos de distribución están contaminados, la solución inmediata debe ser física:
- Microfiltración obligatoria: Es imperativo emitir una normativa que obligue a las estaciones de servicio a instalar unidades de filtrado de alto flujo (2 a 5 micras). Esta es la única barrera real de protección para el usuario, mientras YPFB realiza el saneamiento mecánico profundo que debió hacerse hace meses.
- Transparencia de Datos: La confianza se recupera con datos de laboratorio, no con retórica. Exigimos la publicación periódica de niveles de turbidez y sedimentación por zona geográfica.
4. El destino de una política de Estado
En última instancia, lo que está en juego no es solo el funcionamiento de un inyector o la limpieza de un tanque, sino la viabilidad misma de la transición energética en Bolivia. Si el ciudadano asocia "soberanía" con "daño mecánico" y "etanol" con "taller", habremos fracasado en construir una cultura de biocombustibles sostenible.
La verdadera sabiduría, esa que tanto se pregona en columnas de opinión, radica en entender que no hay ahorro fiscal que justifique el empobrecimiento de la familia boliviana por falta de mantenimiento técnico.
Conclusión:
Bolivia tiene el potencial para ser un referente de energía soberana, pero esa meta solo se alcanza con la verdad técnica por delante. La nueva gestión de la ANH tiene hoy una oportunidad histórica: dejar de ser una oficina de justificaciones políticas para convertirse en el garante real de un combustible que impulse el país, en lugar de frenarlo. La ingeniería debe recuperar su lugar; de lo contrario, la "sabia decisión" de hoy será el costoso arrepentimiento de mañana.
Wilfredo Áñez Saavedra es administrador de empresas.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
