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E

n nuestra modesta opinión, la tarea prioritaria y más urgente que tiene hoy el gobierno del presidente Rodrigo Paz es recuperar la confianza ciudadana. Los últimos meses han dejado una preocupante pérdida de respaldo. Una encuesta de Ipsos-CIESMORI, realizada entre el 19 y el 31 de agosto en las cuatro principales ciudades del eje central, registró apenas un 21% de aprobación y un 65% de desaprobación de la gestión presidencial.

Más allá de las diferencias entre encuestas y de sus respectivas metodologías, existe una señal que el Gobierno no debería ignorar: la confianza ciudadana se ha deteriorado significativamente.

Y esto es particularmente grave porque Bolivia enfrenta decisiones difíciles. La estabilización de la economía, la reducción del déficit, la solución del problema de los combustibles, la atracción de inversiones y la aprobación de leyes estructurales requieren algo más que buenas intenciones: necesitan credibilidad y confianza.

Ningún programa de ajuste, por necesario que sea, podrá sostenerse en el tiempo si una parte importante de la sociedad no cree en quienes tienen la responsabilidad de ejecutarlo.

Pero recuperar la confianza no significa buscar simplemente recuperar popularidad. Significa recuperar credibilidad. Y la credibilidad no se recupera con discursos. Se recupera con hechos y resultados.

El Gobierno debe reconocer con humildad los errores cometidos durante estos primeros diez meses, explicar con absoluta claridad qué se hará para corregirlos y demostrar que existe un rumbo definido.

También deberá revisar la conformación de su equipo de gobierno, incorporando capacidad, experiencia, solvencia técnica y, sobre todo, personas cuya conducta genere confianza en la ciudadanía.

La transparencia debe convertirse en una política de Estado. Frente a cualquier denuncia o cuestionamiento, la respuesta no puede ser el silencio, la justificación o la confrontación. La respuesta debe ser información, investigación y rendición de cuentas.

El país tampoco puede seguir gobernándose mediante la improvisación. Bolivia necesita saber qué se quiere hacer, cómo se lo hará, cuánto costará, en qué plazo y cómo podrá la ciudadanía verificar sus resultados.

No se trata solamente de cambiar ministros. Se trata de cambiar una forma de gobernar.

Algunos podrían pensar que, ante el deterioro de la confianza, las alternativas políticas pasan por una renuncia o una eventual revocatoria de mandato. Pero abrir hoy un escenario de esa naturaleza podría añadir una nueva dosis de incertidumbre política e institucional a una crisis económica y social ya suficientemente compleja.

La salida, por tanto, no debería ser profundizar la incertidumbre, sino corregir el rumbo y recuperar la confianza.

El presidente Paz todavía tiene una responsabilidad histórica: demostrar que puede transformar esta dura lección en un punto de inflexión. Para ello necesita escuchar más, explicar mejor, corregir a tiempo y rodearse de un equipo capaz de ejecutar las decisiones que el país necesita.

Bolivia no necesita un Gobierno que simplemente sobreviva a las encuestas. Necesita un Gobierno que recupere la autoridad moral y política para conducir al país en medio de la crisis.

La confianza ciudadana no se exige. Se conquista.

Y hoy, más que nunca, el Gobierno tiene quizás su última oportunidad de volver a conquistarla.

Fernando Crespo Lijeron es administrador de Empresas.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.