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ada proceso electoral tiene su propia dinámica, su propio clima y sus propios protagonistas. Sin embargo, hay elecciones que se sienten diferentes, que generan una percepción distinta en la ciudadanía. Esta, en particular, transmite algo que hace tiempo parecía ausente en la política: esperanza.

Se percibe la participación de personas probas, ciudadanos que aman su tierra y que, más allá de las diferencias ideológicas, parecen tener un objetivo común: trabajar por mejores días para Santa Cruz. Dejando atrás la época donde la política solía verse empañada por la confrontación, el descrédito o los intereses personales, encontrar perfiles que transmitan compromiso con su región resulta refrescante.

Después de tantos años marcados por tensiones políticas y debates estériles, el escenario actual sugiere que pueden abrirse tiempos de cambio. Y el cambio no necesariamente significa ruptura, sino evolución: la posibilidad de renovar liderazgos, esos nuevos liderazgos que se combinan con experiencia y al que se le agrega un ingrediente fundamental: el amor por Santa Cruz. Se busca también fortalecer la institucionalidad y volver a poner en el centro del debate las propuestas y no solo los discursos.

Otro aspecto que llama la atención es el nivel de las campañas, un marketing excepcional. Se observa un esfuerzo por presentar propuestas reales, por debatir ideas y por mantener un tono que prioriza la construcción antes que la descalificación. Esto no significa que los actores políticos sean perfectos, porque la perfección en política sería una utopía, pero sí demuestra que existen personas con experiencia, valores y una genuina voluntad de aportar al desarrollo de la región.

Tal vez lo más importante es la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, la balanza parece inclinarse hacia lo positivo. Sin necesidad de mencionar nombres, se percibe que los buenos perfiles superan a los malos, que el debate puede elevarse y que la política puede volver a ser vista como un instrumento de servicio y no únicamente de poder.

Santa Cruz siempre ha sido una tierra de trabajo, de iniciativa y de visión de futuro. Si estos valores logran reflejarse también en su liderazgo político, no solo estaremos frente a una elección diferente, sino ante una oportunidad para fortalecer la democracia regional y abrir el camino hacia un futuro más prometedor.

Porque, al final, cuando la política logra reconectar con el bien común, la esperanza vuelve a tener un lugar en la vida pública.

Marioly Chávez Arteaga es relacionista internacional, vicepresidenta de Colegio de Internacionalistas de Santa Cruz, docente universitaria y profesora de piano.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.