
n el aniversario de la patria Rodrigo Paz Pereira recuperó su capacidad discursiva, planteó una agenda, señaló un rumbo y habló de plazos y acciones. El presidente asumió el desafío de construir la nueva Bolivia, cambiar el modelo estatista y centralista del masismo y recuperar el espíritu del Estado con autonomías. Es una cuestión de fondo.
Frente al deterioro de la economía y para enfrentar la difícil situación que afecta a la mayoría de las familias bolivianas, lanzó una provocación: mirar a Chile y Perú y preguntarnos por qué ellos exportan decenas de miles de millones de dólares, mientras Bolivia sigue exportando una pequeña fracción de lo que podría.
El presidente identificó que las soluciones pasan por replantear el desafío de construir institucionalidad. El proyecto político de esa nueva Bolivia demanda instituciones fuertes, con capacidad para dialogar, concertar y construir el futuro que ansiamos para nuestros hijos y nietos.
Instituciones fuertes permitirán combatir y liquidar la corrupción que asfixia todos los niveles del Estado. Nada se salvó; todo está penetrado y cooptado. Es un desafío de largo plazo.
Pero un discurso no cambia un país. Las decisiones sí.
Extrañé dos precisiones que el presidente no puede seguir esquivando.
Primera: diésel
No nos engañemos: el problema no se resuelve importando más diésel para seguir perdiendo dinero. El subsidio y la devaluación ocasionan una pérdida en la capacidad de compra, y cada litro vendido no asegura los recursos necesarios para su reposición.
Según expertos, entre la compra y la venta se pierde cerca al 30%. YPFB compra caro y vende barato. Si añadimos corrupción, ventanillas ocultas y contrabando, la situación se vuelve aún más insostenible.
Hay que abrir la importación de diésel. YPFB debe dejar de importar diésel. Competencia, reglas claras y mercado. Si el Estado no puede garantizar el abastecimiento, debe permitir que otros lo hagan.
Según expertos, entre el 60% y el 70% del diésel importado se destina a los productores agropecuarios y mineros. Estamos subsidiando a los poderosos, a los ricos, a los que pueden pagar un precio internacional. Es inconsistente e insostenible. No es ideológico ni son complejos, los subsidios son para aliviar asimetrías, una forma de ayudar a los más necesitados.
Existiendo la necesidad de un subsidio focalizado, para el transporte de pasajeros y carga, por ejemplo, quedará como un tratamiento menor y dentro de las atribuciones gubernamentales.
Abrir el mercado ya. Fijar un plazo. El presidente, en su mensaje, puso plazos. En este caso es vital establecer una fecha para que YPFB abandone el negocio. Intervenir YPFB para meter presos a los corruptos no resuelve el problema. Hay que meter presos a todos los bellacos, por supuesto que sí, pero primero hay que atacar el problema de raíz.
Seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes ya sabemos que no funciona.
Segunda: Evo Morales
Evo Morales, el conspirador eterno, fue protagonista de bloqueos que paralizaron el país durante 53 días, 22 víctimas fatales, enormes pérdidas económicas y sociales. Evo tiene dos mandamientos de aprehensión que no se ejecutan. La Policía detuvo y puso frente a la justicia a dirigentes sindicales que paralizaron el País, pero con el político Evo Morales son permisivos.
No es persecución. No es revancha. Es Estado de derecho.
Porque mientras un dirigente pueda paralizar el país, desafiar al Estado y después permanecer al margen de las consecuencias, el mensaje es devastador: en Bolivia, la ley puede ser negociada por quien tenga suficiente poder para desafiarla.
Presidente: usted acaba de plantearnos un nuevo horizonte, para lograrlo tiene que enfrentar los problemas que heredó y, también, a quienes pretenden impedir que Bolivia cambie.
El país no necesita solamente un presidente que anuncie el futuro. Necesita un presidente dispuesto a tomar las decisiones que permitan construirlo.
Ahora queremos ver el poder.
Jaime Navarro Tardío es político y exdiputado nacional.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
