
oy todos nos preguntamos si existe en Bolivia crisis económica o estructural, que ha impedido los objetivos de desarrollo del nuevo proyecto de gobierno. La ciudadanía sigue en espera del mejoramiento de vida para todos, y de la salida del estancamiento en que se encuentra el país.
Este artículo muestra la multiplicidad de factores que desde lo económico, lo social y lo político influyen negativamente en el desarrollo de la sociedad boliviana, a la vez que confirma cuán escabroso es dirigir a fondo un país de complejas y profundas redes ricas en recursos naturales, energéticos, mineros y agrícolas.
Tal vez no sea la crisis estructural el resultado de la inspiración ideológica de los que dirigen, como señala Felipe Caballero en su reciente artículo, "Crisis estructural de la patria", sino la incompetencia y falta de liderazgo de quienes dirigen.
Tampoco vale, por muy cierto que sea, echar la culpa a los gobiernos y sistemas anteriores. Culpar al pasado del presente no libera al gobierno y al Estado de la responsabilidad de resolver los problemas esenciales de la ciudadanía. Se trata de transformar el presente para satisfacer en el futuro las necesidades básicas de toda la población. Los elegidos fueron puestos allí para hacer una nueva y grande Bolivia, que, por cierto, no es solo Santa Cruz de la Sierra.
Las aspiraciones de la ciudadanía no se construyen con paños tibios, medias tintas, parches pegados, miedo y blandenguería, política consecuente con los intereses oligárquicos de grupos económicos. Hay que tomar los toros por los cuernos y plantearse reformas radicales dirigidas a los problemas esenciales de la población: alimentación, educación, salud pública, finanza, y economía, a groso modo. Que se estremezca la base económica y social de manera que la ciudadanía perciba los cambios y que todos reciban los beneficios, sin exclusión alguna.
La crisis estructural a la que se refiere Caballero se fortalece con las mismas acciones de gobiernos anteriores. Se ha estado haciendo lo mismo o algo parecido. El fin del proyecto de gobierno exige cambios radicales en todas las esferas de la vida boliviana. El gobierno tiene profundos retos y compromisos con la sociedad, pero cuenta con poco tiempo. Con urgencia se requieren enfoques y acciones de profundidad, líderes valientes, estratégico y creativos, capaces de revolucionar el país y ofrecer solución a las condiciones de vida del boliviano, a tono con las exigencias del desarrollo sostenible en el contexto internacional.
Se trata de desarrollar nuevas concepciones y acciones dirigidas a:
a) El desarrollo de las relaciones comerciales internacionales con poderosos países que ofrecen beneficio mutuo y no relación unilateral de explotación. Se trata de megaproyectos sociales que involucren multitudes bajo las banderas de la transparencia y la verdad, la solidaridad y el humanismo, la inclusión, la justicia y la paz.
b) La estimulación de la participación ciudadana en tareas y proyectos sociales y económicos con beneficios para todos. No se trata de ofrece paliativos y maquillajes a las condiciones de vida de la clase baja y media baja, indígenas y originarios, analfabetos, obreros y campesinos. Se trata del bien de todos porque sencillamente todos contamos como humanos por derecho propio.
c) Profundización en la concepción de "patria” dejando atrás sus restricciones de territorio y tierra; sintiendo la patria de todos con alcances mayores. Este concepto identitario va más allá del lugar físico donde vivimos, de lo material que nos sostiene, para adentrarse en lo profundamente humano, en los sentimientos del pueblo, rural y urbano, en lo económico y social, en el saber y el sentir, en la educación y la cultura. Lamentablemente, en nombre de la patria se cometen muchos errores deliberadamente. A veces en nombre de la patria se atenta contra ella, por eso, hay que definir bien qué es patria.
Caballero acertadamente revela la falta de corrección de la crisis estructural en el tiempo transcurrido por el actual gobierno, pero debía llegar a la esencia del asunto: la crisis económica, es el eje de la crisis estructural. Cuando la economía despierta y se adelanta a los tiempos pasados, entonces la estructura se acomoda a ella. Ambas, en armonía, arrastran el pueblo, lo integran socialmente y mejoran las condiciones de vida de todos.
Economía y estructura social han de andar de la mano, en armonía en la vida real y no solo en los discursos y enunciados, en la semántica y la teoría vacía. La patria no se sostiene con apariencias, hay que golpear las causas que originan la exclusión, la pobreza y la ceguera ciudadana. Se trata de acelerar los factores que sostienen la patria, como son la economía, la educación, la salud y la cultura, entre otros, sin que los árboles nos dejen ver el bosque.
Hoy en día se agudizan los tradicionales flagelos en la sociedad boliviana: la inflación y la corrupción, la violencia y la droga, el hambre y la miseria, el robo y la incompetencia, mientras tanto el poder ejecutivo del gobierno y el estado parecen estar perdidos, indiferentes, como si la sociedad estuviera fluyendo como el agua del río. Afortunadamente, Caballero se refiere a "La tranca estructural", la que parece invulnerable en tanto las reformas económicas débiles no funcionan para resolver las necesidades del pueblo
Efectivamente, como dice Caballero, el problema de la economía nacional se centra en la falta de financiamiento; sin embargo, las raíces hay que buscarlas en las causas que generan el fenómeno: disminución de producción de gas, inseguridad del litio, caída de la agricultura y la minería, e estancamiento de las relaciones internacionales y la falta de oportunidades para el emprendimiento y despegue de cada ciudadano. Se trata de emprender un plan de acciones urgentes desde lo económico, lo energético y lo cultural para toda la sociedad.
Asimismo, Caballero, critica la gestión del Plan Picoca y su carácter grotesco bajo el símbolo de la patria, a la vez que señala las consecuencias que este podría traer debido a la incertidumbre, la desconfianza y la innegable fuerza de la oposición. Alerta el autor del peligro a la rebelión cuando dice: "Si es que la patria andina se lo permite". Inteligentemente, declara la necesidad de no confundir los términos de progreso, desarrollo y crecimiento con patria, y bendecir ese grande: al pueblo, actor principal de la sociedad.
No se trata, como dice Caballero, de cumplir con el sistema democrático formal y nacional de la gestión política, sino de enfrentar los retos de la economía: "Y es la economía de la que depende todo lo demás", apunta. Con ella, junto a ella, se enfrentan todos los otros problemas.
Cualquier solución debe atravesar el país de lado a lado, con estudios objetivos de la realidad boliviana, con participación ciudadana, integración social y confianza en los que elegimos. No obstante, apresurémonos, porque el tiempo se acaba, y la gente no aguanta más.
Juan Burgos Barrero es periodista investigador.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
