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n el recinto del Trump National Doral de Miami, el presidente Rodrigo Paz Pereira se suma este sábado a una coalición regional que busca redefinir la seguridad del hemisferio occidental bajo la denominada “Doctrina Donroe”. Este encuentro no representa solo el fin de dos décadas de distanciamiento diplomático entre Bolivia y Estados Unidos, sino la integración formal del país en una estrategia de alistamiento y expansión que identifica socios de ideas afines para contener influencias externas y combatir el narcoterrorismo.

Parece, entonces, que presenciamos la ejecución de una inteligencia estratégica diseñada para que los adversarios geopolíticos se encuentren indefensos en esta zona de influencia inmediata.

En la década de los 70, la manipulación se gestaba en laboratorios cerrados bajo programas como MK-Ultra, utilizando métodos analógicos y coercitivos que la opinión pública apenas alcanzaba a vislumbrar. Hoy, la arquitectura de la influencia es digital, algorítmica y omnipresente. El uso de la ciencia de datos y el Big Data permite ahora crear perfiles psicográficos detallados de poblaciones enteras, transformando la percepción de los ciudadanos mediante mensajes personalizados que apelan directamente a la amígdala, el centro emocional del cerebro.

¿A qué voy con eso? La visibilidad de estas tácticas es un componente esencial de la Guerra de Cuarta Generación, mientras que hace medio siglo la propaganda se limitaba a medios masivos unidireccionales como la televisión o la prensa escrita, actualmente el ciberespacio funciona como un "cuarto de guerra virtual" donde se fabrican tendencias y se moviliza el sentimiento social en tiempo real. Herramientas como el neuromarketing político y el monitoreo sensorial permiten medir las reacciones inconscientes del electorado, ajustando la narrativa de amenazas, para generar estados de alerta que influyan en la decisión de apoyo a bloques militares o comerciales.

Entonces, el anuncio de la firma de la Carta Doral (según un funcionario de la Casa Blanca, Trump y cada delegación, suscribirán este documento sobre el derecho de los pueblos de nuestro hemisferio a trazar su propio destino libre de interferencias) es un ejemplo de cómo se enmarca el debate: se proclama la libertad frente a la interferencia extranjera, al tiempo que se consolida un "gobierno invisible" global que rige los destinos regionales mediante la gestión científica de las opiniones.

Para Bolivia, este realineamiento implica una transición hacia una máquina electoral y de poder más sofisticada, donde la política exterior se funde con la seguridad nacional de una potencia externa. La participación en el Shield of the Americas exige una reingeniería del mando político, sustituyendo la ideología tradicional por una conducta de inteligencia que prioriza la empresa privada y el orden militarizado. Sin embargo, esta integración en un bloque de seguridad teledirigido desde Washington genera una irreversibilidad estratégica que compromete la autonomía operativa del Estado frente a otros polos de poder mundial.

Al cerrar este nuevo capítulo de relaciones internacionales, los bolivianos debemos analizar críticamente el horizonte que se dibuja tras los compromisos de Miami: ¿Representa este nuevo "Escudo" una garantía de estabilidad y progreso para nuestra nación, o es Bolivia el laboratorio de una renovada guerra psicológica donde la soberanía se volvió el recurso más transparente y, por ende, el más vulnerable ante los ojos de la inteligencia global?

Miroslava Fernández Guevara es periodista y politóloga.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.