
uego del Tratado de Paz y Amistad de 1904, que fijaba las fronteras entre nuestro país y Chile, este país nos entregó 300.000 libras esterlinas, en compensación por el territorio usurpado. Este tesoro lo guardamos celosamente en el Banco Central; pocos se preguntaban el destino de esa moneda, entonces la moneda mundial. Más o menos hacia 1954, tras las grandes medidas impuestas por el MNR, reflotó la pregunta y no se supo más. Probablemente se utilizó para pagar a los Barones del Estaño por la nacionalización, aunque algunos decía que se los llevó el entonces presidente Víctor Paz, a quien por muchos años se lo asoció a las libras esterlinas.
Pasó el cuarto de hora de las libras esterlinas y el dólar de Estados Unidos se convirtió en moneda mundial desde 1944. Al final de la Segunda Guerra Mundial se tomó esta medida, porque este país poseía las mayores reservas de oro del planeta.
Pasó mucha agua bajo el puente; ahora estamos en el umbral de un mundo económico completamente distinto, porque se está produciendo un cambio sísmico en los fundamentos económicos del mercado mundial que afectarán completamente el trabajo, los ahorros y el futuro.
Estados Unidos imprime dólares, que es aceptada como la moneda global del mundo. Todos los países necesitan dólares para comerciar, comprar petróleo y soportar los momentos de crisis, entre ellos nuestro país, que pronto recibirá 19 mil millones de esa moneda, es que todos los países aceptan esta moneda como medida de pago válida.
De pronto, China, el vecino más grande, el más exitoso económicamente, que aceptó el dólar como dinero durante décadas, decidió usar su propia moneda, comerciar directamente con los otros países sin pasar por el puente estadounidense. Otros países lo imitaron.
Estados Unidos pese a tener el 5% de la población mundial consume el 25% de los recursos del planeta, puede soportar millonarios deficit colosales, año tras año, imprimiendo más dólares o vendiendo la deuda a otros países. China estaba prestándole cantidades extraordinarias de dinero destinado a armamento militar; es que no tenía muchas alternativas y guardaba algo más de dos billones en el fondo estadounidense, de esta manera quedaba expuesto al poder financiero del gigante norteamericano, que podía congelar esos activos, como lo hizo con Rusia al inicio del conflicto bélico con Ucrania, reteniendo 300 mil millones de dólares.
De pronto surgió la idea de crear un sistema financiero propio, totalmente independiente del dólar; es así como nace el BRICS con cinco países: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica; pronto se sumaron otros seis, entre ellos Arabia Saudita, con la intención de crear otra moneda puente que no sea el dólar. Por el momento realizan entre ellos operaciones comerciales en rublos, yuanes y rupias.
En tanto, para proteger sus intereses, Estados Unidos les impone aranceles altos, por ejemplo a India, por comprar petróleo de Rusia; sin embargo estos países no se animan por el momento a crear una arquitectura financiera alternativa.
Hace dos semanas, estos países con economía respetable se reunieron en Nueva Delhi y propusieron la reforma de la gobernanza global, solución a los conflictos internacionales, la política energética, comercio y finanzas entre otros, pero no se habló de la nueva moneda fuerte.
Por el momento, para asegurar su economía la mayoría de los países decidió apelar a comprar oro (más o menos mil toneladas compradas el año pasado) y siguen comprando. En tanto, nosotros intentamos sacar este metal de contrabando (190 kilogramos). Más de uno dirá: ahora me explico...
Bolivia produce anualmente 50 toneladas de oro, aunque parece que la cifra es mayor, porque la explotación informal crece. Si el futuro económico no apunta al dólar ni al yen ni al euro, tal vez capturar ese oro para nuestras reservas sería una de las medidas aconsejables en este momento, porque el cambio económico mundial parece ineluctable.
Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
