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ada año, el calendario nos regala fechas que trascienden lo cotidiano. Pesaj, Semana Santa y los distintos feriados religiosos no son simplemente días de descanso o tradiciones repetidas por costumbre. Son momentos cargados de oportunidades para detenernos, reflexionar y reconectar con nuestra fe, nuestros valores y nuestra identidad espiritual.

Pesaj, desde la tradición judía, recuerda la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. Es una historia de redención, de libertad y de esperanza. Semana Santa, por su parte, representa el sacrificio perfecto de nuestro Señor Jesucristo, quien entregó su vida por amor a la humanidad, ofreciendo salvación y reconciliación. Aunque provienen de tradiciones distintas, ambas fechas comparten un mensaje profundo: Dios actúa en la historia para liberar, redimir y dar esperanza a su pueblo.

En tiempos en los que la sociedad atraviesa incertidumbre, crisis de valores y una constante sensación de desorientación, estas fechas adquieren aún mayor relevancia. Son recordatorios de que la fe no es un concepto abstracto, sino una fuerza viva que da sentido a nuestras acciones.

Un pueblo creyente es un pueblo con identidad. Cuando una sociedad conserva sus valores espirituales, mantiene también su sentido de propósito. No se trata únicamente de religiosidad, sino de principios que sostienen el tejido social: amor al prójimo, justicia, misericordia, humildad y servicio.

El sacrificio de Jesucristo representa el acto supremo de amor y entrega. Su vida y su muerte no solo marcaron la historia espiritual de la humanidad, sino que también dejaron un ejemplo claro de liderazgo basado en el servicio. Celebrar Semana Santa no es solo recordar un acontecimiento histórico, sino asumir el compromiso de vivir esos valores en la vida diaria.

Asimismo, Pesaj nos recuerda que la libertad no solo es física, sino también espiritual. La verdadera liberación ocurre cuando las personas se alejan de todo aquello q las mantenía esclavas.

Hoy más que nunca, necesitamos volver a estas raíces, renovar nuestra fe pero con un ingrediente mayor; el agradecimiento. En medio de los desafíos sociales, económicos y culturales, estas fechas significativas nos acercan a nuestro creador. Que no pasen desapercibidas, que sean momentos para reflexionar, celebrar y fortalecer aquello que nos define como sociedad: la fe, los valores y la esperanza.

Marioly Chávez Arteaga es relacionista internacional, vicepresidenta de Colegio de Internacionalistas de Santa Cruz, docente universitaria y profesora de piano.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.