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olivia, en este mayo de 2026, ha dejado de ser una nación en pausa para convertirse en un escenario de colisión. El aire en las carreteras, viciado por el humo de los bloqueos, no es solo el síntoma de una protesta social; es la muerte anunciada de un modelo caduco que intenta descarrilar por la fuerza lo que la economía y la ley ya han dictado. No estamos ante una crisis de ideologías, sino ante un choque frontal entre la supervivencia del ciudadano que produce y la arrogancia de una cúpula sindical que se niega a soltar sus privilegios. En este contexto de asfixia logística, la tibieza del Estado no es prudencia; es una negligencia que raya en la traición al bienestar común.

La vigencia del Decreto Supremo 5503 ha sido el acierto más sólido de la actual administración. Al eliminar los cupos y la burocracia extorsionadora, el país ha logrado un superávit comercial histórico en apenas tres meses. Los datos son tercos: la liberación de exportaciones funciona y, actualmente, es el único escudo real contra la hiperinflación. Sin embargo, el acierto legal es estéril si el Gobierno no garantiza su ejecución en las carreteras De nada sirve un decreto de libertad si el Estado permite que un puñado de dirigentes asfixie las rutas por las que debe fluir esa riqueza. La autoridad debe ser una garantía operativa que proteja al transportista y al productor.

La crítica, sin embargo, debe ser igual de contundente: el Gobierno ha sido lento en “recuperar” nuestro tesoro de guerra. El oro. Mientras las reservas languidecen, nuestro valioso mineral sigue fugando por las fronteras ante una vigilancia que hasta ahora parece de papel. La reciente activación de sanciones penales por sedición económica y contrabando agravado es un paso en la dirección correcta, pero llega con el costo de meses de indecisión. El control de la comercialización aurífera debe ser total y centralizado. Quien comercializa oro por fuera del sistema estatal es un saboteador del valor de nuestra moneda.

Bajo la máscara de la "defensa del trabajador", la dirigencia sindical oculta una agenda de canibalismo político. Su verdadero beneficio es mantener las empresas estatales deficitarias, esos agujeros negros donde se quema el dinero público para pagar favores. El cierre de estas empresas es una deuda pendiente. Por ello, la profundización del modelo exige perfeccionar lo que ya se ha iniciado: completar la digitalización total del despacho aduanero para que el sistema "Tranca Cero" sea una realidad sin intervención humana, garantizar la devolución inmediata de impuestos a quien traiga divisas y declarar las rutas troncales como infraestructura crítica protegida.

El éxito de Bolivia reside en la valentía de su mayoría silenciosa para rechazar a los profesionales del conflicto. El dirigente que ordena bloquear es el mismo que teme la modernización, porque en la transparencia, el extorsionador pierde su empleo.

La ruta está marcada: profundizar el D.S. 5503, capturar la renta del oro y aplicar, en los hechos, la ley penal a quienes confunden la protesta con el sabotaje. O permitimos que la lógica del bloqueo decida nuestro futuro, o exigimos un Estado que proteja el derecho al trabajo. Bolivia se levanta hoy, o se pierde en el humo de las carreteras.

¡El Gobierno debe estar a la altura de la urgencia!

Wilfredo Áñez Saavedra es administrador de empresas.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.