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sta vez este relato será muy personal, debido al momento dramático en el que se encuentra el mundo a causa del populismo extremista, sostenido por gobernantes ultraderechistas narcisistas y lunáticos.

Se cumplen 90 años, en este 2026, del fusilamiento de Federico García Lorca, poeta y dramaturgo universal; a decir de Ian Gibson, “uno de los seres humanos más artísticamente dotados de todos los tiempos”, único en la literatura española.

Casi un siglo después, Lorca sigue fascinando a escritores, académicos, periodistas, cineastas y jóvenes que regresan una y otra vez a su figura y a su obra, tratando de desentrañar los secretos de su duende. Creando poesía, obras de teatro y cine, como la emotiva película Bola Negra, que revindica el secreto de su vida homosexual y su humanismo. Lorca arde como una llamarada; es, indiscutiblemente, uno de los poetas más importantes en lengua española del siglo XX.

El proceso electoral de España está inmerso en un clima de intolerancia contra el adversario político; pues lo que veo es que la situación actual se parece enormemente a los meses previos a la Guerra Civil de 1936. Entonces, murió la más ilustrada generación de intelectuales, gente sencilla de aquella época que fue brutalmente asesinada por hordas ultraderechistas. Algunos de los que tuvieron algo de suerte lograron exiliarse en Europa y en América Latina.

El ambiente preelectoral en España está enrarecido. Nubes negras se ciernen sobre las cabezas, presagiando una incierta tormenta. La derecha y la extrema derecha, de connotaciones fascistas, tienen la posibilidad de llegar al poder el 29 de noviembre del presente año. Está en juego la democracia frente al autoritarismo de los partidos políticos PP/VOX.

Es insólito escuchar a la extrema derecha cerril, gritando en la calle al Presidente Pedro Sánchez: “hijo de puta”. Cómo echamos de menos esa España culta y dialogante, la que me ilusionó en mi época de estudiante universitario en Madrid (1977-1982). Eran parlamentarios brillantes quienes nos deleitaban con el uso de la palabra y su elegante oratoria. Hoy, el espectáculo de la derecha en el Congreso me produce asco.

Recordaré mi visita a Granada, fue un baño de vitalidad, amor y esperanza en la tierra del nacimiento de Federico García Lorca. Me sentí conmovido, seducido por todo lo que vi y escuché “sobre aquel entrañable ser tan cruelmente sacrificado por el odio y la ignorancia de quienes, en 1936, se sublevaron contra la Segunda República”. Así lo sostiene el hispanista, Ian Gibson, en la biografía que ha escrito: Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, donde desnuda los aspectos más íntimos y trascendentales de su vida, explicando el contexto histórico, su obra, su homosexualidad y sus amistades.

Se podría afirmar, y además con letras mayúsculas que Lorca es el poeta y dramaturgo nacional por excelencia. Él viajaba siempre con lo que denominaba su “duende”, quien nunca lo abandonaba. Hubo ocasiones en las que, “se excusó gentilmente ante sus anfitriones por no haber traído consigo a la Musa y al Ángel, los otros entes que suelen acompañar a los poetas”, Según Gibson: “y no los trajo por estimar que el Duende es mejor compañía, más íntima, más honda, ya que, si la Musa dicta, susurra y sopla, el Ángel guía y anuncia y derrama su gracia sobre el hombre”.

No obstante, son dos fuerzas procedentes del exterior; en cambio, el Duende lorquiano llega por dentro de la sangre y es más eficaz; porque es como una llamarada que asciende desde las plantas de los pies, a través de las venas y de la carne, quebrando todos los viejos moldes, derrumbando arquitectura del estilo escolar, haciendo vibrar al artista y al público.

Granada era una ciudad remota que yo había visitado solo una vez cuando estudiaba periodismo en la universidad Complutense de Madrid. La ciudad fortaleza de la civilización musulmana entera se derrumba con la conquista de los Reyes Católicos en 1492. Boabdil, fue el último rey nazarí de Granada y de la dinastía musulmana que gobernó la Alhambra. Después de la derrota se encuentra con su madre, triste, compungido, lloroso. Y la madre le dice imperativamente, “llora como mujer los que no supiste defender como hombre”.

Para mí, ha sido gratificante ver la casa de la familia Lorca; el escritorio austero del poeta, adornado con dibujos pintados por él y con otros cuadros regalados por sus amigos. En este solar precioso, donde la familia tenía su casa-finca veraniega, Lorca escribió gran parte de su obra literaria. Solía trabajar hasta seis meses seguidos.

Fue asombroso pasear por calles angostas y plazas cubiertas de terrazas, por el Albaicín, la zona más antigua de Granada, llena de pequeñas tiendas estéticamente adornadas y coloridas, atendidas por musulmanes. Yo era un turista más contemplando la intensa vida que fluye, a todas horas, entre la gente que viene y que va, escuchando a quienes conocieron a Lorca y a algunos otros investigadores que viajan cada año tras las huellas del poeta. ¡Una auténtica maravilla!

Al día siguiente, fuimos en autobús al Parque Federico García Lorca de Alfacar (Granada), en las afuera de la ciudad, donde fue asesinado García Lorca el 18 de agosto de 1936. En un muro se pueden leer varios fragmentos de su obra poética. Luego, caminamos cuesta arriba hasta llegar al Barranco de Viznar, un lugar rocoso, abierto, donde, en una fosa común, fueron “enterrados” los republicanos asesinados, donde también, y muy probablemente, se halle la fosa de Lorca, aunque aún no ha sido localizada. Se cree que está entre Alfacar y Viznar.

En el centro hay una plataforma grande y ancha, casi a flor de tierra, donde han construido rústicamente una cruz de piedra en el suelo. La gente deja flores, mensajes escritos y guirnaldas, además, celebran ceremonias religiosas cada año en la fecha de su fusilamiento.

La vuelta fue larga. Caminamos una hora y pico en busca del autobús en el centro de Alfacar. Preguntábamos a la gente y nos decían: “sigan recto unos 15 minutos”. No llegábamos a ninguna parte. La aventura se volvió inquietante, pero recompensada por un impresionante paisaje de muchos contrastes y connotaciones. En el universo de la vega verde granadina resuena el eco del embrujo que sienten los lectores e incondicionales de Lorca que visitan este alejado pueblo.

Fue un inmenso placer pasear entre la gente por sus calles empedradas; sentir el éxtasis sensorial del largo atardecer de octubre por los cálidos patios de la mística y mítica Alhambra. La brisa del mar y las olas que golpeaban las piedras, me produjeron una intensa sensación de plenitud.

Además, fue un privilegio estar en compañía de una experta en la obra de Federico García Lorca, quien nos ilustraba, de forma amena, anécdotas y datos históricos. Al cabo de más de treinta años, ha sido una de las mayores alegrías que me ha dado mi condición de periodista Free Lance. El viaje me ha permitido renovar mi mente y ampliar mis conocimientos sobre el inmenso poeta, el mundo, la diversidad y la historia.

Juan Burgos Barrero es periodista investigador.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.