
s imposible reconocer a los presos políticos excarcelados en Cuba cuando salen de las prisiones. Sus cuerpos abandonan los recintos en un estado cadavérico, con la mirada desorientada y las secuelas de sufrir trabajos forzados, maltratos, hambre y hasta enfermedades. Su apariencia refleja, en gran medida, lo que sucedió en su momento con quienes fueron arrestados y torturados en Auschwitz, el campo de concentración donde los nazis llevaron a cabo incontables asesinatos durante la Segunda Guerra Mundial.
Las pésimas condiciones físicas con las que vuelven a sus hogares en la isla exponen el silencioso y oculto "proceso de exterminio" de la dictadura castrista en contra de opositores al comunismo detenidos, informó PanAm Post
El caso de Alexander Díaz, a quien la dictadura le selló su boleta de excarcelación el domingo 12 de abril, comprueba que la tiranía opera en el sistema penitenciario cubano. Del hombre de 40 años que entró y cumplió los cinco años de condena impuesta, tras participar en las manifestaciones masivas del 11 de julio de 2021, queda muy poco. En la cárcel perdió 55 kilogramos. Ni un gramo de grasa tiene en su complexión.
"Está destruido, está en los huesos. El mundo tiene que verlo", asegura Javier Larrondo, director de Prisoners Defenders a PanAm Post. En su opinión, Díaz es el retrato de una versión moderna de la persecución contra los judíos y las denominadas por los nazis como “razas inferiores", que propició el Holocausto hace ocho décadas. Su deterioro es el precio de la disidencia que ya cuatro relatoras de Naciones Unidas condenan en sus informes publicados hace dos semanas.
Es posible que los 1.200 presos políticos restantes estén en condiciones similares. A este grupo de víctimas del régimen castrista se suman 11.000 detenidos por desobediencia penal precriminal. Esta última es una categoría establecida por el régimen en el Código Penal que condena a dos años de cárcel a quienes desatienden las advertencias de la autoridad sin cometer delitos, ni siquiera en grado de tentativa.
La situación es grave. Larrondo enfatiza que Díaz tiene cáncer de tiroides en fase tres. Sin embargo, la dictadura de Miguel Díaz-Canel lo ignoró y hasta rechazó a la solicitud de una licencia extra penal, por ser «contrarrevolucionario».
Bajo ese argumento, el régimen lo responsabilizó de desconciertos, caos y desasosiego social en la ciudad. Lo condenó a cuatro años y cuatro meses de cárcel. Luego de privarlo de libertad, le redujeron su movilidad en el recinto, tras negarse a "cooperar" con la cúpula del régimen.
Bañarse o cocinar eran "privilegios" para él. La mayoría de los días no había agua y solo recibía una ración de alimentos al día. Su testimonio es dramático, las autoridades le negaron el acceso a los fármacos para tratar no solo el cáncer, sino también la anemia y hepatitis B que sufre. Todo el cerco le causó diarreas constantes e inflamación.
En los campamentos de presos políticos en Cuba hay jerarquías y roles. Díaz enfrentó el acoso de un policía identificado como "Teniente León" que se profundizó en los últimos dos años, luego de tatuarse "11 de Julio, abajo la tiranía". Las golpizas violentas eran diarias y la designación a trabajo forzado se volvió rutinaria.
En su historial acumula faenas en "el área 3", de la prisión Kilo 5 y medio de Pinar del Río. De ahí, lo derivaron al campamento "La Conchita", ubicado en la carretera central de la misma provincia. Estando allí se le impedía recibir donaciones de productos «fabricados en el imperialismo», pese a tratarse de insumos para aseo personal.
También lo asignaron al campamento "Sandino" conocido como "El 25", en el Pinar del Río, perteneciente a la prisión Augusto César Sandino, por negarse a realizar un llamado telefónico a su familia para avisar que «todo estaba bien».
En las tres prisiones enfrentó castigos sistemáticos como la venta de pan y alimentos destinados para los reos por parte de los guardias, que lo veían cada vez más hambriento, es parte del morbo en los establecimientos que operan con las mismas directrices de abuso que rigieron a las extintas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), creadas por el castrismo para el reclutamiento masivo de jóvenes desintegrados de sus organizaciones, con el fin de obligarlos a trabajar gratuitamente en granjas estatales. Ahora el blanco son los presos políticos en Cuba









