Imagen del autor
E

l 2 de abril de 2026 quedará marcado como el día del retorno de los vuelos tripulados a la Luna y formará parte de la historia espacial junto con el 4 de octubre de 1957 (Sputnik 1), 3 de noviembre de 1957 (Sputnik 2, con la perrita Laika a bordo), 12 de abril de 1961 (Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio), 16 de junio de 1963 (Valentina Tereshkova, primera mujer en el espacio), 18 de marzo de 1965 (Vosjod 2, primer paseo espacial a cargo de Alexei Leónov), 15 de diciembre de 1965 (Gemini 6 y Gemini 7, primer encuentro espacial entre dos naves en el espacio) y 21 de agosto de 1969 (Apolo 11, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, primeros hombres en pisar la Luna), entre muchas otras.

Un evento no mencionado en el párrafo anterior tuvo lugar entre el 21 y el 27 diciembre de 1968, cuando los astronautas Frank Borman, James Lovell y Fred Haise, a bordo de la nave Apolo 8, partieron de la Tierra, enfilaron hacia la Luna, la orbitaron diez veces durante 20 horas y regresaron a nuestra Casa Común. Resultó impresionante que tres seres humanos pasaran la Navidad tan lejos de sus hogares.

El de Apolo 8, fue el vuelo que hizo realidad dos novelas del visionario francés Julio Verne: “De la Tierra a la Luna”, publicada en 1865 y “Alrededor de la Luna” en 1870. En la época de dicho viaje, la prensa daba cuenta de las similitudes entre la imaginación del novelista y lo sucedido en la realidad, como por ejemplo el lugar de partida (Florida) y el número de tripulantes a bordo (tres). Lo cierto es que, aunque hasta el día de hoy ambas novelas son presentadas como “para niños”, su contenido es bastante complicado y aburrido, como lo comprobé personalmente, a diferencia de otros escritos de Verne que son realmente interesantes y divertidos.

En la década de los 60 del siglo pasado, el mundo vivía en medio de dos bloques de poder: el capitalista, liderado por Estados Unidos como “gran potencia”, una zona de equilibrio conformada por Europa Occidental y Japón, y una zona periférica de la que formaban parte países de América Latina, África y Asia; y el socialista, encabezado por la ex Unión Soviética, una zona de equilibrio conformada por los países de Europa Oriental y China (durante algún tiempo) y una zona periférica de la que formaban parte los partidos comunistas de los países de América Latina. África y Asia.

Era la época de la “guerra fría” que se instauró cuando Estados Unidos y la Unión Soviética arribaron a lo que Agustín Silva Michelena (“Política y Bloques de Poder”) denominó “superioridad recíproca”, que consistía en que, si una de las grandes potencias atacaba a la otra, ésta estaría en condiciones y posibilidades de responder a la agresora, destruyéndola y siendo destruida. Se produciría el temible “invierno nuclear”, con la casi segura desaparición del género humano de la faz de la Tierra. La guerra fría se juagaba en varias “canchas”: las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki fueron lanzadas para que Estados Unidos demostrara a la ex URSS su poderío atómico. Los campeonatos de básquet tenían a los equipos de ambos países como protagonistas de primer nivel. En 1972, el match entre Boris Spassky y Robert Fisher fue también expresión de este enfrentamiento. Diez años antes, el mundo estuvo a un paso del holocausto nuclear en ocasión de la crisis de los misiles de Cuba.

El 25 de mayo de 1961, ante una sesión conjunta del Congreso, el presidente John Kennedy solicitó fondos adicionales para hacer posible que los Estados Unidos llegaran a la Luna antes que la URSS. Y lo lograron.

Hoy el mundo es otro. La URSS dejó de existir en 1991 y asoma un mundo multipolar, pese a la tozudez del presidente Trump que insiste en “hacer grande nuevamente a América” y va de tropiezo en tropiezo, como lo demuestra su guerra en Irán. China es, hoy por hoy, el competidor de Estados Unidos, también en el ámbito espacial. Ya no existe en el horizonte el socialismo, como modo alternativo de construcción de la sociedad y el Estado.

La misión Artemis II no es ajena a los intereses económicos, políticos y geopolíticos de la gran potencia norteamericana. Se sabe que en la Luna hay recursos naturales importantes, como las tierras raras, helio, hierro, titanio y ¡agua! El retorno a la Luna es la antesala de la conquista de Marte, y este viaje permitirá descifrar misterios que aún persisten.

La Tierra, fotografiada desde Artemis II, luce más opaca que la fotografiada por los astronautas de las naves Apolo. Aunque la prensa se esmera en explicar las variables que se debe tomar en cuenta para no equivocarse al compararlas, no cabe duda que está enferma por la sobreexplotación que sufre. Los 93.000 millones de dólares que cuesta esta misión, podían destinarse a calmar el hambre en muchos lugares del mundo.

Sin perjuicio de ello, nadie le podrá quitar a los niños la ilusión y emoción con las que hoy siguen el vuelo de Artemis II. Fueron las que yo tuve a mis 12 años, en ocasión del vuelo de Apolo 8. Es la que tiene ahora Valerita, mi hermosa nieta, que estuvo en el Centro Espacial Kennedy dos semanas antes del viaje que inspiró esta columna. Ella me representó en ese lugar en el que nunca pude estar.

Carlos Derpic Salazar es abogado.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.