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V

i a mi profesor en la tribuna del estadio gritando desaforadamente e insultando al juez del cotejo. Hombre educado, pacífico, de palabra convincente y atento a la hora de saludar, lo vi transformado en esa ocasión en una persona de conducta agresiva, profiriendo insultos. Pareció haberse dado cuenta de mi presencia y desapareció del lugar. Utilizando palabras de aquellos días: “se me despintó”.

Años más tarde entendí que mi profesor había perdido aquel momento su identidad personal y fue absorbido por la masa que actuaba por él. Es que la tribuna es una válvula de escape de las frustraciones, el estrés y las presiones de la vida diaria, donde se produce una descarga emocional, que se canaliza a través del insulto.

Probablemente, ese episodio explica la conducta que asumen, en determinadas situaciones, personajes influyentes y quienes están obligados a proceder ejemplarmente tal vez llevados por la ira del momento; es que, en nuestra vida diaria profesional, no basta con obrar honestamente, también es necesario que cuidemos nuestros actos públicos y la imagen que transmitimos. De ahí viene aquel refrán “no solo se debe ser, sino también parecer”, que deriva de la famosa frase histórica “la mujer del César no solo debe ser honrada, sino también parecerlo”.

Al presidente Paz Pereira se le criticó porque su viaje a Estados Unidos y posterior estadía en Boca Ratón durante tres días, habría coincidido con su aniversario de matrimonio, su cumpleaños y con la visita a su suegro, quien reside en aquella ciudad ¿qué actividades en representación del país realizó en esa playa? le preguntaron.

Sin precisar ese punto, el presidente Paz respondió airado y se fue a otro tema. “Los aviones son un instrumento de trabajo. Nosotros utilizamos un instrumento de trabajo, para gestionar los diez mil millones de dólares que van a llegar a Bolivia; a diferencia del presidente Morales, porque yo no uso un avión para ir a Sudáfrica a ver un partido de fútbol… La elección de aeropuertos no pasa por mí, pasa por una decisión técnica”.

El viaje acompañado por su familia, la publicación de una separata, su prolongada ausencia del país, quedan en la nebulosa y como ocurrió en otros casos, Paz Pereira prefiere apostar al silencio, porque considera intrascendentes las acusaciones, aunque esa postura va en desmedro de su depauperada imagen.

En un periodo, donde el ciudadano común debe ajustar su presupuesto por el alza del diésel y el gradual incremento de los productos en el mercado, la pregonada austeridad propuesta por el Gobierno, solo la cumple el ciudadano, porque las autoridades no dan signos de compartir la medida; el viaje del presidente es una muestra de ello. Disminuir el gasto público es solo una promesa, los bonos, que llegan a los más golpeados, son un paliativo; en tanto, la clase media, pide un cambio de actitud del Ejecutivo.

Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.