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ran parte del análisis político ha sido copado por el esfuerzo de esclarecer si la lucha interna del MAS es una parodia o realmente existen fracciones internas enfrentadas encarnizadamente.

No tomar en cuenta que la lucha por el poder no siempre se da con la oposición, sino en las entrañas mismas de una organización con la pretensión de ser unos y no otros los que conduzcan su proyecto o sus intereses, puede inducir a respuestas alejadas de la realidad.

No es extraño en la historia de los partidos o grupos de poder que las fricciones produjeron purgas con el fin de remover y hasta eliminar a personas peligrosas para el eventual líder o grupo en el poder, con sanciones desde la inhabilitación para ejercer algún cargo en el partido o en el gobierno, hasta el encarcelamiento, exilio e incluso la muerte de los purgados.

Desde las proscripciones en la antigua Grecia, los años del terror de Robespierre en la Revolución francesa hasta las feroces purgas del estalinismo y el fascismo o la noche de los cuchillos largos en el nacismo, hasta llegar a regímenes dictatoriales y democracias modernas que no estuvieron exentas de este procedimiento como la revolución cultural china de Mao Tse Tung o la implementación del macartismo en EEUU.

En Bolivia, solo bastará recordar la purga de militares y partidos políticos en la dictadura banzerista o las expulsiones y contra expulsiones en el Partido Comunista, el MNR, el MIR y muchos otros más.

Todas ellas tenían como fin eliminar o desplazar a personas y fracciones contrarias o resistentes a los poseedores del poder. El MAS está en una purga interna mutua no por razones ideológicas, sino más bien, producto de intereses personales de los contendientes en la pretensión de ser los titulares del copamiento y ejercicio del poder político, ella no puede ser resuelta democráticamente sino de acuerdo a lo que son, autoritarios, antidemocráticos y fascistoides.

A los grupos internacionales a los que pertenecen, esta lucha les incomoda, pero al final lo que les importa es que el proyecto autoritario pervivía sea quien sea el conductor. Hicieron esfuerzos por evitar la confrontación interna pero ahí quedó porque por encima de los contendientes está su estrategia continental.

El sello de estas pugnas es la forma desalmada y amoral con la que se enfrentan las fracciones, que a no dudarlo cuando sea necesario podrían aproximarse nuevamente si sus intereses convergen.

El MAS no es de izquierda ni de derecha, ni socialista ni liberal, es una organización corporativa neopopulista autoritaria fascistoide que se opone al desarrollo de la democracia y a la participación de los ciudadanos liquidando su libertad de pensamiento, imponiéndoles esquemas de racismo y castigándolos por su rebeldía.

Es interesante a la vez preocupante la afirmación de Adam Shaff que sostiene que en estos regímenes “…el sistema cataliza los rasgos negativos del hombre, cuando permite que se desarrollen sus desviaciones enfermizas” por lo que “Hay gente dispuesta a todo con tal de dominar a los demás y gente con inclinaciones sádicas que tratan de meterse en todos los aparatos de poder… para hacer sufrir a los otros”.

El masismo en su conjunto tiene estas particularidades y sus sectores no son diferentes entre ellos, por el contrario, su lucha interna refuerza su identidad frente a la sociedad que es la que finalmente está soportando las consecuencias de sus purgas.

La oposición tiene la obligación de agudizar esas contradicciones sin dejar de confrontarse al proyecto global masista que ha fracasado y es el autor de la feroz crisis por la que atraviesa Bolivia.

Tratar de elegir a una u otra fracción porque es menos dura o menos autoritaria es un error, todas son lo mismo y parte de un proyecto, entonces para la oposición el desafío es proponer un modelo alternativo al masismo.

Pretender el fin de uno de los grupos contendientes dejando pervivir al otro es prolongar la crisis criminal en la que hoy nos han metido, no es posible plantear ningún parche, es la hora de proponer una causa de periodo que una a la sociedad democrática en contra de la dictadura a la que no solo hay que derrotar electoralmente sino en todos los espacios de la política y por un largo periodo.

Ignorar estos datos de la realidad lleva a muchos opositores a concentrar sus esfuerzos en el ámbito exclusivamente electoral que es apenas una parte del complejo y amplio escenario político. Buscar candidatos mesiánicos que suponen que su sola elección será suficiente para resolver la crisis es la mejor manera de conceder espacios exclusivos a la dictadura en su despliegue.

El MAS pese a su desmoronamiento y su inevitable fin es todavía peligroso, darle oxigeno con percepciones inadecuadas prolonga su perversa agonía.

Germán Gutiérrez Gantier es abogado y político.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.